domingo, 29 de noviembre de 2009

Reputación digital.

La palabra "reputación" encierra una trampa. La reputación, aunque por su forma gramatical lo parezca, no se refiere al individuo del que ésta se predica. Lejos del prestigio que se correspondería con una justa fama ganada por una trayectoria vital honesta, exenta de máscaras y basada en el esfuerzo personal, la reputación se refiere a la opinión que los demás tienen de nosotros. No es, por tanto, una virtud, sino, por su propia naturaleza, un vicio, pues su finalidad es la de sutitutivo o sucedaneo de una virtud. La reputación se basa entonces en la hipocresía, el disimulo, la mentira. Se finalidad es exclusivamente la búsqueda interesada de los demás. A nivel supraindividual, se asimila sin cuestionamiento alguno al orden social que en ese momento impere. Pero como la reputación busca no las virtudes que predica tal o cual sistema social, sino solo su apariencia, constituye una eficacísima aliada de los sistemas sociales malvados o corruptos, pues ella posibilita que valores morales aberrantes, inasumibles o inhumanes lleguen a parecer los normales.
En el ámbito personal, quienes se obsesionan por su reputación suelen ser personas inseguras que tienen el estómago de aceptar las reglas del juego social para obtener poder y ascenso social la mayoría de las veces patético y baldío, He dicho que tienen el estómago de jugar fuerte en ese juego, porque, aunque ellos crean que no, la inteligencia, el coraje y el orgullo no solo no sirven sino que resultan contraproducentes. De ahí ese sorprendente hecho social: que el triunfador social suele sin embargo ser idiota y cobarde.
Este repugnante juego, tan antiguo como la civilización, por virtud de la alquimia capitalista ha alcanzado un nuevo grado de sistematización. Adquiere tintes especialmente oscuros cuando lo extrapolamos al ámbito de las modernas corporaciones. En efecto, con las nuevas tecnologías surgen nuevos mecanismos de control social y personal que rebasan de largo los límites morales y legales que hasta ahora nos servíaan como referentes.
He estado curioseando, con la repugnancia del que busca en un contenedor de basura el origen de una epidemia, diversos manuales con recomendaciones que pretenden ser científicas para mantener intacta nuestra "reputación digital", haciendo, por ejemplo, un "uso correcto" de las redes sociales. En estas lineas infectas se leen cosas tales como que debemos ocultar nuestra confesión religiosa o nuestra ideologíaa política -si ésta es "radical"- de cara a una posible contratación laboral, ya que el asumirlas podría descalificarnos en el acto. Yo tenía entendido que la tan idolatrada por algunos Constitución Española garantizaba la igualdad de los ciudadanos independientemente de su religión, raza, sexo o ideología, pero veo que el sagrado texto constitucional solo sirve para meter en la cárcel a los que piensan distinto.
También aconsejan estos gurús no colgar tus fotos de una juerga con tus amigos. Nótese que no te recomiendan que no te emborraches o te drogues, sólo que no trascienda, que nadie se entere. Volvemos a la doble moral o, quizá, nunca hemos salido de ella. En este mismo sentido aconsejan no colgar fotos demasiado íntimas. Con esto no se refieren a fotos pornográficas sino a, por ejemplo, una foto en la que beses en la boca a tu pareja. El motivo: tu jefe puede ser muy puritano y molestarle este desparpajo público.
La idea básica es que tú representas a tu empresa también durante tu vida privada y debes mantener una conducta acorde con la linea que dicha empresa te mande. De este modo, el contrato laboral se extiende durante 24 horas al día y durante 7 días a la semana. Tampoco te piden demasiado: puedes ser un violador, o un asesino mientras no cuelgues los videos en internet o no te pillen. En definitiva, de nada sirve ser un excelente profesional si te adscribes a la religión o a la ideología inadecuadas, si se te ocurre besar a tu pareja o pasarte alguna noche de juerga con tus colegas. Un simple puesto de trabajo hoy actúa igual que una secta, fiscalizando cada acto y pensamiento del trabajador.
Frente a las religiones, que te piden virtudes sinceras, estas sectas te piden virtudes aparentes. Frente a las religiones que prometen la trascendencia, estas sectas prometen un sueldo miserable al mes. Los sectarios que escriben sus códigos de reputación digital y visten obligatoriamente corbata se escandalizan ante decálogos y sharías, ante hábitos y burkas.

6 comentarios:

bLuEs dijo...

"[...]el triunfador social suele sin embargo ser idiota y cobarde."

Añadiría que el triunfador suele ser el que se vende a sí mismo como tal. Con vender me refiero a ofrecer su mejor cara con ánimo de que su mercancía (es decir, el mismo) sea aceptada lo más posible por los demás.

Lo más curioso es que mucha gente se presente como lo que no es (conocedor de temas de los que no sabe, bella persona cuando es un miserable,...) y le funcione. Los demás, o por lo menos buena parte de los demás, suelen creerse el cuento que le ofrecen.

Saludos

Maria C dijo...

Que horror!!Una verdadera lastima que sea nuestra realidad actual,la mayoria esta regida por esos "codigos" los que hacen que una persona se vuelva solo un accesorio,un engranaje mas de una maquinaria terrible,pero de hecho a la hora de lucrar sirve y es lo que en general importa,no importa si eso hace que dejes de ser persona individual o dejes de tener vida personal....triste.Un cordial saludo

Dizdira Zalakain dijo...

Blues:
El auto-márketing está tan extendido que los libros de auto-ayuda y muchos psicólogos lo consideran algo así como una panacea de la terapia: Hay que adaptarse a los valores vigentes para conseguir unas relaciones sociales óptimas, aunque para ello tengas que mentir y/o violentar tus inclinaciones éticas.. A mí eso me parece una aberración y una pérfida técnica de las sociedades totalitarias: lo distinto es equiparado a lo enfermo.

María C:
Estoy de acuerdo contigo en que lo peor de todo esto es la reducción de un ser individual a un objeto asimilado por el engranaje en el que carecen de importancia sus ideas o sentimientos, sus debilidades o genialidades y en el que tan solo significa un elemento más para el lucro personal.
Es, supongo, la peor forma de anularte sin que seas demasiado consciente de ello.
Un beso para los dos.

dan3 dijo...

me quedo en el arranque y no estoy de acuerdo: a mí sí me interesa que los demás entiendan lo que pretendo ser y hacer.
procuraré no engañar con efectos luminosos pero no renuncio a entender ni ser entendido.
y por supuesto aceptaré las recomendaciones de aquellos que con más menos acierto, lo intentan como yo.
gracias, sin un post tan contundente no me hubiera animado a participar.

Dizdira Zalakain dijo...

Gracias por tu comentario. La contundencia es quizá un rasgo de mi manera de escribir. Por eso escribo en un blog. Si fuese políticamente correcta quizá pudiera hacerlo en algún periódico local.
Tienes toda la razón en que a veces la contundencia en las ideas es una buena manera de hacer pensar y generar debate, sin que necesariamente se tenga que estar de acuerdo. Pero la contundencia es la forma y no hay por qué hacerle caso si no gusta. Lo importante, creo, es el contenido.
Saludos.

Anónimo dijo...

¿Recomendarías algun blog, site, o libro que declare, ejemplifique y amplíe el tema del que hablas, Dizdira?