domingo, 5 de julio de 2009

IMAGINACIÓN Y EMPATÍA.

No recuerdo donde escuché que alguien a quien no le inspiraba temor el momento de la muerte, carecía de imaginación. Es en este sentido en el que me interesa hablar de ella,
También he leído que Günther Anders, ante la desproporción entre lo que el ser humano es capaz hoy día de producir y lo que es capaz de imaginar -y pensaba en la bomba atómica- planteó la necesidad de colocar a la imaginación en el puesto de nuevo imperativo moral de nuestro tiempo.
Para prever el caos, la muerte y la destrucción que va a provocar una guerra, solo es preciso un esfuerzo intenso de imaginación. Ünicamente de esta manera, podemos empatizar con las víctimas de forma visceral y espontánea. Lo mismo ocurre cuando nos enfrentamos a un problema personal de alguien conocido. El egoísmo de la gente proviene, no tanto de su falta de inteligencia abstracta o de valores éticos, sino de la palmaria incapacidad de imaginarse las vicisitudes por las que está atravesando dicha persona.
Pero en este punto hay algo que me inquieta: he conocido personasdotadas de notable capacidad creativa: músicos, diseñadores gráficos, etc, pero que estaban absolutamente incapacitados para el esfuerzo imaginativo al que me refiero. Quizá existan 2 tipos de imaginación: la creativa y la empática que no tienen por qué coincidir. La imaginación a la que yo me refiero es una especie de moral autónoma, aunque no esté concebida mediante preceptos éticos o morales, siendo más bien innata y efecto inmediato de la contemplación.
Así dice Günther Anders:
"(...)creo que la inmoralidad o la culpa, hoy en día, no consisten en la sensualidad, ni en la infidelidad, ni en la improbidad, ni en la relajación de las costumbres, ni siquiera en la explotación, sino en la falta de imaginación. Y que, a la inversa, el primer postulado de hoy es: amplía tu capacidad de imaginación para que sepas qué estás haciendo."

Queda por explicar si es posible optar por el mal, aún poseyendo la más viva de las imaginaciones.

2 comentarios:

bLuEsMaN dijo...

Una vez que charlé con un armonicista me recordó lo importante que era para él "ser mejor persona". La mayoría de la gente que se dedica al arte "olvida" o anula esta faceta. La cuestión es que la expresión artística refiere exactamente a eso, a un desarrollo de la sensibilidad que debería de implicar una mayor evolución humana.

Suelo decir que en el fondo el origen del arte es el sufrimiento (de una u otra forma). Dedicarse a la expresión artística egoístamente no contribuye a solucionarlo. En el mejor de los casos sería una catarsis Aristotélica. Alguien podría dedicarse simplemente a la catarsis y por otro lado seguir contribuyendo a que el sufrimiento continuase con lo que no se iría a ninguna parte. A fin de cuentas sería lo mismo que rascarse un grano.

Gente como Adolf Eichmann podía hacer las barbaridades que cometió porque estaba en el extremo opuesto. Se convirtió en un burócrata, las personas sólo eran cifras abstractas para él y así no necesitaba ponerse en el lugar de nadie.

Saber ponerse en el lugar del otro reduce bastante el optar por el mal (lo que me resulta bastante socrático) pero también hay formas de que el mal se abra camino. Por ejemplo, en las primeras ejecuciones de los campos de concentración nazis los verdugos acabaron con serios problemas psicológicos. ¿Cómo lo solucionaron?. Usando "anónimas" cámaras de gas que no obligaban a que los verdugos precensiasen lo que hacían. Por un lado la imaginación evitaba el mal y por otro el mal fue más listo y ganó esa partida.

Saludos.

Dizdira Zalakain dijo...

Se ha pervertido tanto el concepto de artista, que casi siempre se reduce a un producto de márketing. En estas condiciones, no es raro que la mayoría de esta gente carezca de imaginación, de compromiso y de todo.
Lo que dices sobre las ejecuciones nazis me ha recordado a otra treta que el poder lleva a cabo en la actualidad. Por una parte, programan películas o noticias de una gran violencia explícita para cerrar cualquier espacio a la imaginación. Y, por otra, lo hacen contínuamente para lograr una banalización de las injusticias y la crueldad y, como consecuencia, una desensibilización hacia ellas.
Saludos.