martes, 8 de septiembre de 2009

Tortitas de berenjenas con queso de Bertizarana.

Vamos a ocuparnos hoy de un plato de la cocina marroquí, que es una de las más ricas y originales que existen aunque, eso sí, casi siempre son recetas complicadas. Pero en este blog solo nos ocupamos de cosas sencillas. Eso no quiere decir que esta vieja receta de tortitas, que data de la Edad Media, no posea una serie de matices de sabor increíbles, gracias a las especias que la acompañan. Se pueden preparar como tortitas pequeñas individuales o bien una especie de tortilla grande -para ahorrarnos trabajo. En Marruecos se toman solas o con carne de pollo, aunque yo propondré una "mezcla cultural" que me parece que queda muy bien.

Ingredientes, para 4 personas:
-4 berenjenas,
-4 huevos,
-Pan rallado,
-Aceite de oliva,
-Sal,
-cilantro -o en su defecto un poco de limón,
-canela,
-Pimienta.

Modo de elaboración:
Pelamos las berenjenas y las cortamos en dados. Ponemos agua salada a hervir y echamos los dados de berenjena para que estén 15 minutos a fuego alto.
Las escurrimos muy bien y las machacamos hasta que se forme una pasta. Añadimos a la pasta el pan rallado, la canela, la pimienta y el cilantro y lo mezclamos bien.
Después batimos los huevos en un bol y les añadimos la masa. Mezclamos un rato la masa con el huevo hasta que quede una textura uniforme.
Finalmente, ponemos en una sartén un poquito de aceite, como para hacer una tortilla y echamos la masa o bien por partes, para hacer tortitas individuales o bien toda de golpe para hacer una tortilla grande. Dejamos que se haga por las dos caras a fuego lento y listo.

Para acompañar esta delicia oriental, me parece muy buena opción un magnífico queso de oveja, el mejor que he probado nunca y que procede de una explotación artesanal de Legasa (Nafarroa). Se llama Bertizarana y lo produce la empresa Ardiarana S.L. Seguramente no será fácil de conseguir para los que no vivan cerca de la zona, pero si haceís turismo, no os olvidéis de probarlo: será el mejor souvenir del viaje. Debido a su carácter artesanal, cada queso es diferente a los demás pero siempre con un sabor intenso y equilibrado y una textura cremosa inigualable. Lleva en la corteza una mezcla autóctona de mohos que impiden que se ponga duro: simplemente se ira haciendo cada vez de sabor más fuerte.
El único problema es que después de probar este queso, os pondréis muy muy tristes cuando vayáis al hiper y veáis esos quesos fabricados en serie y adornados de motivos rústicos tan falsos como el sistema económico que los produjo.