miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Vanidad

Hay un aspecto de la vanidad -o más bien de su virtud opuesta, la humildad- que siempre me ha llamado la atención. Consiste en que es imposible ser absolutamente humilde. No se trata de una imposibilidad fáctica, como por ejemplo la imposibilidad de ser absolutamente sabio, pues siempre habrá algo que no sepamos, o la imposilidad de no matar a ningún ser vivo -como quieren ciertos monjes budistas- pues siempre habrá microorganismos que mataremos para siquiera poder sobrevivir nosotros unas horas.
Se trata de una imposibilidad lógica, es decir, por definición. No podemos ser absolutamente humildes porque el mero hecho de querer adornar a nuestra persona con una virtud -la de la humildad- ya es un acto de vanidad. De modo que el que busca más actos de humildad es también el más vanidoso.
No es el único caso: también es lógicamente imposible ser absolutamente masoquistas, porque buscar en todo el dolor no se haría sino por placer. De modo que el más masoquista sería también el más hedonista.
Tampoco podemos ser los más caóticos, es decir los menos regidos por normas (internas y externas), porque procurar que ninguno de nuestros actos dependa de un axioma de conducta ya es de por sí llevar a efecto un rígido axioma de conducta.
Y así otros ejemplos más.
La naturaleza de todas estas virtudes es paradójica de raíz, pues su definición es ya una contradicción: el mérito de no tener méritos, el placer del dolor, la obligación de ser libre, etc.
¿Parecería, por tanto que no podríamos hablar con sentido de la virtud de la humildad -pues nadie la puede poseer por definición- o del vicio de la vanidad -pues todos lo padecemos, también por definición? ¿Es entonces solo una trampa del lenguaje?
Toda una corriente de la filosofía actual considera, no solo éstos, sino cualquier problema ético, como trampas del lenguaje. En concreto, se trata de la trampa de aplicar los mismos criterios lógicos a un juicio del tipo "Está lloviendo" que a uno del tipo "La envidia es mala." Habría que pensar entonces cómo podemos hablar con racionalidad de ética. entendiendo la racionalidad en un sentido más amplio, que nos permita ir más allá de las descripciones de hechos físicos. Aunque quizá no sean falsables, los juicios acerca de la general vanidad de esta Navidad de nuestro tiempo, parecen plenamente racionales y, por cierto, necesarios.
Observando un tradicional portal de Belén, de esos que se exponen en los escaparates de algunas tiendas que aun desean conservar tan entrañable tradición, vemos cómo a los humanos nos es imposible prescindir de la vanidad. El legendario nacimiento humilde y furtivo de Jesús en un establo se convierte en ostentación imperial en nada distinta a la de Rómulo y Remo y la loba capitolina: la grandeza posterior queda más resaltada si el nacimiento es desde lo más ínfimo. Y para que quede claro, esa humildad del pesebre se decora con signos celestes, con adoración del pueblo llano, con visitas regias protocolarias, con oro, con incienso y con mirra. La piedad popular no soporta la humildad: en realidad los oprimidos no quieren que su dios sea como ellos. O mejor dicho, no tolerarían que uno de los suyos fuera su dios...

De momento, la ética, la estética o la religión, en tanto que "saberes" no demostrables y no enseñables tienen que seguir expresándose con el lenguaje de la poesía, la música, la mística o la revelación. Por eso, para expresar, que no definir, qué puede ser la vanidad me quedo con esta hermosa descripción de Filippo Neri, que utiliza a su modo el conocido pasaje del Eclesiastés.



Vai cercando qua, vai cercando là,
ma quando la morte tri coglierà
che ti resterà delle tue voglie?
Vanità di vanità.
Sei felice, sei, dei pensieri tuoi,
godendo solo d'argento e d'oro,
alla fine che ti resterà?
Vanità di vanità.

Vai cercando qua, vai cercando là,
seguendo sempre felicità,
sano, allegro e senza affanni...
Vanità di vanità.

Se ora guardi allo specchio il tuo volto sereno
non immagini certo quel che un giorno sarà della tua vanità.

Tutto vanità, solo vanità,
vivete con gioia e semplicità,
state buoni se potete...
tutto il resto è vanità.

Tutto vanità, solo vanità,
lodate il Signore con umiltà,
a lui date tutto l'amore,
nulla più vi mancherà.




Vas buscando por aquí, vas buscando por allá,
pero cuando la muerte te atrape,
¿de tus deseos, que te quedará?
Vanidad de vanidad
Eres feliz, eres, con tus pensamientos
gozando solo del oro y la plata.
¿Al final qué te quedará?
Vanidad de vanidad

Vas buscando por aquí, vas buscando por allá,
persiguiendo siempre la felicidad,
sano, alegre y sin preocupaciones...
vanidad de vanidad.

Si ahora contemplas en el espejo tu rostro sereno,
no imaginas ciertamente lo que un día será de tu vanidad.

Todo vanidad, solo vanidad;
vivid con alegría y sencillez,
sed buenos si podéis...
todo el resto es vanidad
Todo vanidad, solo vanidad;
alabad al Señor con humildad,
a él dadle todo vuestro amor,
nada más os faltará.

6 comentarios:

Maria C dijo...

Grazie,bellisimo mi hai fatto ricordare tante cose vissute.Un baccio

Dizdira Zalakain dijo...

Grazie, cara. Colgo l'occasione per augurarti
un buon natale e un sereno anno nuovo.
(Me ha costado lo mío escribir esto y quizá no esté del todo bien. Estudié italiano un par de años y apenas me acuerdo. Un baccio)

Maria C dijo...

Esta genial,pero realmente la música,como siempre me devolvió atrás en el tiempo ,hay cosas que uno no olvida pero que vuelven de improviso como me paso ahora,fueron 26 años de mi vida,no fáciles de olvidar,hoy soy feliz igual pero uno no olvida.Un beso

bLuEs dijo...

No voy a decir que haya que ponerse en una perspectiva hegeliana de la historia pero creo que se hace necesario comprender que cada uno de nosotros no está aislado, sino que forma parte de un “todo”. Si comprendemos que lo que le sucede al “otro” nos sucede a nosotros ya tendremos un punto de partida.

También es verdad que tu razonamiento tiraría por el suelo el argumento que propongo. Sin embargo es cierto que si no se consigue satisfacción el ser humano termina asqueado de la vida. De hecho, lo normal, es que se le encuentre sentido a la vida se al vivirla, no a través de sesudos razonamientos. Entonces puede suponerse que hay un grado mínimo de satisfacción que es necesario. Lo fundamental es que esa satisfacción pueda estar ligada con “lo que no soy yo”, estar ligada a los demás. Pienso que esto la “justificaría”. Reducir la vanidad al mínimo creo que es uno de las señales de madurez. También estaría el problema de saber qué es lo que se puede tomar como mínimo. Pensando en lo de Neri (que además es un precioso texto) me ha venido a la cabeza que Santa Clara se cortó sus cabellos porque eran vanidad, porque le ocultaban su verdadero ser.

En cuanto al nacimiento de Jesús el problema está en hacerlo una figura de autoridad. El significado humilde original sería genuino en cuanto a que no se espera otra cosa. El problema es cuando esto humilde se convierte en un referente y se lo sitúa en un trono. Hacer de la humildad un imperativo es algo contradictorio. El verdadero mensaje no está ahí. El problema es que quizás mucha gente no entienda el mensaje si no se hace un ídolo de él (digo esto también por hacerlo coincidir con el texto bíblico). Cuando se ha transformado en ídolo pierde su significado y se convierte en otra cosa. Encima algo bastardo está ocupando un sitio que no le corresponde desplazando a lo que verdaderamente tiene valor.

EL artículo plantea temas muy interesantes. Ya sabes que todo esto me gusta mucho, y más todavía de la forma en que lo has planteado. Hasta que encuentre mejor respuesta probaré a desear una “feliz vanidad”.

Saludos

Dizdira Zalakain dijo...

A Maria C:
La verdad es que en estas fechas los recuerdos se hacen muy intensos -a veces hasta demasiado. Y nada aviva tanto los recuerdos como una música.
Espero que esos recuerdos sean buenos y que en cualquier caso sea mejor para ti el presente.

A Blues:
Más que a Hegel, esa superación del egoísmo -y por tanto, parece, de la vanidad- a base de considerar que lo que le sucede al otro me sucede a mí también, me recuerda al hinduísmo, y a esa célebre sentencia de las Upanishads "Tat tvam asi." ("Tú eres eso") que Schopenhauer hizo suya. Esta perspectiva, este modo de conocer la realidad estaría en la base de toda santidad: no solo nos dotaría de humildad sino de todas las demás virtudes. El problema es cómo hacer para que esa perspectiva anómala, se imponga al egoísmo biológico.
Estoy muy de acuedo contigo en que una baja vanidad es indicio de madurez o sabiduría. Es ya un lugar común, pero también una gran verdad que los sabios son gente humilde y que los necios y los niños son extremadamente ególatras. Como muy bien has dicho, el mero hecho de plantearse cuán baja ha de ser esa vanidad es ya un síntoma de falta de ella. Lo mismo que preguntarse cómo mantenerse en equilibrio en una bici puede hacernos caer.
Muchísimas gracias por tus comentarios y felices vanidades a ti también.

Alto Sil dijo...

Qué pena no haber descubierto antes este magnífico blog.