domingo, 30 de mayo de 2010

El genocida Uribe y los "falsos positivos"

Hoy comienzan las elecciones de Colombia y termina por fín el gobierno de Álvaro Uribe y con él una de las etapas más oscuras de la historia de América Latina. El presidente saliente, aupado por Bush y Obama y apoyado por los gobiernos españoles y de la U.E ha gastado millones de dólares para exterminar a los que él denomina terroristas y a los que él denomina narcos. Un curioso mecanismo de proyección hace que este jefe de terroristas y narcotraficantes utilice esas excusas para justificar sus crímenes.
Sus paramilitares, financiados por las multinacionales, han dejado tras de sí un rastro de muerte, crueldad y destrucción que haría palidecer a las SS. Con todo, el último escándalo -mencionado apenas por la prensa capitalista- deja pálido cualquier guión de terror-ficción.
Hace unos años, Uribe decide entregar una prima a cada militar que "capturase" a un insurgente. El ejército se pone en marcha y empieza a presentar resultados espectaculares: a diario presentan a don Álvaro decenas de cadáveres. Uribe se emociona y llama a sus amos de EE.UU. para informarles de que todo va sobre ruedas. Pero llega un momento en que la avidez de dinero alcanza tal nivel que empieza a resultar absolutamente inverosímil -aparte de horrorosa- tanta acumulación de cadáveres de insurgentes. Se empieza a hablar de "falsos positivos"
Con este desafortunado nombre se conoce a los ciudadanos inocentes que fueron engañados con falsas ofertas de trabajo o simplemente sacados de sus casas a media noche y ejecutados para ser presentados como guerrilleros capturados. Los cadáveres se amontonan en fosas comunes mientras las familias buscan desesperadamente y en vano a sus parientes.
Estas familias se han agrupado para denunciar los casos -que no han sido siquiera admitidos a trámite por la fiscalía- mientras Uribe afirma que no permitirá que se juzgue a ninguno de sus "soldados" por estos hechos. Anmistía Internacional se ha hecho eco de estos sucesos aunque, una vez más, nos quedaremos en la denuncia sin ver sentados en el banquillo a Uribe y a sus sicarios, cuya actuación durante su mandato puede adjetivarse, sin exagerar un ápice, de genocida.
Es ya un lugar común repetirlo. Pero parece imprescindible seguir haciéndolo hasta que duela la boca. Las atrocidades de los nazis no terminaron en 1945. Hoy siguen más vivas que nunca y nuestros presidentes democráticos y con talante dan la mano y dan apoyo a los carniceros del siglo XXI.

2 comentarios:

Jose Luis Forneo dijo...

Uribe es uno de los personajes mas siniestros de la ya de por si llena de este tipo de personajes historia de America Latina. Lo cierto es que los norteamericanos le dirigen como a una marioneta, y Uribe sabe que le puede pasar como a Noriega en la vecina Panama. Es lo que tiene ser un capo narcotraficante, y haber sido aupado al poder por Washington: puedes hacer lo que te venga en gana contra tu pueblo porque el imperio siempre te protegera, pero sabes que si sacas los pies del tiesto el dossier de narco puede desenpolvarse y los marines pueden llevarte de viaje hacia alguna carcel del norte.

Dizdira Zalakain dijo...

Pues la verdad es que me haría gracia verle en esa tesitura. Un mafioso más de usar y tirar para el imperio.