sábado, 5 de septiembre de 2009

ISLAMOFOBIA HOY. II.

3. La Sharía.
La Sharía no es un código legal , sino un conjunto de normas o consejos que rigen la vida social y moral de la comunidad musulmana. Se trata de una aportación posterior al Corán llevada a cabo por varios sabios musulmanes que, siguiendo el dictado de sus respectivas escuelas jurídicas, fueron moldeando y adaptando los principios islámicos a las diversas épocas y sociedades. La decadencia de la civilización islámica comienza, precisamente, con la lenta desaparición de dichas escuelas jurídicas. Este hecho ha motivado la existencia residual de costumbres que no se han adaptado a las actuales circunstancias, costumbres que, en innumerables ocasiones, eran preislámicas y que se utilizan contínuamente para desacreditar la religión y la cultura musulmanas que nada tienen que ver con prácticas atroces como lapidaciones o latigazos.
Se omite, también en este caso, que muy pocos países musulmanes se rigen por la Sharía, que ha quedado reducida a zonas rurales sumidas en el atraso y la pobreza. La inmensa mayoría de los estados musulmanes disponen de un sistema legal bastante más progresista que el israelí o que el del Vaticano que, por cierto, casi nunca aparecen en los mass media como salvajes y crueles.
4. La yihad o "guerra santa".
Aquí el error parte ya de la traducción de la palabra yihad que, en árabe, significa esfuerzo y con ese significado de afán por superar una situación adversa y hostil aparece en el Corán. No solo se refiere al esfuerzo físico sino también al moral o psicológico. En el uso que se le da en la actualidad, este concepto se podría asimilar al de resistencia contra las agresiones.
El Islam nunca ha sido una religión de intolerancia sino todo lo contrario; predica la paz y el respeto hacia los demás creyentes, creyentes de otras religiones, se entiende. No voy a sortear, sin embargo, un tema espinoso respecto del cual estoy segura de que muchos musulmanes discreparán y es la contemplación de la guerra defensiva. En mi opinión resulta absolutamente legítimo defendernos de las agresiones y las injusticias sociales, políticas o religiosas. Solo en este sentido y, no de forma contundente, se alude de pasada al esfuerzo como resistencia en el Corán.
5. Musulmán equivale a terrorista.
Esta visión interesada constituye uno de los mayores afanes propagandísticos de Occidente. El terrorismo islamista, como se ha dado en llamar a este fenómeno, es un movimiento de resistencia ante una prolongada e insostenible situación de explotación, humillación, expolio y agresión por parte de Occidente, fruto del reparto del botín postcolonial. Resulta curioso que los países más desestructurados y con mayor inestabilidad han sido trazados artificiosamente con un cartabón y un compás por los "grandes hombres" del XIX y del XX con criterios exclusivos de su enriquecimiento a través del robo, la esclavización y el exterminio de sus habitantes, o bien como parte del juego geoestratégico entre potencias, pero en cualquier caso desatendiendo las verdaderas características regionales y culturales que deberían definir la creación de un estado.
La respuesta a través de la violencia defensiva a esta situación -que puede o no compartirse- se disfraza en cualquier caso de una simplicidad propia de producto infantiloide de Hollywood en los que intentan plantar cara a la invasión de su país y al exterminio de los suyos son presentados como salvajes e imbéciles fanáticos que desean morir para disfrutar de una orgía perpetua de mujeres y alcohol. Convendría recordar que el Islam no aprueba el suicidio y que es una absoluta calumnia decir que el Corán recoja pasajes o versículos en los que se premie el martirio con el paraíso, paraíso que, por otro lado, es prácticamente similar al descrito por el resto de las religiones. Lo que sí permite el Corán es defenderse de las injusticias y las agresiones.
Esta lista de mitos podría ser interminable, pero como conclusión, invito a cualquiera a realizar una búsqueda en Google o YouTube con las palabras: Islam, musulmanes, Corán, etc. La avalancha de mensajes racistas, sensacionalistas, amarillos, de pésimo gusto y obscenamente falsos es abrumadora, lo que indica que no se trata de una actitud marginal de algunos grupúsculos de extrema derecha, sino de una campaña de lavado de cerebro alarmante y terrible. En España, por ejemplo, era necesario hacerla para que ya casi nadie se escandalice porque haya soldados españoles participando en la invasión de un país como Afganistán y asesinando a quienes cometen la osadía de intentar defenderse como David contra Goliath.