lunes, 16 de noviembre de 2009

Simone Weil.

Aunque se la puede considerar también como filósofa o como teórica de la emancipación obrera, Simone Weil creo que será finalmente catalogada como mística. ¿Una mística en pleno siglo XX? Suena sorprendente pero así es. Pero también es verdad que esta mujer es una rara avis en muchos más sentidos.
Aunque el pasado Febrero se cumplieron 100 años de su nacimiento, el otro día me acordé de ella al ver por TV a ese fascista de sotana que ocupa el cargo de Secretario General de la Conferencia Episcopal Española y que me imagino debe colocar a cualquier católico español con un poco de ética ante un problema teológico importante: ¿realmente es el Espíritu Santo quien alienta declaraciones tan malvadas, insidias tan terrenales, actitudes tan inmorales? Martínez-Camino y el pequeño pero influyente colectivo católico-fascista de este país al que representa, parece una paradoja difícil de explicar para cualquier creyente sincero. Por eso me recordó a esa otra paradoja, en las antípodas de estos indecentes que dicen representar a la Cristiandad, que supone Simone Weil, una mujer que llega al extremo de no considerarse digna de bautizarse, de no considerarse digna de creer en Dios.
Es un tópico decir de alguien que su pensamiento y su vida fueron extremadamente coherentes, pero en el caso de Weil es que es la pura verdad. El pensamiento místico-radical de Weil se reflejó en una vida breve y peligrosa que terminó en autodestrucción. Pecando un poco de vulgaridad, puede decirse que allí donde se rifaba una bofetada estaba Weil, allí donde había que defender una causa perdida estaba Weil.
El extremado rigor intelectual y ético de Weil la hace parecer loca. Porque ser coherente con tu teoría siempre es tarea difícil, pero serlo con teorías tan autoexigentes como las de Weil, es digno solo de los héroes y los santos. No es de extrañar que haya quienes han abogado por su canonización.
De la multitud de ideas políticas y teológico-místicas podemos destacar una tónica que es ésta: si la mayoría de la gente crea teorías para justificarse, parece como si Simon Weil las creara para todo lo contrario, para ponerse a sí misma en evidencia.
En el plano político, su idea más defendida, dentro del proyecto izquierdista de la abolición de la explotación, fue que el trabajo manual, físico, estaba infravalorado con respecto al intelectual; que los expertos en lo intelectual siempre terminaban dirigiendo en su beneficio a los expertos en lo manual y que el fin de la explotación precisaba de una valorización del trabajo manual y de unos ciudadanos capaces de manejarse igualmente en ambos campos. Que dijera esto precisamente ella, una persona de extremada torpeza manual y debilidad física pero tan magníficamente dotada en lo intelectual, es un buen ejemplo de esa renuncia a la comodidad, de ese afán de teorizar contra sí misma. Pero la cosa no se quedaba en la teorización: Weil lo llevaba a la práctica. Aunque su familia pertenecía a la burguesía acomodada de París, se puso a trabajar en las más sórdidas fábricas manufactureras, viviendo estrictamente con el exiguo sueldo de los obreros y pagando con él el alquiler de una buhardilla miserable. Ni que decir tiene que su torpeza le supuso un despido tras otro y que su salud al final acabó pasándole factura.

En el plano religioso, dijo frases tan profundas como ésta:

"La religión como fuente de consuelo es un obstáculo a la verdadera fe; en este sentido, el ateísmo es una purificación. Debo ser atea con la parte de mí misma que no ha sido hecha para Dios. En los hombres en quienes lo sobrenatural no ha despertado, los ateos tienen razón y los creyentes se equivocan."

Simone Weil se esforzaba en no creer en Dios y jamás quiso bautizarse: le parecía demasiado cómodo, un don del que es fácil abusar. Seguramente pensó algo así como "Señor, no soy digna de entrar en tu casa". Comparar una actitud tan delicada con la de los sepulcros blanqueados de la Conferencia episcopal, que no solo entran en esa casa sino que se arrogan la autoridad sobre ella y la utilizan para sus intereses políticos, causa espanto. Pero se ve aquí también, igual que en el ejemplo anterior, cómo Weil vuelve a pensar contra sí misma: una de las más convencidas cristianas de su tiempo se niega el pprivilegio de bautizarse: hubo en ello una protesta contra la jerarquía católica, sí. Pero sobre todo hubo un acto más de autohumillación y de renuncia.

Podríamos recordar muchos más ejemplos. Aunque inmensamente necesitada de cariño, jamás se permitió una amistad que no entendiese como absolutamente gratuíta:

"Aprende a rechazar la amistad, o más bien, el sueño de la amistad. Desear la amistad es una gran falta. La amistad debe ser una alegría gratuita como las que da el arte, o la vida. Es necesario renunciar a ella para ser digno de recibirla. Pertenece al orden de la gracia."

Aunque era judía, fue hipercrítica con la tradición cultural y la historia de su pueblo, lo cual le sigue valiendo hoy día las furibundas críticas de algunos. Pero también sufrió en sus carnes el creciente antijudaismo que empezó a surgir en Francia y Alemania por aquella época.


Simone Weil se me presenta así, tal y como la evoco, como un negativo perfecto de Martínez-Camino. Entre la conciencia siempre exigente de una y la actividad desconcienciada del otro media esta frase de Weil, de corte platónico:

"Cuando se realiza el mal, no se lo conoce, porque el mal huye de la luz."

Esta autoexigencia que alguien podría tachar de masoquista o de enfermiza, pues se la ve desde la obtusa comodidad de la rutina, no es un fin en sí misma y por eso no es criticable por tales motivos. Luchar contra la cómoda mentira es el camino, es la auténtica vida. Así nos lo enseña Simone:

"La vida, tal como es, solamente resulta soportable a los hombres por la mentira. Quienes rechazan la mentira y, sin rebelarse contra el destino, prefieren saber que la vida es intolerable, acaban por recibir desde afuera, desde un lugar situado fuera del tiempo, algo que permite aceptar la vida como es. "


P.D. Tras escribir esto he leído el magnífico artículo de Marcos Santos sobre el aniversario del asesinato de los mártires de la UCA en El Salvador por los paramilitares de la ultraderecha. Esa misma ultraderecha en la que se sitúa su compañero de orden Martínez-Camino.

4 comentarios:

Maria C dijo...

Una historia esplendida como siempre,no conocia a Simone Weil,pero por sobre todo una increible leccion sobre la vida,la fe y la triste realidad de la Iglesia Catolica actual a la que pertenezco,gracias.La mayor de las paradojas es que alguien perteneciente a otra fe tenga una vision tan clara de la realidad y quienes en ella estamos no veamos mas alla de nuestras narices.Un abrazo

Dizdira Zalakain dijo...

A veces es más fácil ver las cosas desde fuera. Además, ten en cuenta que yo me he convertido al Islam recientemente, pero mi procedencia cultural es cristiana. Me siento muy ligada, eso sí, a los movimientos de cristianos de base y a la Teología de la Liberación. También en el Islam hay grandes diferencias ideológicas entre las diversas corrientes, pero al no existir una jerarquía única que dirija y represente a la comunidad de creyentes, no existe ese conflicto entre fe libremente vivida y autoridad, que ha venido caracterizando al catolicismo casi desde sus orígenes.
Como me dices que no conocías a Simone Weil te dejo un link con un pequeño estudio introductorio y algunos fragmentos de su obra:

http://hjg.com.ar/txt/sweil/index.html

Saludos.

Anónimo dijo...

A ti Dizdira si que se te ve el plumero, guapa. Eres una grandísima h.p. islamista y vas de católica y cristiana. Algún día habrá un paredón para tod@s vosotros, ideólogos del odio al cristianismo.

blues dijo...

Anónimo:

¿Acusas tú de odio a los demás mientras desean que vayan al "paredón"? Ya es irónica la cosa.
Ya ni hablemos sobre eso de "guapa". Muy cañí, a la vez que machista.
Te has retratado de sobras en dos líneas. ¡Impresionante!