domingo, 3 de mayo de 2009

Merluza en salsa verde.

Hoy vamos a cocinar, por fin, una receta vasca, que ya iba siendo hora. En este caso, es primordial contar con una buena materia prima, así que nada de merluza congelada, fundamentalmente porque la salsa no liga bien y, además, la textura es incomparable. Por suerte, la merluza está en este momento, a un precio asequible. Deberemos comprarla en rodajas, calculando una o dos por persona, dependiendo de lo glotones que seamos. Vamos al lío.

Antes, una pequeña puntualización: aunque nosotros ahora no le vamos a ñadir nada, este plato se puede preparar con varios aditamentos:
-con espárragos,
-con guisantes,
-adornándola con rodajitas de huevo duro.
-con almejas...

Ingredientes:

-Merluza fresca en rodajas,
-Aceite de oliva,
-Perejil,
-Sal.
-Harina.

Modo de elaboración:
Necesitamos una sartén o cazuela muy ancha y plana. Vertemos aceite generosamente y ponemos a dorar tres ajos enteros. En cuanto se doren, añadimos las rodajas de merluza que, previamente hemos salado y enharinado. Lo de la harina es para "sellarlas", es decir, evitar que pierdan demasiado líquido para que, de este modo, resulten más esponjosas. Añadimos también el perejil picadito. Si no nos gusta encontrar trocitos de perejil, se puede atar un manojo con un hilo para que se impregne del sabor y del color verde tan característico de esta salsa, que es lo que nos interesa. (Personalmente, yo lo prefiero picado porque me encanta el perejil).
Ponemos la cazuela tapada y a fuego alto alrededor de un minuto, pero en seguida lo bajamos.
Lo importante de este plato es que la salsa ligue, que espese. Para ello, debemos arrastrar la sartén con movimientos rápidos pero suaves y sin apartarla del fuego. En un cuarto de hora, más o menos, dependiendo del grosor de las rodajas de merluza, ya está cocinada.
Lo más difícil de este plato vasco es conseguir que la salsa "ligue". Ya se sabe que en Euskadi, eso de ligar siempre es más complicado que en otros sitios, je, je... No hay que desanimarse si las primeras veces no sale muy bien. Al final se le coge el truquillo.



El descubrimiento de un nuevo plato contribuye más a la felicidad del género humano que el descubrimiento de una nueva estrella.
Brillat Savarin