viernes, 21 de mayo de 2010

El Tribunal Permanente de los Pueblos.

El siglo XX ha conocido el nacimiento de una curiosa institución: los Tribunales de Conciencia. Se trata de tribunales simbólicos pues carecen del elemento final que da sentido y efectividad a un juicio: la capacidad de hacer cumplir la sentencia. Los criminales juzgados y condenados nunca reciben castigo ni se les pone freno a sus crímenes, porque son o grandes capitalistas o vasallos suyos. Y los grandes capitalistas, como los señores feudales de otro tiempo, ponen y quitan jueces, mandan a la policía y al ejército y son los dueños de las cárceles.
El primero de esos tribunales fue el impulsado por Sartre y Russell y se creó ante la escandalosa impunidad del genocidio de EE.UU. en Vietnam -luego nos hemos acostumbrado a su modus operandi. Los declarados criminales en el Tribunal Sartre-Russell siguieron cometiendo crímenes y murieron felices, rodeados de honores y riquezas.
El fin de semana pasado se reunió en Madrid otro de estos tribunales. El Tribunal Permanente de los Pueblos, que juzga simbólicamente a 30 grupos de crimen organizado de origen europeo y que operan en Iberoamérica. Estos grupos criminales -que suelen recibir el nombre eufemístico de "empresas"- se dedican a enriquecerse asesinando y expoliando no ya a individuos concretos, sino a pueblos enteros. Este tribunal símbolico es lo único que tienen esos pueblos para clamar al cielo contra el genocidio al que están siendo sometidos.
Los grupos de crimen organizado llamados "empresas multinacionales" operan típicamente extorsionando, chantajeando o sobornando a los que administran el Estado, despojando así a éste de cualquier capacidad de salir en defensa de los pueblos a los que la empresa planea exterminar. Las legislaciones arancelaria, medioambiental y laboral o se modifican para favorecer a las multinacionales del crimen o simplemente se ignoran.
El estado español tiene el honor de ser la sede de algunos de estos grupos criminales organizados. Los medios de comunicación no nos hablan de ellos como de "terroristas", al contrario. Los telediarios son patrocinados por los logotipos de esas bandas. He aquí el listado de estos grupos criminales juzgados el fin de semana pasado en Madrid.

Agrenco
Aguas de Barcelona - Suez
Louis Dreyfus Commodities
Pescanova
Telefónica
UE/Empresas farmacéuticas
Syngenta
Banif - Santander; GDF-Suez
Hanes Brands Incorporated
Holcim
Stora Enso
Unión Fenosa (y otras empresas: Iberdrola, Gamesa, Preneal, Acciona, Gas Natural)
Continental
Goldcorp
Bayer
British Petroleum
Canal de Isabel II
Endesa - Enel
Impregilo
Nestlé
Perenco
Pluspetrol
Proactiva Medio Ambiente (Veolia)
Repsol YPF
Rio Blanco/Majaz Minería
Thyssen Krupp (TKCSA)

Hoy ya nadie puede esperar que se haga justicia, sencillamente porque son los grandes criminales los que controlan a los estados y a sus tres poderes mediante las multinacionales..
Como muestra del totalitarismo de la situación, diremos que los asistentes al juicio de Madrdi no tendrían más remedio que comprar los servicios de algunas de estas multinacionales, pues la mayoría operan en sectores clave en régimen de oligopolio o sencillamente monopolio. Por ejemplo ¿cómo usar el lavabo en Madrid sin el permiso de la empresa Canal de Isabel II?
En este mundo del crimen globalizado, uno ya no puede elegir lavarse las manos: hasta el agua está manchada de sangre.
Para el detalle de cada uno de los casos juzgados, podéis consultar el dossier de prensa.

2 comentarios:

Jose Luis Forneo dijo...

Estos tribunales de conciencia no podran tener nunca mas que un caracter simbolico, pues el poder y el control de la justicia lo tienen, precisamente, los que tienen o poca o ninguna conciencia, y su unico valor es ganar dinero a cualquier medio (y los unicos obstaculos que pueden tener es lo que les hace fingir tener algun tipo de sensibilidad humana).

Dizdira Zalakain dijo...

Esta es precisamente la pega de este tribunal, que yo entiendo bienintencionado. En los años 50 y 60, cuando se constituyó el tribunal Sartre-Russell, la sociedad estaba más receptiva a este tipo de cosas. Pero hoy apenas remueve conciencias, no ya la de los grandes capitalistas, que la perdieron hace mucho, sino la de la gente normal. Tenemos saturación de injusticias.