sábado, 6 de junio de 2009

TURISMO LUNAR.

Así se llama un tema del genial cantautor asturiano Luis Mediavilla que consiguió publicar un inencontrable CD bajo el nombre de "Materia Gris". Al igual que la mayor parte de la gente con talento, se vió arrinconado por la industria discográfica y, a estas alturas, ignoro en qué andará metido. Turismo Lunar es una preciosa canción adolescente para adultos y, además, quizá sea el único tipo de turismo que sigue teniendo sentido, aunque solo sea por el hecho de que la luna está vacía.
Por estas fechas, como cada año, además de reportajes sobre los peligros de tomar el sol en exceso, de las dietas-milagro y de dejar las persianas de casa bajadas durante varios días, aparece la publicidad de las agencias de turismo, ya que no pueden denominarse de viajes. Esta avalancha, me ha llevado a reflexionar sobre este curioso fenómeno.
La pobre gente se pasa ahorrando todo el año para poder disfrutar de 15 días de vacaciones. En realidad, se trasladan varios miles de kilómetros para seguir haciendo lo que hacen en su ciudad: buscan la comida de siempre, gente de su país, la TV por cable para poder seguir sus programas favoritos, etc. Hace tiempo que he renunciado a viajar porque ya no puede hacerse al estilo de los viajeros decimonónicos, pasando meses en un lugar hasta hartarse y emigrar a otro. Tan solo, una vez, compré un viaje organizado porque resultaba más económico, y juré no volver a repetir. Pero, gracias a lo que me cuentan mis amigos emocionados, mientras me torturan con sus videos montados con las BSOs de "La Misión" o "El Paciente Inglés", deduzco que existen 3 tipos de viajes:
1. Turismo solar. Ejemplos contundentes del mismo son Cancún o Punta Cana. La cosa consiste en montar en un avión, bajarte del mismo y montar en un microbús que te lleva al complejo hotelero, que de complejo tiene poco. Este trayecto escaso será lo único que veas del país. Cuando cruzas la puerta del hotel, te colocan una pulserita que te da derecho a utilizar todas las instalaciones, ¡además de comer y beber sin límite!. Se trata de tirarte en una tumbona para tomar el mismo sol que brilla aquí, en una playa muy parecida a la que tienes a pocos kilómetros de tu casa. Aquí, las fotos suelen ser de los viajeros: Pepe, tomando el sol, Pepe practicando aquagym con la monitora, Pepe, que se pasó con los daikiris y se puso super-gracioso, Pepe bailando salsa. Socorro...
2. Turismo cultural. Ejemplos típicos son Estambul-Capadocia, Roma, Egipto. Este tipo se diferencia del anterior en que el autobús en el que te introducen tras abandonar el avión no parece llegar nunca a su destino, dando tumbos por innumerables carreteras polvorientas, parando en sucesivos lugares de interés que soportan mayor concentración humana que Callao en vísperas de Navidad. En estos viajes, los nativos te timan todo lo que pueden y hacen bien: te venden narguiles rotos, chilabas acrílicas y teteras abombadas. El guía suele ser un tipo atractivo y/o simpático que recibe comisiones sabrosas en cada lugar donde te obligan a descansar. Aquí las fotos suelen representar ruinas, que se distinguen de las imágenes archiconocidas de los libros de texto y de National Geographic en que son bastante peores y en que Pepe aparece en una calle de Pompeya. Lástima que no hubiese decidido hacer el viaje 1930 años antes.
3. Turismo solidario. Este está poco extendido, pero todo se anndará. Consiste en apuntarte a una ONG y pasar un mes en un lugar del tercer mundo que no ha pedido tu ayuda. Se come mal y los alojamientos no son lujosos, pero tiene la gran ventaja de que te reconcilian con el mundo y vuelves a tu casa con una pátina de aventurero solidario que todos te reconocen. Además, la gente tiene más pudor en llamarte brasas cuando les cuentas el viaje, no vaya a ser que les tomen por insolidarios. En esta ocasión, las fotos representan al valiente santo laico acompañado de población indígena posando en lugares míseros. En realidad, este turismo es como el solar, bastaría con ir al extrarradio de tu ciudad y hacer lo mismo que harías a 20.000 km. Allí tendrás gente de piel oscura a la que ayudar, viviendas miserables y hasta ese puntito de peligro que tanto embellece al hombre y a Pérez-Reverte. Te ahorrarás además las vacunas, los pasaportes y todo ese rollo. Y, además, ya no tendrás excusa para no llevarte a todos esos niños a vivir a tu casa. Son 40 minutos en metro. Ánimo.

En fin, con este panorama, yo prefiero dedicarme al turismo lunar. Seguro que a Materia Gris no le importa que cuelgue su canción.