miércoles, 28 de octubre de 2009

Comiendo fuera: Hoy, Mugaritz.

Mugaritz está considerado como uno de los diez o doce mejores restaurantes del mundo y creo que posee dos estrellas en la Guía Michelín. Es uno de esos sitios que, dado su elevadísimo precio, yo no habría visitado nunca por propia iniciativa. Por eso me gustaría agradecer a mis amigos J. y J. su generosísima invitación a comer en este lugar. Soy consciente de que se han dejado casi el sueldo de un mileurista y ello con la mejor de las intenciones. Esto podría haber atemperado un poco mi crítica, pero lo que ha ocurrido es lo contrario: pues no se trata de que yo me haya sentido estafada: he sentido que se ha estafado a mis amigos y que el afán de lucro y la picaresca han ensombrecido una tarde que podría y tenía que haber sido un grato recuerdo. El joven restaurador Andoni Luis Aduriz, ha sido el supremo responsable de esta mezcla de payasada e insulto a la inteligencia en la que ha convertido su -nuestra- comida en su restaurante Mugaritz.

Llegamos al lugar en torno a las 14 horas de un domingo gris y cálido de Octubre. Tras el obligado paseo por lo que él llama huerta y que no dejan de ser unos parterres con algunos hierbajos, entramos en el espacioso comedor de mesas amplias y redondas cubiertas de manteles blancos. Son mesas bien separadas unas de otras lo que, en principio, resulta prometedor a la hora de entablar una conversación agradable. Por desgracia, la nuestra parece destinada para 8 comensales y nosotros, que somos 5, nos vemos obligados a elevar el tono de voz o mantener conversaciones paralelas.
Bueno, pero esto ¿no es una nimiedad cuando se trata de comer en uno de los diez mejores sitios del mundo?

Comienzan los aperitivos. Un enjambre de camareros vestidos de clergyman zumba alrededor. Alguien debería explicarle al Superior de la Compañía, Padre Aduriz, la diferencia entre la solicitud amable y el coñazo. Por increíble que le parezca, la gente tiene cosas de que hablar y no necesita animación sociocultural. Nos traen una patata cocida del tamaño y la forma exactos de las que venden ya cocidas en botes de cristal, rebozada en arcilla blanca. Afortunadamente, podíamos mojarla en un alioli insipido, bastante peor que el que preparo yo en mi casa o el del bar de la esquina.
Después llegan unas quisquillas raquíticas, de las que se suelen tirar por que son todo piel y patas. Pero el padre Aduriz, tan concienciado con los que pasan hambre, cree que estos alimentos no hay por qué tirarlos y nos sirve media docena de quisquillas por cabeza. La animadora sociocultural nos explica que deben comerse enteras, sin pelarlas y sin quitar la cabeza y las patas. Es algo lógico, porque las quisquillas, lo que es carne, no tenían. Emulando a Don Pablos en la casa de Maese Cabra, intentamos que nuestro esófago tragase con agua aquel pequeño enjambre de patitas y placas queratinosas que, junto con la cáscara de arcilla de la patata nos proporcionó nuestra dosis de calcio diaria.
Una vez acabados los entrantes, propios del Paleolítico Inferior, me siento algo desconcertada mientras leemos la carta, pero concedo el beneficio de la duda. Es una lástima que la haya olvidado en la inmensa mesa pero puedo decir que solo unos expertos miniaturistas podrían haber escrito el larguísimo y estúpido nombre de los platos en los pequeños bocados en los que dichos platos consistían. Un pintxo a su lado parecería un bocadillo de albañil.
Estamos en estas cuando nos invitan a visitar la cocina. a mí no me interesa particularmente ver una cocina, pero mis amigos se ponen en pie y me siento algo obligada, así que les sigo. Lo de la animación sociocultural se lo toman en serio aquí. La famosa cocina es bastante reducida teniendo en cuenta la cantidad de gente que hay, digamos, "trabajando". El chef intenta hacernos ver, mediante explicaciones en las que se mezclan la tecnofilia enfermiza con la filosofía de libro de autoayuda, la tecnochorrada con el lugar común, que nos encontramos en un laboratorio que dejaría en mantillas a la NASA y con una organización laboral perfecta cual reloj suizo. Es como si 20 enanitos o duendecillos anduviesen haciendo magia, empleados en una multitud de extrañas tareas en nada semejantes a lo que alguien denominaría cocinar. Me gustaría reproducir aquí la cantidad de bobadas que nos soltó el padre Aduriz en ese tono campechano con el que los genios saben dirigirse a nosotros, la plebe, pero tengo que confesar que desconecté a los "150" segundos y me dediqué a observar a los duendecillos trabajadores vestidos more jesuitico. Lo de los 150 segundos, tiene su coña, ya lo veréis.
La mayoría de la veintena de empleados que se afanaban en aquella cocina, no más grande que un salón estándar, eran extranjeros y se dedicaban a hacer cosas aparentemente absurdas como pasar una especie de lector de código de barras -¿o era un medidor Geiger?- a una lechuga o frotar un trapito a un plato. Mientras, su jefe explicaba algo sobre las temperaturas, con un didáctico ejemplo basado en los diferentes grados de tensión del abductor del pulgar según con cuál de los otros cuatro dedos de la mano nos lo toquemos -el abductor, quiero decir. Muchos pensarán que soy una ignorante, que no me gusta aprender con parábolas así de hermosas, pero, tras algún tiempo, me apeteció enseñarle al conferenciante el uso del músculo flexor de mi dedo índice.
Volvemos a la mesa, henchidos de sabiduría, y también preguntándonos dónde se cocinaría realmente. Yo bastante deprimida y pensando que lo peor ya había pasado. Pero no hay que dejarse llevar por las primeras impresiones o, al menos, eso se dice. aunque con estas raciones tan pequeñas es que solo hay para eso: una primera impresión.
La larga carta contenía algunas alusiones a ingredientes porcinos que, por mis creencias religiosas, no puedo comer. Como el camarero nos pide que si deseamos algún cambio lo advirtamos, así lo hago. Les indico que no puedo comer cerdo. Aun así me encuentro con un secreto Ibérico. Es disculpable que, al ser secreto, les haya pasado desapercibido. Tanto que esa miriada de camareros no ha sido capaz de darse cuenta. Bueno, no pasa nada. Me cambian el plato por una especie de agua aceitosa y amarga con dos bolitas de no se qué. Asqueroso.
Llega después una kokotxa caramelizada con miel. Esto no está mal, pero es del tamaño de un ravioli. Mis compañeros comentan que el vino está muy bien; algo es algo. Afortunadamente el vino lo fabrican fuera.
Ahora viene el pulpo. Ni pensar en una deliciosa tabla de pulpo a feira o con pimentón. Eso sería una vulgaridad. Son 4 despojos ínfimos con sabor a pescado podrido. En este momento comienzo a agradecer que las raciones sean tan exíguas ya que justo tienes tiempo de probarlas para comprobar que son una porquería y ya se han acabado. Aquí es imposible eso del camarero preguntando "¿No le ha gustado?" Pues probarlo y acabarse el plato es todo uno.
Es el momento del denominado carpaccio vegetal. Una cosita dulzona, del tamaño de un iPod Nano, pero de textura parecida a un pimiento pocho y con frutos secos picaditos. La gran sorpresa es que esa cosa es sandía. Ah, vale. ¡Qué mago, este Aduriz!
Por fín el rodaballo. Bueno, es un decir, un tenedor de rodaballo. Pero una vez más me alegro porque está casi crudo y no sabe a nada. El sushi a su lado parecería bacalao ajoarriero.
Y, finalmente, otro bocadito, esta vez de pato. Esto, por lo menos es pato, aunque en el chino al que acudo habitualmente lo hacen infinitamente mejor. Como me dan pena los patos, me alegro por ellos: no creo que tengan que matar muchos al mes, dadas las raciones.
Parece que este suplicio se acaba: llega el postre. Una ciruela deshuesada y al horno, con una selección de fragmentos de quesos que, a pesar de la explicación farragosa de la camarera, son de calidad mediana. Eso sí, con la pamplina revestida de sofisticación de colocar las cortezas junto a los quesos para que los identifiquemos. Claro, es normal. ¿Quién no diferencia un queso por su corteza?
Y luego una torrija del tamaño de medio Kit Kat, bastante dulzona.

Pasamos a tomar los cafés al jardincito porque dentro no se puede fumar y varios de los comensales somos fumadores de puro. Es el mejor momento, solos y sin la omnipresencia de los camareros. No he comentado que, a pesar de la legión de camareros y de la racionalización del trabajo de la que ha dado sobradas explicaciones el responsable del lugar, ha transcurrido un tiempo inexplicablemente largo entre plato y plato, por lo que ya son las 6 de la tarde. Pedimos una copa y se nos advierte de que cierran a las 18:30. Qué bien.
Mi reflexión en este momento es que la clase y el lujo no consisten en que te atosiguen con continuas preguntas y datos no solicitados sobre los platos sino en que, teniendo en cuenta el pastón que has pagado, te dejen por lo menos un margen mayor para estar tranquilamente en la terraza tomando una copa y hablando de algo que no sea el proceso de licuefacción-torrefactación de la espina de sardina. Se confunde la amabilidad con el acoso y se olvida que la elegancia va de la mano de la sencillez y no de la petulancia. También se olvida que tomar por idiota, por paleto o por panoli a tu cliente a la larga, puede ser negativo.
En definitiva, un fiasco, pero un fiasco carísimo. qué razón tenía Santi Santamaría. En mi opinión este sitio es un restaurante para nuevos ricos snobs que no tienen ni idea de cocina ni criterio propio de ningún tipo y que se sienten importantes porque pagan un pastón y les llenan contínuamente la copa de vino.
Al llegar a casa me aguardaba otra "nueva" experiencia gastronómica: gracias a la nouvelle cuisine se puede estar muerta de hambre y, a la vez, sufrir de terribles ardores con recuerdos de sabor a pescado podrido.
Mientras siga habiendo gente tontaina, habrá también cocineros -o lo que sean- como Aduriz dispuestos a forrarse a nuestra costa.
P.D: Se nos entregó un par de sobrecitos (ver foto) con sendas tarjetitas, fruto, imagino, de lo que el cocinero en su limitación considera filosofía zen o algo así. Las transcribo:

Sobre 1:
"150 minutos... sométeme."
Tarjeta 1:
"150 minutos para sentir, imaginar, rememorar, descubrir.
150 minutos para la contemplación."


Sobre 2:
"150 minutos... rebélate."

Tarjeta 2:
"150 minutos para incomodarte, alterarte, impacientarte. 150 minutos para padecer."

Me quedo sin palabras.

23 comentarios:

bLuEs dijo...

En bastantes lugares "caros" parecen pensar primero en el precio y después en cómo justificarlo. Luego, como no saben qué hacer, se dedican a ofrecer cosas ridículas.

Muy gracioso lo de la lechuga.

Saludos

Anónimo dijo...

Dizdira,
Siento profundamente leer tu crónica. Creo que es cruel, incierta e injusta. En Mugaritz se trabaja con la intención de hacer pasar un buen rato a la gente que -libremente- decide acudir. Se suele decir que -allá dondo uno va- hay, lo que uno quiere que haya. En tu caso se podría aplicar la sentencia de Eráclito: "Tu caracter es tu destino". Es triste observar como tus palabras no reflejan felicidad, si no amargura, desapasionamiento y rencor. Que te mire un profesional. ¡De verdad!

bLuEs dijo...

Anónimo.

Si has leído la entrada podrás ver que es extensa y detallada. Da explicaciones y motivos de por qué dice lo que dice. Podrá estar más o menos acertada pero al menos se explica. En tu caso es que ni siquiera das una razón. Únicamente te limitas a decir que la gente de Mugaritz es "bienintencionada" y que Dizdira es poco menos que una desquiciada. Lo que traducido es algo así como: "Yo soy guay" y los que están contra mí son "basura". Por cierto, un esquema no muy lejano al que usaban los nazis.

Lo que parece bastante evidente es que tu comentario tiene mucho odio y, como tal, busca simplemente degradar a la autora para oponerse a su discurso. Ya que quieres comentar podrías probar a explicar lo de las raciones o algo por el estilo.

Además hay frases que has dicho que son tristísimas. Te voy a citar alguna y a decir abiertamente lo que pretendes expresar de forma encubierta con ese tono:

- "Que te mire un profesional": Esto es poco menos que decir que tiene una patología sin aducir ninguna razón. Es decir, como si finamente llamamos loca a una persona porque nos sale de las narices y sin que exista motivo.

- El "¡De verdad!" final lo haces para presentarte como lo que no has demostrado, como una buena persona. Pretendes hacerte pasar por desinteresado y de nobles intenciones. Interesado ya se ve que lo estás y las buenas intenciones hacia los demás no se ven por ningún lado. Lo que se ve es mucho odio ciego.

Yo no he estado en ese ese sitio pero visto que en un juicio por lo menos se escuchan a las dos partes creo que no queda margen de duda.

¡Ah!, y ya que hablas de profesionales si estuviese en tu lugar me buscaba para empezar uno de gramática. ¡De verdad!

Anónimo dijo...

Blues, Acompaña a Dizdira a la consulta.

bLuEs dijo...

No esperaba otra respuesta de ti. A mí me divierte, no hay problema.

También estoy pensando si dar más difusión a la crónica que está aquí puesta. Seguro que hay más gente interesada en el tema. Puedes seguir probando a tentarme.

Anónimo dijo...

Ya sabemos quien es la psicóloga de Dizdira!!!

A los sitios hay que ir para disfrutar y sino mejor quedarse en casa, porque para padecer bastante tenemos con el día a día.

Para mi, cuando uno va a un restaurante, ya sea de pintxos o a un gastronómico, hay que ir coscientes de lo que se va a buscar y de lo que vamos a encontrar. Y desde luego Dizdira ya visitó Mugaritz convencida de que no le iba a seducir.

Lo siento por ella.

bLuEs dijo...

Ok. Te lo has ganado.

1- Visto el discurso que llevas no creo que sepas ni el lugar en que tienes la mano derecha.

2- Teniendo en cuenta que os estáis mandando mensajes internos por vuestra web, como lo prueban las llegadas aquí desde http://www.mugaritz.com:2095/horde/imp/message.php?index=2149, imagino que esta crónica ha causado bastante expectación.

3- Para saber los ecos de esta entrada seguid consultando google. Quién avisa no traiciona.

Bye

Anónimo dijo...

De verdad lamento que la hayas pasado tan mal en tan increible lugar... creo que es justo aconsejarte que para la siguiente vez que vayas a cualquier sitio a comer o no, lo hagas buscando disfrutar e incluso mas!... sentir placer por ejemplo...
Estoy segura que a esa gente de Mugaritz lo que les mueve es hacer sentir bien a las personas. si no fuese asi simplemente no serian lo que se considera uno de los mejores restaurantes del mundo.
Por cierto en el mundo creo que existe ya suficiente gente que recalca lo mal que funciona todo y me atrevo a decir que con muchas con malas intenciones, pocas al contrario. de que bando te consideras?
Disculpen mis faltas de escritura. mi teclado sencillamente no funciona en este apartado de comentarios.
Saludos.
Curiosito

Dizdira Zalakain dijo...

Para Blues: como siempre, Gracias por tus comentarios.

Para el (los) anónimo(s): ya que no os identificáis, os responderé en bloque. También, y a juzgar por los indicios, supondré que alguno de vosotros -si no todos- pertenecéis a Mugaritz. Si no es así, simplemente, no os déis por aludidos
Aunque no lo creáis acudí a Mugaritz con bastante expectación, sin ningún prejuicio y con mucha ilusión. A un sitio de la fama de Mugaritz no creo que quepa ir de otro modo.
Pero como consumidora me siento en el derecho a que mis opiniones y mis críticas puedan ser conocidas por otra gente, especialmente cuando esas críticas no responden a ningún interés espurio: a mí no me pagan por escribir estos comentarios.
Por otro lado, responder a una crítica gastronómica -con la que se puede o no estar de acuerdo- con insultos sobre enfermedades me parece tan poco afortunado éticamente como intelectualmente endeble. Quizá sea la marca de la casa.

Maria C dijo...

Hola Dizdira,al parecer tenemos en comun algo mas que opiniones,mi area de trabajo es justamente la gastronomia he gerenciado varios restaurantes y la verdad lo que cuentas no me sorprende mucho,el tema de la "Nouvelle Cousine" es realmente como decias para snobs o gente sin criterio propio que necesita ese tipo de lugares para demostrar que "entiende"...sabe Dios que,las porciones ridiculas,la falta de sabor son cosas mas que normales al final uno sale sin entender porque habiendo ido a comer acaba con un hambre terrible y con la sensacion de haber estado en un curso de teatro.En cuanto a los comentaristas anonimos evidentemente saben poco de gastronomia pero mucho de "interes" pero el de sus bolsillos.Saludos

AJotAtxe dijo...

De todo esto se induce la siguiente ley, expresable en el lenguaje de las matemáticas:
"El precio de un plato de comida es directamente proporcional al cuadrado de la distancia entre la comida y el borde del plato"

Dizdira Zalakain dijo...

Para María C:
Vaya, qué casualidad. Me alegro de que también compartamos este interés. Ya veo que sabes muy bien de lo que hablas. Gracias por tu comentario y saludos.

Para ajotatxe:
Qué bueno. Podemos bautizar a esta ley como la ley Mugaritz y proponer que se enseñe en las escuelas de hostelería. De todos modos, habría que reformularla: los fragmentos de comida no solían estar ni mucho menos en el centro de los platos, sino en algún punto del cuadrante superior izquierdo.

También quería insistir en que a mi juicio el mayor problema de Mugaritz no es el tamaño de las raciones, sino su calidad.

Saludos.

Luis dijo...

A mí tampoco me apasiona la Nouvelle Cousine pero es injustificable insultar de esa manera a la gente que lo disfruta (gente tontaina, nuevos ricos que no tienen criterio propio). La forma de la crítica deslegitima el fondo.

Los blogs de internet cada vez se parecen más a la telebasura, si no pones el ventilador en marcha nadie te hace caso. La crítica tiene que estar plagada de comentarios graciosetes tipo Torrente para que alguién lo lea. Esto no es una crítica culinaria.

P.D.

Chinita, chinita, ¿cómo me va a gustar esto, si es corteza con mermelada?

Dizdira Zalakain dijo...

Para Luis: No creo que al sarcasmo se le pueda denominar como humor de Torrente. Mi intención tampoco ha sido activar ningún ventilador, sino emplear mi derecho como consumidora a opinar sobre lo que considero un producto altamente insatisfactorio. Gracias a los blogs podemos tener una vía para protestar y un medio alternativo a la publicidad PAGADA que aparece camuflada de crítica especializada en los grandes medios. Eso sí que me parece propio de Torrente: el compadreo y el chanchullo a cambio de no sé qué prebendas. Te aseguro que podría haber sido mucho más hiriente y me he moderado, precisamente por educación. Lo que he aprendido con esta crítica es que la "alta cocina" es tan intocable como cualquier otra institución que ha adquirido poder y/o dinero. Quizá lo que moleste es que te digan en la cara algo que todos piensan pero callan, porque quedarían de ignorantes o porque se han gastado un dineral en la comida. Es lo mismo que el cuento del Traje nuevo del Emperador.
Si esta crítica, igual de mordaz o más, hubiese sido dirigida contra un humilde restaurante de barrio, nadie se habría escandalizado.
Saludos.

Gari dijo...

No voy a entrar a comenar tu entrada, porque cada uno sabrá lo que le gusta o le apasiona y lo que no; pero si yo fuera uno de esos "cantidad de gente hay, DIGAMOS, trabajando" despues de las 14 horas que me he metido en el curro te corPIIIIIIIIIIIIIIIjones

Luis dijo...

Lo dice alguién que no come cerdo por religión. Si fuese una religión peregrina que prohibe las cebollas confitadas nadrie se habría escandalizado.*


*Ejemplo de cómo se puede ser hiriente de forma fácil y sin aportar nada. Aplícate el cuento.

Dizdira Zalakain dijo...

Para Gari: No tengo nada en contra de los trabajadores. al contrario. De momento, si trabajasen 14 horas al día sería ilegal.

Para Luis: Si no te aporta nada mi crítica no la leas y punto. No creo haber sido hiriente contigo, luego no comprendo a qué viene que tú intentes herirme a mí. Salvo que tú trabajes o tengas algo que ver con el restaurante. En ese caso, te insisto en que comprendas que los clientes tienen derecho a expresar sus quejas.
Por cierto, qué argumentación más torpe la tuya, querido...

Luis dijo...

Veo que estás bastante desorientada, criticas mi argumentación pero no eres consciente de todas las incongruencias de tus comentarios.
Dices que no quieres herir pero tu reseña está llenos de insultos.
Dices que estás en contra de los dogmatismos pero te sientes herida si me refiero a uno de ellos.
Dices que si halgo no te aporta nada no lo hagas y punto, pero tu vas a un restaurante de Nouvelle Cousine y luego te dedicas a despotricar en general sobre la banalidad de estos sitios.

Y no es cierto que la crítica no no me aporta nada, ya te he dicho que la Nouvelle Cousine a mi no me dice gran cosa y por ello estaba interesado en leer una crítica a este restaurante. Pero me parece que lo echas a perder con comentarios sobre "nuevos ricos" y "sine nobilitates" que son propios de una burguesía recalcitrante que ve lo diferente como algo peligrosos para la tradición y lo establecido.

No trabajo en el Mugaritz, tal vez me siento más cercano esos amigos tuyos que te invitaron, que tenían ilusión por probar algo nuevo y que se encuentran con que su querida amiga les agradece la invitación llamándoles tontainas.

Dizdira Zalakain dijo...

Hola, Luis:
La verdad es que podríamos estar dialogando hasta la eternidad. De todas formas, no acabo de entender el problema. A mí no me ha gustado el Mugaritz, a ti sí; pues vale, tú puedes seguir visitándolo cuando quieras. No intento convencerte de lo contrario. tampoco tú vas a convencerme a mí, así que no tiene demasiado sentido prolongar este juego dialéctico. Como comprenderás, en mi blog escribo lo que creo conveniente, de la misma manera que podrías hacerlo tú en el tuyo. Por otra parte, existe en internet una práctica unanimidad en las loas hacia Mugaritz, así que no creo que un disentimiento suponga tanto alboroto.
Me gustaría tan solo aclararte que no llamo tontainas a mis amigos a los que, como indico en la crítica, les estoy muy agradecida porque sin su invitación no habría tenido el dudoso privilegio de "disfrutar" de la alta cocina; Ellos han sido los primeros decepcionados. Y, aunque me llames demagoga, que sé que lo harás, sigue pareciéndome inmoral pagar 150 euros por varias bolitas de sabor incierto tirando a lo desagradable -para mi gusto, of course- mientras la gente se muere de hambre. Esto me parece un reflejo de un mal mayor: una decadencia de ciertos valores que a mí me parecen básicos en una sociedad..
PD: Me ha gustado tu crítica sobre el libro de Robe Iniesta y me he reído mucho con tu chiste de su cena en Mugaritz, que puede tener muchas interpretaciones. En cualquier caso, en efecto, no me extrañaría que algún día se sentara allí a probar el menú degustación.
Saludos.

fiorella dijo...

Llegué a tu blog buscando en google sobre Mugaritz.
Vi en la tele una entrevista a Aduriz donde hablaba de sus conceptos y también mostraban la elaboración de su carta, el lugar,etc....
El tema de la comida daría para mucho. Creo que lo de la nouvelle couisine y sus derivados tiene mucho que ver con nuevas técnicas, control de costos y apuntar más que nada a un público llamado gourmet o especializado que hace de la degustación un leit motiv a la hora de elegir donde ir. Se apunta más a la calidad que a la cantidad, tanto en lo que se come, como en los posibles degustadores, por lo tanto el precio siempre será más alto de lo habitual. Son propuestas que o se toman o se dejan, no son discutibles como tales para mí. En lo personal,tuve el gusto de estar en el País Vasco durante dos meses. Conocí, por fuera claro, estos restaurantes.Preferí, no tanto por el tema costo, comer lo típico digamos, lo otro sería una experiencia diferente que en lo personal nada tiene que ver con el sentarse a comer,sería como ir a un espectáculo o algo así y quizás, si es que voy por esos lares nuevamente lo haga.Un beso

Dizdira Zalakain dijo...

Hola, Fiorella. Muchas gracias por tu comentario. No critico tanto la cantidad de las raciones, ni el nuevo concepto de cocina, sino la calidad. De hecho, he estado en lugares de parecida tendencia y precio, como Zuberoa o Arzak y he comido muy bien. Pero coincido en que, al final, es una cuestión de gustos. Espero que vuelvas aquí y que lo pruebes por ti misma, a ver qué opinas.
Un beso.

fiorella dijo...

Sigo por acá. Bueno, durante un tiempo largo trabajé en la cocina de varios restaurantes, algunos de ellos de "nombre", ninguno del estilo Mugaritz,Bulli,etc...aún no hay sitios así acá. Pero sí lugares que en lo previo daban la idea de calidad. La calidad vista por un comensal por lo general pasa por lo bien presentado del plato, el servicio y la atención. Otros ya han escrito y mucho sobre lo que sucede en una cocina, pero tendría para escribir una enciclopedia,jajajajaja. Por eso prefiero comer la materia prima despojada de todo artificio, en lo posible sin condimentos invasores que termine sin saber exactamente que estaba comiendo.
Ahora, si además, por calidad hablamos de productos exclusivos, con sellos de origen,etc...eso es como todo, según cada quién. Un vino, que acá hay y muy buenos, podrá tener muchos premios, pero si al paladar no me gusta, no, lo mismo un queso. El gusto, en cuanto a sumar todos los sentidos, es muy personal. Muchas personas conjugan, frente a un plato de comida, otras sensaciones e inclusive he llegado a oir: la comida me cayó mal....pero que bien lo pasamos,no?. Les gustó el local, la bebida, etc....la comida? espantosa y vuelven a ir.
Sin duda que en Mugaritz hay un celo riguroso respecto a mantener la calidad de la materia prima. Eso quiere decir, materia prima fresca, higiene y cadena de frío que se respeta. Todo lo de más ya es parte de ese valor agregado que puede tener y podrá gustar o no. Un beso

Anónimo dijo...

Dizdira, dices que el tamaño de las raciones no es el mayor problema de Mugaritz... yo estuve hace unos años en una boda y salimos con hambre... y eso me parece muuuuy triste.
A mi me gustó mucho la comida en general (exceptuando el entrante, que era paté con láminas de manzana y cebolla cruda... que la verdad, me resultó incomible...). A pesar de la legión de camareros que teníamos alrededor, ninguno se acercaba a llenar las copas, y el albariño estaba en una cubitera a un metro de la mesa..., entre plato y plato pasaba un siglo, no nos sirvieron ni tarta nupcial ni cava para brindar por los novios.........!!!!!!!!!!!!
A mi padre no le gustaba casi nada de lo que sacaron (ya sé que algunos dirán que problema suyo... pero si vas a una boda...que menos que te puedan sacar siquiera un solomillito con patatas o lo que sea...). Bueno, que el hombre terminó comiéndose las naranjas que estaban de adorno como centro de mesa (jajajaj, y tuvo suerte porque en otros centros había berenjenas!!!!)... y después de salir de allí, mis padres se fueron a casa y se comieron una sopa de ajo.......... y el resto de la boda que siguió la marcha.... fue a comerse una hamburguesa guarra en una furgoneta callejera de esas..... (ahora algún exquisito dirá que somos unos zampabollos y que los sitios como el Mugaritz no están hechos para salvajes como nosotros... pero qué le vamos a hacer...yo al menos, cuando voy a un restaurante resulta que tengo la costumbre de ir a comer.......).
En fin, que a Aduriz por mi le pueden hacer rey de reyes de la cocina que a mi no me va a volver a ver por su restaurante....
Saludos.