lunes, 24 de mayo de 2010

Comiendo fuera. Hoy: Urepel, en Donostia

El restaurante Urepel es uno de los clásicos de la ciudad. Se encuentra en el Paseo de Salamanca, a la orilla de la ría que forma el Urumea al desembocar en el Cantábrico. En la otra orilla, justo enfrente, se construyó en los años 20 el precioso Casino Gran Kursaal. En 1973 fue mandado derribar por un alcalde franquista y en los 90 un alcalde posfranquista aprobó la construcción de un pelotazo más del inefable Moneo, que quizá un día nos sorprenda deconstruyendo el Acueducto de Segovia para convertirlo en Aquapark de las Tres Culturas. El tristemente fallecido Javier Ortiz escribía magníficamente sobre el viejo Kursaal. En el link del artículo podéis además comparar los dos palacios, el antiguo y el nuevo y, así, contar con un argumento más a favor del pesimismo histórico.
Pero volvamos al restaurante Urepel que, por cierto, fue inaugurado pocos años después del derribo del Casino sobre el local que dejó el viejo hotel Biarritz. Se dice que en la barandilla de ese hotel, que puede verse ahora en el comedor de arriba, tocó Pablo Sarasate. Y, por cierto, durante la comida sonaron en efecto algunas piezas del celebre violinista navarro, tan admirado por Sherlock Holmes.
Vuelvo a dispersarme, perdón... El restaurante tiene dos plantas y está decorado de un modo que hoy resulta recargado, pero es una bendición que no renuncie a sus orígenes y que no se una a la tan manida decoración minimalista, que en pocos años ha pasado de ser el paraíso del gafapasta a la rutina del salón comedor de Ikea. A mí esta decoración de tapices, moqueta y vaso rojo para el agua me resulta entrañable y muy especial.
Las mesas están colocadas de modo muy talentoso para evitar molestias de otros comensales y además estético, para evitar la penosa sensación de salón de bodas y bautizos.
El servicio es amable y correcto. Se puede fumar y la música aunque bastante kitsch, al menos está bajita.

Y vamos a la comida que es lo principal. Hay que recordar que se trata de un lugar caro, así que mejor dejarlo para ocasiones muy especiales.
Urepel ofrece un menú de 50 euros, y uno vegetariano, aunque nosotros comimos de carta y apenas costó un poco más. El número de platos no es muy grande, pero todos tienen nombres atractivos.
Nada más sentarnos fuimos invitados a un cóctel a nuestro gusto y a un delicioso entrante: un volován de brandada de bacalao con pisto.
De primeros nos pedimos una crema de bogavante y unas alubias con oca. La crema poseía el color marrón característico de las sopas de pescado densas e iba decorada con una isleta central que me recordó a Cthulhu emergiendo de las aguas primigenias. La crema estaba aceptable y la isleta no sé si se supone que se debía comer, pero no era del todo comestible, ni siquiera el pimiento de Gernika que la coronaba. Las alubias eran de las blancas, muy tiernas y el aspecto era totalmente el de un potaje casero y el sabor la verdad es que también.
De segundos elegimos una merluza a la plancha que parecía ser de buena calidad y un cordero presentado de manera igualmente inquietante -de hecho, también parecía recordar a algún monstruo lovecraftiano, pero no sabría decir cuál. Una costilla rebozada de cordero -cuya escuálida lámina de carne estaba riquísima- estaba dispuesta como un arco sobre un prisma de magro de cordero con una costra churruscante francamente bueno y decorado con un penacho tribal de brocheta de pimientos de gernika muy similar al de la isleta del lago de bogavante. Vamos, un plato raro de aspecto pero riquísimo de paladar.

No tomamos postre por una mezcla de satisfacción -las raciones son generosas- y de temor al sablazo y nos conformamos con dos cafés, tan buenos como cabe esperar en un restaurante de Donosti.
La cuenta: 120 euros. Es un poco caro, y más para los tiempos que corren, pero dentro de los precios habituales en esta ciudad no es ni mucho menos un sablazo.
En definitiva, un lugar recomendable para comer bien y mantener una larga charla de sobremesa. También vale como una visita al pasado para hacerse una idea de cómo era la Bella Easo antes de la globalización, e incluso para hacerse una idea de cómo eran los dioses primigenios.

Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah´nagl fhtagn.

6 comentarios:

pcbcarp dijo...

Joer... Yo estuve una vez en Urepel, en el 83. Llegué a pie por el monte desde Fuenterrabía.

En cuanto al menú en sí... Yo es que siempre he sido más de Yogh Shothot. :)

Dizdira Zalakain dijo...

Tú es que vas de alternativo, claro... Pero que sepas que Cthulhu hasta se ha presentado a las elecciones de USA.
http://camelsnose.files.wordpress.com/2009/01/cthulhu-lesser-evil.png
Yog-Sothoth no creo que sea ni presidente de la AMPA.

bLuEs dijo...

Zappa también ha sido otro de los "ilustres" que se presentaron para ser presidente de los norteamericanos. Pero bueno,.... era la época en que se estaba muriendo. Ya decía que no tenía mucha confianza en que votasen a un candidato que se iba a morir en tan poco tiempo.

Saludos

Dizdira Zalakain dijo...

Desconocía ese devaneo de Zappa con la política. De todos modos, la dictadura del bipartidismo USA hace imposible que un candidato independiente pueda ganar las elecciones, ya sea Zappa o el mismísimo Cthulhu.

pcbcarp dijo...

Los que no votaron a Zappa no habían leído Al Azif: "...Que no está muerto Aquél que yace eternamente, pues con el transcurso de los eones, hasta la muerte puede morir."

Y, en cuanto a Yogh Sothoth... ¿no era asesor del FMI?

Dizdira Zalakain dijo...

En efecto, bajo el avatar de Rodrigo Rato. Siendo una criatura primigenia, fue toda una ironía colocarse ese apellido.