sábado, 26 de febrero de 2011

Dios maldiga a los imperialistas.

El 26 de Julio, el presidente de la recién nacida república egipcia, Gamal Abdel Nasser, tomó la decisión de nacionalizar el Canal de Suez, que hasta entonces se encontraba en manos de capitalistas franceses e ingleses, principalmente. Pagar peaje por cruzar el Canal es un negocio redondo, especialmente teniendo en cuenta que éste es el camino que deben utilizar los barcos petroleros de Oriente Medio que quieren llevar su carga a Europa. Para hacernos una idea, baste indicar que el peaje de la reciente e insólita travesía de dos barcos iraníes por el canal ascendió a 200.000 dolares. Es decir, el peaje de dos barcos equivale al salario mensual de 1.000 egipcios. Tan formidable fuente de ingresos había permanecido desde siempre en manos de los accionistas europeos. Cuando Nasser decidió que esa fuente de riquezas debía pertenecer a los egipcios, los gobiernos francés y británico entraron en cólera. Se sentían legitimados a seguir explotando el canal, y argumentaban que fue construído en 1869 con el capital de inversores franceses e ingleses. Nasser respondió que en los cien años que llevaban sacándole dinero, la inversión estaba más que amortizada. Y que, puestos a ver quién había invertido más en la construcción del Canal, las vidas de los 120.000 egipcios que murieron en su construcción daban bastante más derecho a su propiedad que cualquier cantidad económica.
Más justos no podían ser los argumentos, pero el caso es que no convencieron a los capitalistas, que ordenaron a sus marionetas parlamentarias respectivas que declarasen la guerra a Egipto. Israel se unió a los invasores, es de suponer que para dar un paso más hacia el proyecto politico de Ben Gurión, el Gran Israel, ese imperio que debía extenderse "desde el Nilo al Eúfrates.".El débil ejército egipcio no pudo resistir el ataque conjunto de tres superpotencias militares y fue barrido por la alianza anglo-franco-sionista en la península del Sinaí. Pero con lo que no contaron es con que el pueblo egipcio no se iba a dejar dominar tan fácilmente. Tras meses de encarnizada resistencia los invasores no consiguieron controlar ninguno de los territorios que su maquinaria de guerra masacraba. Para colmo, EE.UU., en plena guerra fría, no se atrevió a intervenir por miedo a la URSS.
De modo que, finalmente, el pueblo egipcio consiguió controlar el Canal y los mercenarios tuvieron que abandonar el país.
Durante esta heroica resistencia popular, se puso de moda un himno, cuya música es francamente horrible, pero que tiene una letra muy hermosa. Dice así:

¡Dios es el más grande!
¡Dios es el más grande!
Él está por encima de las asechanzas de los que nos atacan,
Él es el protector de los oprimidos.
Con la fe y con las armas defenderé mi nación
y la luz de la justicia brillará en mi mano.
¡Cantad conmigo!
¡Cantad conmigo!
¡Dios es el más grande!
¡Dios es el más grande!
¡Dios, Dios, Dios es el más grande!
Dios está por encima de los que nos atacan.
¡Oh, mundo, mira y oye!
El ejército del enemigo está a punto de llegar,
quiere destruirnos,
pero con la justicia y con las armas lo repeleremos.
Si he de morir, que antes me lleve a uno de ellos por delante.
¡Cantad conmigo!
¡Dios maldiga a los imperialistas!
Dios está por encima de los tiranos traicioneros.
¡Dios es el más grande!
Alabemos a Dios, compañeros,
agarremos a los tiranos y acabemos con ellos.

Hablo de este himno porque, varios años despues de su creación, en 1969, el hoy tristemente famoso Gaddafi lo eligió como himno nacional de Libia. Algunos de sus versos, resultan estremecedoramente proféticos a la luz de los actuales acontecimientos: "El ejército del enemigo está a punto de llegar, quiere destruirnos, pero con la justicia y con las armas lo repeleremos." Tampoco anda descaminado el himno a la hora de caracterizar al enemigo como imperialista y traicionero, pues ciertamente no es otra la naturaleza ni otro el estilo de las mentiras que las multinacionales están difundiendo para justificar la invasión.
Una vez más quiero aclarar que denunciar las sucias maniobras que se están empleando para acabar con la soberanía de Libia no implica considerar que ni su líder ni su régimen sean maravillosos. Gaddafi ha hecho enfurecer, como Nasser en su tiempo, a los capitalistas europeos por anunciar la nacionalización del petróleo. Pero fue él también quién les abrió las puertas hace ocho años, traicionando los ideales de su Libro Verde. Él apoyó la política criminal de EE.UU de "War on Terror" y permitió a la CIA torturar y asesinar en sus cárceles, como la de Abu Salim.
Pero no hay que perder de vista que los ataques militares dirigidos por la CIA que se están produciendo en Libia y que se nos venden como revuelta popular no tienen por objeto liberar a los libios de Gadafi, sino expoliarlos aun más: robarles lo único que tienen: el gas, el petróleo y el agua, y dejarles la arena del desierto para comer.

2 comentarios:

Jose Luis Forneo dijo...

En todo caso, deberian ser los propios libios quienes se encarguen de construir un nuevo socialismo y volver a los ideales que dieron lugar a la revolucion libia. No una panda de criminales bien posicionados y manejando los peones de los gobiernos de los paises sometidos a la dictadura del capital.

Bonito himno. Ojala el mundo árabe vuelva a recordar aquellos tiempos en los que la lucha por su soberania tenia enfrente al mayor enemigo del socialismo y la democracia: el capitalismo imperialista.

Salud

R.A.F.A.E.L. dijo...

Por haber criticado ese artículo no en Rebelión, sino en el medio en que se publicó originalmente, es decir,en Kaosenlared, me llovieron tortas y aplausos a partes iguales. Ahora parece que la línea editorial tiende a centrarse en las aviesas intenciones del imperialismo en Libia, las cuales, por cierto, arrastra USA desde el siglo XIX.

Mis más cordiales saludos, analítica cocinera Dizdira.