sábado, 24 de octubre de 2009

¿Qué es noticia?

No es demasiado original la idea de que la censura informativa pervive en nuestras "democracias" occidentales con mayor salud que nunca. La inciativa "Project Censored" lo pone en evidencia cada año ante la soñolienta pasividad de los que nos atrevemos a denominarnos "ciudadanos." Lejos del modelo de algunas dictaduras que despliegan un sistema censor compacto y explícito, la censura democrática acude a subterfugios, aunque poco sofisticados. De las formas en las que actúa la censura en esta sociedad nominalmente no censora es de lo que quiero hablar. No considero aquí como censura a la más o menos legítima línea editorial de un medio concreto.

1. La uniformidad.
Ahora que las grandes corporaciones se han adueñado del mercado nos encontramos muy lejos del ideal consumista que el capitalismo nos prometía: podemos elegir, por ejemplo, entre decenas de yogures, pero en realidad todos ellos están fabricados por dos o tres multinacionales. Del mismo modo, existe un reducido puñado de Agencias de noticias que responden todas al mismo ámbito ideológico capitalista y controladas por dos o tres corporaciones. Esto origina que dichas agencias, que son quienes realmente crean las noticias, difundan exclusivamente las que deben ser destacadas, las que deben ser repetidas hasta la sacidad y, finalmente, las que deben pasar desapercibidas o incluso no nombrarse.
Un ejemplo claro de esto es la absoluta unanimidad que existe en el planteamiento de la invasión y genocidio del pueblo de Afganistán. En ningún medio se cuestiona esta invasión ni se ofrece el punto de vista de los talibán, o de los ciudadanos afganos.

2. Noticia-pantalla.
Con esto me refiero a la difusión masiva de una noticia irrelevante para ocultar o relegar informaciones que sí serían trascendentales para los ciudadanos. Se pretende con ello distraerlos de los problemas que tienen una incidencia real en sus vidas. Las tertulias y los artículos de opinión, crean hilos paralelos de reflexión baldía o pòlémicas artificiales que en nada pretenden cambiar el curso real de las cosas.
Este tipo de censura se ejerce de dos maneras:
a.) Elevando a "problema de estado" una noticia local u otorgando a una situación que permanece invariable en el tiempo categoría de primicia. Claros ejemplos de esto serían la corrupción en el Ayuntamiento de Marbella y la existencia de ETA. En el primer caso, se dota a la corrupción de una ciudad de repercusiones nacionales cuando en realidad existen infinidad de casos similares. Así, de paso, se da apariencia de que la justicia realmente funciona y de que la corrupción es perseguida y castigada. En el segundo caso, tenemos que nunca desde los últimos diez años ETA ha protagonizado tantas portadas sensacionalistas, ha monopolizado tantas tertulias, ha suscitado tanta alarma, conmoción y condena. Pero paradójicamente es en estos diez últimos años cuando ETA presenta una actividad de más baja intensidad.
b.) Noticias consuetudinarias. Con este oxímoron me refiero a esos reportajes de temporada que, irremisiblemente, año tras año, van ocupando mayor espacio informativo y que dan cobertura a lo obvio, a lo perfectamente previsible. Nieva en invierno, comienza el curso escolar en Septiembre, la operación salida, los agraciados por la Lotería de Navidad, etc, etc.

3. Noticias basura.
Este tipo de censura consiste en cambiar el objetivo de informar al espectador por el de deformarlo. Yo la subdividiría en otros dos tipos:
a.) Noticias "del corazón". De un tiempo a esta parte, la prensa rosa no se limita ya a copar espacios cada vez más amplios de la prensa generalista sino que ha pasado a formar parte del noticiario en sí. Podemos, de este modo, ver en los telediarios bodas, funerales o disputas de los "famosos" junto a la información de la guerra del Congo. Este paso no es nada irrelevante, ya que los modelos éticos imperantes en este tipo de prensa, amoralidad, intrascendencia y chabacanería son ascendidos a un formato de prensa seria, haciéndoles abandoner el ghetto del cotilleo de mesa camilla en el que antes permanecían. De paso, al mezclar la tragedia real con el sainete pornográfico se trivializan de modo tan posmoderno como inhumano las crueldades, las masacres y las hambrunas que pasan a ser presentadas con la misma sonrisa y el mismo formato.
b.) Los sucesos llegan a ocupar en un telediario medio hasta dos tercios del tiempo de emisión: apuñalamientos, violaciones, accidentes, catástrofes naturales o simples trifulcas de discoteca consiguen minar la empatía hacia el sufrimiento, el horror a la violencia y, lo que es más importante, crear un estado de miedo e inseguridad que justifique la represión subsiguiente de la libertad en pro de la seguridad ciudadana.

4. Aculturización.
Nuestro espejo son los Estados Unidos de América y existimos en tanto que nos reflejamos en él. Sucedidos locales de algún miserable villorrio del glorioso país, irrelevantes y siempre con ese polvo, esa caspa, esa grasa que es la pátina de casi todo lo que nos llega desde allá, se cuelan en masa por los informativos y lo hacen en todas las cadenas siguiendo así el principio de la uniformidad al que aludíamos en primer lugar. Su interés se hace patente en el telespectador medio nada más comprobar que el policía real que aparece en esas imágenes viste el mismo uniforme y conduce el mismo vehículo que en las películas que ha visto antes y verá después del informativo. Es más que habitual observar cuatro o cinco veces en un solo día "la espectacular persecución que la policía de Los Angeles llevó a cabo durante más de media hora a un hombre de color que se había saltado un ceda el paso".

5. Publicidad.
No me refiero con esto a que secciones concretas del informativo, como los deportes, la bolsa o lo que sea, sean patrocinados por un producto, cosa que hace solo unos años nos habría escandalizado. A lo que aludo es a la publicidad directa de discos, libros o películas en un noticiario como si de una noticia se tratase. La información cultural se transmuta, de esta manera, en un publirreportaje que predispone nuestra elección. El caso reciente más escandaloso lo constituye para mí la publlicidad absolutamente abrumadora de la película Ágora de Amenábar.

6. Mentira y tergiversación.
Concluyo esta lista -que, sin duda, podría ser interminable- con la mentira pura y dura, de la que se suele echar mano cuando no existe otra alternativa más cómoda. Esta mentira se presenta en un amplio espectro cualitativo y puede consistir en la invención de noticias y su divulgación infinita, llevando a la práctica el lema de que la mentira repetida mil veces se torna verdad. O el de "calumnia que algo queda". La mentira absoluta y clara, no la exageración, o la omisión, o la descontextualización, sino la mentira pura, es quizá el caso menos abundante por lo trabajoso de la invención completa del embuste y el riesgo, aunque escaso, de que se note demasiado el fraude. No obstante, no deja de usarse en casos "graves" como por ejemplo los "terroríficos" gobiernos de Irán y Venezuela o la vida y costumbres de los abertzales.
Pero lo más habitual, por no decir lo cotidiano, es la media verdad o la descontextualización de hechos y dichos. Ejemplo claro de lo primero son las masacres de civiles afganos en la presente guerra en la que nuestros soldaditos españoles están colaborando: no se explica cuántos están siendo asesinados, se los hace pasar por combatientes y se hace creer que los atentados multitudinarios contra civiles son obra de los talibanes que, en su fanatismo irracional, llegan a matar a los suyos.
Otro ejemplo muy actual de la descontextualización de los hechos es el caso de los denominados por la prensa capitalista "piratas somalíes".


En suma, éstas y otras técnicas de censura que sufrimos hoy ocurren porque, en contra de lo que se repite hasta la saciedad, el mundo capitalista no permite la libertad de expresión, y el libre mercado tampoco funciona en el mundo de los medios de comunicación. En los tiempos de las viejas dictaduras, de la Inquisición, las voces disidentes eran silenciadas. En los nuestros, tan poco proclives al silencio, se prefiere la técnica de sumergirlas bajo un estruendo tan horripilante de banalidad y maldad que resulta imposible escucharlas.
Hoy las octavillas llamando a la revolución se mezclarían por las aceras indistinguibles con los anuncios de tarotistas, los de compradores de oro y las ofertas de tresillos por liquidación.


3 comentarios:

bLuEs dijo...

Está muy interesante y divertida esta entrada. Nunca entendí por qué los deportes entraban dentro de las "noticias" y desde ahí comencé a comprender que lo que se presenta como noticia tiene en realidad un motivo bastardo. Lo que no se me había ocurrido es clasificarlas, y en realidad se hace necesario. A ti te ha quedado muy bien. En princio no se me ocurre ninguna división mejor.

Saludos

Dizdira Zalakain dijo...

Gracias. La verdad es que esta última semana he estado viendo los telediarios de la noche y me he quedado alucinada. Los de las cadenas privadas se llevan la palma. Al final, optas por informarte en páginas concretas de internet o periódicos concretos y te pierdes la realidad de la información que se recibe habitualmente. Para mí es un escándalo. Saludos.

bLuEs dijo...

Para mí también.