jueves, 20 de agosto de 2009

Tortilla de patatas con guindillas de Ibarra

Hoy voy a cocinar mi plato preferido: la tortilla de patatas con cebolla, acompañada de una deliciosa guarnición de guindillas de Ibarra frescas. Pero vamos por partes. Comenzaremos por la tortilla.

Ingredientes,
para 4 personas:
-7 patatas medianas/grandes,
-7 huevos,
-2 chalotas o cebolletas,
-Aceite de oliva,
-Sal,
-Mantequilla,
-Guindillas de Ibarra frescas.

Modo de elaboración:
Pelamos las patatas y las cortamos en monedas muy finas. Las salamos y las ponemos a freir en una sartén con aceite abundante, Debemos freirlas a fuego no demasiado alto para que no se tuesten. Se trata de que queden blandas para que puedan integrarse mejor en la masa de la tortilla.
Mientras se nos frien las patatas en otra sartén derretimos un trozo de mantequilla y pochamos la chalota muy picada y a fuego muy lento removiendo hasta que se forme una especie de pasta. De esta manera la tortilla tendrá el sabor y la jugosidad que le proporciona la cebolla con la ventaja de no encontrarnos trozos de la misma, cosa que a algunas personas les desagrada.
Una vez fritas las patatas, las escurrimos bien para que no quede nada de aceite. No hay nada peor que una tortilla aceitosa.
Esto lo podemos hacer utilizando una tapa plana que cubra la sartén menos por una rendija e inclinándola de forma que vaya cayendo el aceite. Otro modo, si este nos resulta complicado, es dejarlas un rato sobre un papel de cocina que lo absorba. Recordad que el aceite usado para freír patatas puede reutilizarse sin problema un par de veces más, cosa que no es posible si las freímos junto con la cebolla.
Una vez bien escurridas, llevamos las patatas a la sartén con la mantequilla y la chalota pochada todavía a fuego lento y las revolvemos para que se impregnen bien del sabor durante un minuto.
En un bol grande, batimos los siete huevos y echamos las patatas, mezclándolo todo bien con una cuchara. Lo dejamos reposar un minuto.
Ahora viene la parte crucial del asunto: cómo conseguir freír la tortilla sin que se nos desparrame por la encimera. Tranquilidad, especificaremos la operación en varios pasos para que no se produzcan accidentes imprevistos:
1. Ponemos la sartén untada de aceite a fuego muy lento y, cuando esté un poco caliente, vertemos el contenido del bol en la misma.
2. Lo mantenemos a fuego muy bajo, cuidando de que la mezcla esté bien repartida. Con una cuchara movemos un poco los bordes de la masa de vez en cuando hasta que comprobemos que la parte de abajo está ya hecha y se desliza sin problema.
3. Hora de darle la vuelta a la tortilla. Cubrimos la sartén con una tapa plana, agarrando el mango con la mano derecha y el asa de la tapa con la izquierda, en el caso de los diestros, naturalmente. La ponemos boca abajo para que la tortilla caiga sobre la tapa. Una vez allí, la dejamos deslizarse de nuevo sobre la sartén. Las primeras veces es recomendable hacerlo sobre un plato o sobre el fregadero o encimera inmaculadas para poder recoger los restos del naufragio, si éste se produjera. En cualquier caso, si tras varios fracasos concluímos que nos resulta imposible, existen sartenes dobles que se cierran herméticamente y hacen mucho más fácil la tarea.
4. Una vez vuelta la tortilla, la ponemos de nuevo en el fuego lento y la mantenemos hasta que notemos que el huevo ha cuajado también por el otro lado.

Esta delicia -no por conocida y tradicional menos deliciosa- se puede tomar acompañada de guindillas de Ibarra frescas. Se trata de una especie de pimientos verdes muy pequeños que se cultivan en Gipuzkoa y se toman o en conserva de vinagre o, como en este caso, fritos y espolvoreados de sal. Debido a la escasez de su producción, imagino que resultará complicado conseguirlas fuera de Euskadi, pero os aseguro que vale la pena. Tampoco pueden conseguirse fuera de su temporada, que es el verano. Constituyen una variedad regional de pimientos tiernos y sabrosos, pero rara vez picantes, que solo pueden darse con unas condiciones climatológicas y geográficas determinadas: poca altitud, temperaturas suaves y abundante pluviosidad.
Poned un poco de aceite en una sartén y cuando esté bastante caliente añadid las guindillas. Ponedles una tapa -¡cuidado, porque a veces el aceite salta un poco! Dadles la vuelta para que se doren por ambos lados. Cuando empiecen a adquirir tonos tostados, las retiráis y las colocáis sobre papel de cocina y las espolvoreáis de sal. Comedlas pronto, que calientes están más ricas.
On egin!