miércoles, 15 de abril de 2009

Potaje de Cuaresma

Esta receta la aprendí cuando vivía en Murcia y, al menos allí, es el nombre que se le sigue dando, aunque en estos tiempos prácticamente nadie continúe realizando la vigilia durante la cuaresma.
La pega mayor es que requiere bastante tiempo de elaboración, pero es muy sencilla y sabrosa.

INGREDIENTES:

(Estas cantidades están pensadas para 4 personas.)
Medio kilo de garbanzos.
Medio kilo de espinacas.

Un cuarto de kilo de bacalao.
1 Chalota -o media cebolla
3 dientes de ajos
Pimentón
Sal
Aceite de Oliva
Harina
Una pastilla de caldo de pescado.


MODO DE PREPARACIÓN.

Previamente, debemos poner los garbanzos en remojo, cuidando de que siempre se mantengan sumergidos en agua, durante unas 24 horas.
Para este plato es preferible el bacalao desmigado y sin espinas -se vende ya así en muchas tiendas. También habrá que ponerlo en agua para desalarlo.. Como en este caso los trozos de bacalao no son grandes, con 24 horas es suficiente, cuidando de cambiar el agua unas seis veces. Un sistema que reduce el tiempo a la mitad, consiste en cambiarle el agua un montón de veces en cada ocasión.
Una vez pasadas las 24 horas, ponemos los garbanzos al fuego, con la misma agua en la que los manteníamos en remojo. En cuanto hiervan un cuarto de hora, los ponemos a fuego lento y a esperar, vigilando siempre que no se consuma el agua. El proceso de cocción es largo. Puede durar hasta 3 horas, en función de la dureza de los garbanzos, pero lo podemos hacer mientras vemos una peli, leemos o cualquier otra cosa. Cuando estén tiernos, le ponemos la sal a nuestro gusto y los dejamos a un lado.
En otro puchero, ponemos a cocer las espinacas con una pastilla de caldo. Recomiendo utilizar espinacas congeladas. Aunque presentan un aspecto inquietante en forma de cubos verdes, lo cierto es que están muy buenas y nos evitamos el curro de limpiarlas. En un cuarto de hora están listas. Las escurrimos en un escurreverduras para que pierdan todo el líquido y las añadimos a los garbanzos.
Ahora nos falta el bacalao. Picamos una chalota o escalonia en una sarten con un poco de aceite y cuando está pochada, a fuego lento, añadimos el bacalao bien escurrido, con un poco de perejil, si lo tenemos a mano. Cuando comprobemos que está doradito, lo añadimos al puchero de los garbanzos y las espinacas, junto con una dosis generosa de pimentón.
Para terminar, picamos unos 3 dientes de ajo en una sartén con un buen chorro de aceite. Procurad que el aceite esté producido y embotellado en los lugares en donde éste es bueno, como en Jaén y, ya de paso, aseguraos de que procede de alguna cooperativa agraria. Recordad que Koipe y Carbonell utilizan transgénicos en varios de sus productos y encima sus aceites de oliva no son ni más baratos ni mejores que los de los productores independientes y cooperativas
Sigamos:
Dorados los ajos y con mucho cuidado de que no se nos quemen porque sabrían a rayos, agregamos dos cucharadas soperas bien colmadas de harina y esperamos hasta que se tueste la masilla, removiendo con una cuchara de madera.
Vertemos este contenido al puchero. Lo colocamos a fuego bajo y removemos bien para que se mezclen todos los ingredientes. Y ya está.

CONSEJILLO DEL DÍA:

Está mucho mejor si se cocina de víspera. Yo propongo cocinarlo por la noche para saborearlo el mediodía siguiente. buen provecho. On egin.