domingo, 26 de julio de 2009

Novartis y el Dr. Mengele

Es un hecho conocido por todos que el sector de la industria farmacéutica genera más ingresos que el tráfico de armas. Este emporio no se limita a la producción de medicamentos, se extiende también a la industria agroquímica , a la biotecnología y a la producción alimentaria. Para ello, las farmacéuticas controlan todo el proceso de producción, pasando por la posesión de la patente de las plantas hasta la planificación del tiempo de salida al mercado del producto ultimado.
A pesar de la cantidad de ingresos obtenidos, las multinacionales de la salud se encuentran en un momento de crisis, según sus planes previstos, debido a la irrupción de los medicamentos genéricos. Los países pertenecientes a la Asociación Mundial de Comercio están obligados a esperar 20 años -duración de la vigencia de las patentes- para producir genéricos, que contienen los mismos principios químicos , pero que cuestan hasta la milésima parte. Aquí es donde la mafia farmacéutica ha encontrado su primer escollo al tener que enfrentarse a grandes productores de genéricos como China, Brasil o India. Todavía está en nuestra memoria el juicio que Novartis emprendió contra el gobierno indio por esta cuestión. Novartis sabía perfectamente que iba a perder dicho juicio, pero no tuvo ningún inconveniente en gastar ingentes cantidades de dinero pagando a los bufetes más prestigiosos con el único objetivo de rentabilizar sobradamente dicho gasto retrasando la aparición de los genéricos. Todos conocemos la "rapidez" con la que funciona la justicia y, mientras transcurren los meses y meses que puede durar un proceso judicial, siguen arañando beneficios.
Sin embargo, no es ésta la práctica más vergonzosa que llevan a cabo las compañías farmacéuticas. Está probado -y se están abriendo procesos penales en esta dirección- que diversas compañías han llevado a cabo experimentos en países como India y Nigeria para testar sus medicamentos con resultado de muertes, malformaciones y padecimiento de enfermedades crónicas por parte de las cobayas humanas que, naturalmente, no estaban informadas al respecto. Cómo es posible que una persona se preste a ingerir medicamentos de forma tan inocente es algo que queda explicado si la empresa en cuestión te vende el asunto ofreciéndote, según ellos, atención sanitaria gratuita. Si es algo que puede ocurrir -y ha ocurrido- también en Occidente, imaginemos cuánto más fácil resulta convertir el tercer mundo en un enorme laboratorio de estos nuevos Mengeles que, en vez de esvástica, visten traje de ejecutivo.
Otro recurso utilizado por estos asesinos impunes consiste en la invención de enfermedades: asuntos cotidianos y normales o bien problemas cuya raíz está en situaciones sociales injustas como la vuelta al trabajo, la pérdida del empleo, la menopausia o la tristeza por la muerte de un ser querido se han transformado de repente en enfermedades individuales que, claro está, se curan tomando sus medicamentos. Depresiones, transtornos de ansiedad o lo que se les ocurra deben ser ahora tratados con antidepresivos y ansiolíticos, de forma que situaciones que tendrían que ser superadas con medios naturales o sociales deben ser camufladas con la ayuda del médico de cabecera. Así, estos narcotraficantes de alto nivel hacen que nos convirtamos en drogodependientes, eso sí, legales y amparados por su clientela gubernamental y judicial. La misma TV que prohíbe anuncios de alcohol y tabaco, nos bombardea con productos farmaceúticos infinitamente más letales
Seguro que muchos hemos asistido impotentes y resignados a que se nos cuele en una consulta médica de la sanidad pública y privada un tipo trajeado con el maletín de los sobornos y la sonrisa estúpida del correveidile del capo. Está también comprobado que la industria farmacéutica, mediante estos tipos denominados eufemísticamente como "visitadores médicos", soborna casi sistemáticamente para que receten sus productos y lo triste es que lo hacen con un viaje a Port Aventura o una videocámara. La mayoría de nuestros médicos venden su juramento hipocrático y nuestra salud por regalitos de Teletienda.
La avaricia capitalista no conoce fronteras. Las últimas noticias informan de la participación de laboratorios farmacéuticos en el golpe de estado de Honduras, a raíz de la decisión adoptada por el Presidente Zelaya de integrarse en el ALBA y producir, en la línea de Cuba y Venezuela, medicamentos genéricos que puedan llegar a toda la población.
Resulta también curioso que la vacuna para la gripe A estuviese ya preparada dos meses antes de la aparición de los primeros casos en Méjico.
Esta situación no deja resquicio a las pequeñas empresas farmacéuticas, ya que unas pocas multinacionales controlan todo el proceso productivo,.Resulta curioso cómo los defensores a ultranza del capitalismo defienden también sus monopolios que atentan directamente contra su mandamiento sacrosanto: el libre mercado. Otra contradicción del capitalismo que parece no ser vista por los que se llaman "liberales". Sus libertades ya ni siquiera se limitan a las del mercado. La libertad de esos liberales es la del genocidio y la destrucción impunes. Nuestros gobiernos, perjudicados directamente por semejantes rapiñas en la salud y la economía de sus ciudadanos no solo no ponen freno a la situación sino que legislan para fomentarla, Claro que cómo van a enfrentarse con las empresas que subvencionan sus campañas electorales. Cómo van a enfrentarse a sus jefes de facto...