viernes, 26 de febrero de 2010

El aborto y el Rey.

La Conferencia Episcopal Española ha vuelto a hablar por boca de su secretario, Juan Antonio Martínez Camino, ese jesuíta que, junto con Jorge Loring, son los que más aparecen en la TV a pesar de no representar en absoluto a su orden y de ser probablemente dos de sus miembros más impresentables. ¿He dicho "a pesar"? Digamos más bien "a causa."
Ha dicho lo habitual: que la Iglesia católica condena la ley del aborto y pide su derogación; que van a convocarse manifestaciones antiabortistas, etc. Está muy bien todo esto. Sin embargo, creo recordar que la Iglesia aun sigue condenando el asesinato de inocentes y todavía no he visto que la Conferencia Episcopal coja sus pancartas para exigir al gobierno de Zapatero la retirada de las tropas de Afganistán, por ejemplo. El toque maestro -no sé si de humor o de qué- lo ha puesto cuando ha anunciado que se negará la comunión a aquellos diputados y senadores que hayan votado a favor de la citada ley.
De nuevo esta medida merecería cierto respeto y credibilidad si no tuviéramos aun en la retina las imágenes de Pinochet tomando la comunión de manos nada menos que del papa Juan Pablo II. Es un lugar común recordar esto, pero me gustaría escuchar las argumentaciones de Camino para justificar tal cosa -si las ha ofrecido, por desgracia no las he podido conocer. Además ¿por qué solo a los diputados? ¿Acaso no deben ser excluídos todos los cargos de los partidos que han defendido y apoyado dicha Ley?
Pero lo más patético de todo ha sido la exclusión de S.M Don Juan Carlos I, rey de España, de estas medidas excomulgatorias , a pesar de que él debe dar validez con su firma a la ley aprobada por el Congreso y el Senado. Un grupo de católicos integristas, sí, pero coherentes al menos, ha pedido a la Conferencia Episcopal -llevan más de 50.000 firmas- que también el Rey sea excomulgado si da curso legal a esa Ley. Pero Camino les ha dado un disgusto: el Rey no será excomulgado. Cuando ha sido preguntado acerca del por qué, ha argumentado de un modo tan necio que echa por tierra la buena fama de argumentadores de los jesuítas. He aquí algunas de sus perlas:

"Que su majestad el rey tenga que sancionar con su firma una ley es una situación única"
"No hay ningún otro ciudadano que se encuentre en esta situación. Por lo tanto, no son posibles los principios generales para una situación única".
"Una cosa es lo que haga Su Majestad el Rey, que es un caso único, y otra cosa es lo que haga un político con su voto, que tiene consideraciones diversas"

En fin, argumentos de peso. ¿El "caso único" que exime al Rey de culpa ¿en qué consiste? ¿Tendrá Dios allá en el cielo en cuenta ese caso único, el caso único de ser Rey? Qué razón tiene José María Castillo cuando afirma que hoy en la iglesia los altos cargos ya no los ocupan grandes teólogos sino personajes grises. Cuando se le preguntó por qué el católico rey español no hacía lo que su homólogo belga, Balduino, que abdicó tres días para no tener que firmar la Ley, Martínez Camino se sintió acorralado y dio por zanjada la discusión.

Este bochorno espantoso, esta demencial exposición pública, con el descaro y la sinvergonzonería de los Reality Shows, de las miserias y el servilismo de la Conferencia Episcopal ha sido posible porque en España se sigue manteniendo la unión medieval entre Iglesia y Estado, a pesar de hallarse inmersa en un contexto cultural supuestamente laico o, al menos, aconfesional. Claro que esto es lógico, ya que el gobierno socialista mantiene prácticamente intacto el Concordato que Franco firmase con el vaticano, otorgando a la religión católica privilegios que van en contra de lo que se refleja en la tan adorada Constitución. De esta forma, todos, querámoslo o no, subvencionamos con nuestros impuestos sus colegios, hospitales y negocietes varios. Estoy convencida, sin embargo de que, a largo plazo, la principal perjudicada por este chanchullo que ahora parece tan provechoso, va a ser la propia Iglesia. Esos saduceos no se dan cuenta de que el poder terrenal con el que se conchavan, la ultraderecha mundial, los está utilizando y que cuando ya no les sirvan, los tiraran a la basura. Roma no paga a traidores, Rouco Varela. Y me temo que Dios tampoco.

3 comentarios:

bLuEs dijo...

A mí también me resultó relativamente llamativa esta noticia. No porque sea algo distinto a lo que llevamos visto, sino por la burrada lógica tan grande que supone. Sólo una mentalidad similar a la de los tiempos en que literalmente se "compraba" salir del purgatorio puede mantener este tipo de argumentos. Como se ve las cosas no han cambiado demasiado.

Me alegra que hayas escogido esa foto. Aparte de porque va acorde con el tema porque es muy importante ese gesto. En unas cuantas entrevistas recientes que vi sobre los militares más sanguinarios de las dictaduras del cono sur lo lque me pareció más llamativo es que algunos ahora parecen verlo más claro pero en aquellos momentos era precisamente la comunión la que tapaba sus conciencias. Me llamó mucho la atención ver la forma en que declaraban que si no hubiese sido por el "apoyo" de la Iglesia hubiesen sentido más remordimientos de conciencia (eso como poco).

Tengo la impresión de que si hay infierno me encontraré a mucha gente conocida allí. O quizás el infierno ya esté en esta vida.

Saludos

Dizdira Zalakain dijo...

Me parece increíble que dijeran eso los militares. En los dos sentidos: increíble por sorprendente, e increíble porque me parece que es mentira.
Por las mismas, la Iglesia podría responder que ella no sabía que los militares estaban haciendo cosas tan horribles, o que les habían engañado haciéndoles creer que aquella gente a la que había que asesinar era muy peligrosa.
Así que al final nadie tuvo la culpa.

bLuEs dijo...

Mi "amigo" el obispo Gea Escolano hablando sobre el tema. Parece que la rabia le va a Zapatero. Le cuesta más "tocar" al Rey.