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jueves, 16 de febrero de 2012

Natillas

Teniendo en cuenta lo extremadamente sencillo de su elaboración y la diferencia de precio y calidad, una no entiende cómo hay quienes todavía prefieren comprar natillas hechas vaya usted a saber de qué y metidas en cacharros de plástico. Sí, vale, ya sé que esos ases del deporte que las anuncian dan mucha pena y hay que ser solidarios con esa gente que a lo mejor no ha tenido suerte en el reparto de neuronas. Pero por una vez vamos a abandonar el aspecto ético de la cuestión.
Los ingredientes para, literalmente, pegarse un atracón de natillas salen por poco más de un euro.

Ingredientes:
-1 litro de leche entera,
-3 ó 4 cucharadas de azúcar,
-3 cucharadas de harina de maíz.
-3 huevos,
-1 cucharadita de mantequilla,
-Una ramita de canela y, opcionalmente, vainilla.
-Un poco de canela en polvo (opcional)
-Un poco de corteza de limón.


Modo de elaboración:

Para empezar, cortamos lo más finamente que podamos un poco de corteza de un limón. De este modo evitamos la parte interna de la corteza, de color blanco y muy amarga. También necesitamos un palito de canela en rama. La vainilla natural es bastante cara y, para mi gusto, la sintética huele espantosamente a gofrería de hipermercado. Así que casi es preferible prescindir de ella.
Ahora separamos un vaso del litro de leche y en el resto echamos el azúcar, la mantequilla, la corteza de limón y la canela y lo ponemos al fuego.

Mientras, separamos las claras de los huevos y nos quedamos solo con las yemas. Hay unos cacharritos muy prácticos en las ferreterías a tal fin para los más torpes. A las yemas les añadimos la harina de maíz. Si podéis evadir el monopolio mafioso de la corporación criminal Unilever, fabricante de Maizena y comprar otra marca, tanto mejor, porque Maizena está hecha con maíz transgénico. En un bol batimos bien la harina, las yemas y el vaso de leche que habíamos reservado.

Cuando la leche del cazo hierva, la colamos, le añadimos la mezcla del bol y volvemosa ponerla a fuego medio-bajo batiendo bien todo el rato y retirándola justo antes de que comience a hervir.
Ya solo nos queda repartirla en los recipientes en los que vamos a servirla, espolvorear de canela y meterla en la nevera para que se enfríe y espese.
Y ya tenemos nuestras natillas que podemos acompañar de chocolate caliente o rallado, de confitura de fresa, o de las clásicas galletas María, por supuesto.
Listas para gustar... Uff, sí, en aquellos anuncios publicitarios las natillas eran las más listas, desde luego...

viernes, 9 de diciembre de 2011

Albóndigas de pescado con ali-oli negro.

Vamos a dedicar la entrada de hoy a una de esas recetas cuya finalidad es sacarle el máximo partido a materias primas de poca calidad. Las albóndigas de pescado que vamos a preparar están hechas básicamente con merluza congelada y atun en conserva. Dos ingredientes todavía hoy baratos.

Ingredientes:
-500 gr de merluza
-500 gr de bonito
-2 chalotas
-Aceite de oliva
-Una cucharada pequeña de pimentón dulce
-Una pizca de pimentón picante
-Limón
-100 gr. de pan rallado
-100 gr de harina de maíz
-1 huevo
-100 gr. de mayonesa
-2 dientes de ajo,
-2 bolsitas de tinta de calamar.

Modo de elaboración:
Dejamos que la merluza se descongele. La merluza congelada, sobre todo la más barata, suele presentarse con espinas y piel. Si éste es nuestro caso, el mejor modo de quitar ambas es rehogar los filetes o rodajas en un poco de aceite hasta que estén hechas. Cuando se enfríen un poco, les quitaremos la piel de un tirón. Luego las desmenuzamos con los dedos. Así, de paso, podremos controlar fácilmente que no se nos cuele ninguna espina.
El atún de lata, si es de los baratos, suele venir ya hecho migas. De no ser así, lo desmigamos también con los dedos. En cualquier caso procuraremos eliminar la mayor cantidad de aceite que nos sea posible.
En un bol grande ponemos la merluza y el atún desmigados.
Seguidamente, echamos un chorrito de aceite en una sartén grande y pochamos las chalotas muy picadas. Cuando estén doradas, añadimos los dos tipos de pimentón, lo removemos bien y lo sofreímos levemente con cuidado de que no se queme - el pimentón quemado sabe a demonios. Añadimos el atún y la merluza desmenuzados y los dejamos rehogando unos cinco minutos.
Después vertemos el contenido en un bol grande y dejamos que se enfríe lo suficiente como para que no nos quememos al amasarlo.
Pero antes de hacer las albóndigas, añadamos algunos ingredientes al picadillo. Primero exprimimos el zumo de un limón sobre la mezcla. Para que no caigan pepitas, podemos interponer un colador. Luego batimos un huevo y lo añadimos también. Comenzamos a mezclar la masa y vamos añadiendo primero la harina de maíz y después el pan rallado. He puesto 100 gramos de cada uno como dato orientativo, pero lo mejor es ir echando pan rallado y harina hasta que comprobemos que la masa queda lo suficientemente densa como para preparar albóndigas compactas, que no se desmoronen al echarlas a la sartén. La harina de maíz puede sustituíse por harina normal de trigo, pero la de maíz hace que las albóndigas queden más jugosas.
Después ponemos una sartén con sólo una pizca de aceite a fuego medio y colocamos en ella las albóndigas y les vamos dando la vuelta el tiempo justo para que se doren por fuera. Con unos dos minutos será suficiente, ya que la masa de la albóndiga está ya cocinada.
Para acompañar las albóndigas podemos preparar una especie de ali-oli negro también muy fácil y económico (por supuesto, el ali oli bien hecho no se prepara así.) Para ello debemos pedir en la pescadería un par de sobrecitos de tinta de calamar. Luego no tenemos más que mezclar su contenido con unos 100 gramos de mayonesa de la marca que más nos guste en la batidora y un diente de ajo picado. Lo batimos bien todo y listo.
He aquí un plato quizá no muy ortodoxo ni delicatessen, pero sabroso e ideal para niños tragones y para llegar a salvo a final de mes. Qué gran invento, la albóndiga...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Bacalao gratinado con verduritas.

Aunque hay días en los que se te cierra el estómago, nosotros debemos, podemos, comer todos los días, así que propongo una receta, como siempre, muy sencilla con uno de los elementos que yo creo que más he utilizado en las recetas de este blog: el bacalao.

Ingredientes para 4 personas:
-4 lomos de bacalao desalado sin piel ni espinas,
-600 gramos de espinacas o acelgas,
-1 puerro,
-2 chalotas,
-Mantequilla,
-Harina,
-Fumet de pescado,
-Sal,
-Pimienta blanca,
-Pimentón.


Modo de elaboración:

Ponemos los lomos de bacalao (sin piel y sin absolutamente ninguna espina -no vayamos a tener un disgusto) en un cazo con agua hirviendo y esperamos hasta que el agua vuelva a entrar en ebullición. Entonces lo mantenemos hirviendo dos minutos más. Después los escurrimos bien y los reservamos.
Ahora vamos a la otra parte del plato: las verduras. En este caso, hemos utilizado espinacas. Deben usarse crudas (y lavadas, claro está) y, si son congeladas, deberemos descongelarlas por completo y escurrir muy bien toda el agua. Antes de encender el fuego, picamos muy finamente los puerros y las chalotas y los reservamos.
Ahora ponemos al fuego la sartén con un chorrito de aceite y, cuando esté caliente, añadimos el pimentón y lo removemos brevemente, con cuidado de que no se queme. Después añadimos el puerro y las chalotas muy picados hasta que se pochen y, casi al final, echamos las espinacas, rehogándolas entre 5 y 10 minutos. Antes de apagar el fuego, las espolvoreamos con pimienta molida y salamos a nuestro gusto, mezclando todo bien.
Untamos con aceite la fuente que vamos a introducir en el horno, colocando las verduras como lecho y los lomos de bacalao encima.
Solo nos queda preparar una salsa velouté. Un término así de cursi es precisamente el que hubiera estado bien colocar en el título de la receta, pero, la verdad, me da un poquito de vergüenza. La velouté no es más que una bechamel que, en vez de leche, utiliza caldo -normalmente de pescado. La palabra, obviamente francesa, significa "aterciopelada".
Si no sabéis cómo preparar la bechamel, podéis seguir estas instrucciones. La cantidad dependerá de lo ligera que deseemos la velouté. Si nos sale regular, pues a la batidora; no quedará quizá tan aterciopelada como debiera, pero está igual de buena.
Solo nos queda añadir una capa de nuestra salsa sobre los lomos de bacalao distribuyéndola de manera uniforme e introducir la fuente en el horno precalentado a 180 grados con la funcion de gratinado durante diez minutos.
Y ya tenemos nuestro plato. Cuidado con quemarse y con las espinas.

Variantes.
Podemos modificar varias cosas de la receta: añadir o quitar especias, o cambiar las verduras por otras que nos gusten más (teniendo en cuenta únicamente que quizá varíe el tiempo de rehogado) También podemos sustituir los lomos por bacalao desmigado: es más barato y el resultado es también muy bueno.

lunes, 10 de octubre de 2011

Zanahorias estofadas

¿Suena sencillo? ¡Lo es! Pero creo que puede ser interesante compartir algunos truquillos para preparar algo tan elemental como unas zanahorias de modo que el resultado supere con creces nuestras expectativas.
Aparte del modo de cocción, lo más importante de la receta, desde luego, es la calidad de las zanahorias. Recomiendo usar las zanahorias en manojo (les he hecho una foto para que las distingáis). Vienen presentadas con sus hojas y son relativamente pequeñas y finas, pero mucho más sabrosas que las grandes. Son menos habituales porque se conservan peor y porque su aspecto las hace parecer de inferior calidad. Pero en las frutas y hortalizas, como en tantas otras cosas, las apariencias engañan.
Incluyo la opción de añadir algunas especias, pero no son necesarias. Quienes no dispongan de ellas o no sean muy aficionados a usarlas pueden cocinarlas simplemente con sal y verán que están mucho más sabrosas que, por ejemplo, las patatas fritas (y encima son bastante más dietéticas.) Quedan muy bien como guarnición para carnes y pescados o a modo de ensalada templada, sola o añadiendo lo que más nos guste.


Ingredientes básicos:
-Zanahorias
-Aceite de oliva
-Sal

Ingredientes opcionales:
-Caldo de verduras
-Cardamomo
-Cilantro
-Comino
-Gengibre
-Zumo de naranja
-Zumo de limón.



Modo de elaboración:
Debemos lavar bien las zanahorias y quitarles la piel con el clásico pelapatatas o raspándolas con un cuchillo. Luego las cortamos en rodajas finas o, mejor, en tiras, porque estas zanahorias son muy estrechas.
Cogemos una olla o un cazo grande y vertemos un chorrito de aceite de oliva, no demasiado porque las zanahorias sueltan su propio jugo.
El truco para conseguir unas zanahorias espectaculares y que me ha animado a escribir esta receta está en el proceso de cocción, que puede durar hasta 20 minutos y que exige que estemos pendientes de él. Lo bueno cuesta trabajo, atención y tiempo.
Empezamos rehogándolas en ese chorrito de aceite a fuego medio-lento, removiéndolas de vez en cuando. Pasados tres o cuatro minutos veremos que las zanahorias amenazan con quedar chamuscadas. Esta va a ser la tónica todo el rato. Debemos lograr que las zanahorias estén a punto de quemarse, pero, claro está, evitando que esto llegue a ocurrir. Esto lo conseguimos añadiendo un poquito de agua a ser posible templada (o de caldo de verduras) que emitirá el clásico ruido de agua al entrar en contacto con una superficie muy caliente.
Tapamos el recipiente (no herméticamente) y bajamos el fuego al mínimo. Cada dos o tres minutos, veremos que, de nuevo, las zanahorias amenazan con carbonizarse. Antes de que eso ocurra, les echamos otro chorrito de agua. Continuaremos con este proceso durante al menos un cuarto de hora y removiendo de vez en cuando. Mientras más tiempo le dediquemos, más tiernas quedarán.
Antes de retirarlas las espolvoreamos con sal fina (no mucha).
Si queremos una versión más especiada (recomendable sobre todo si no hemos logrado zanahorias de buena calidad) podemos añadir (un par de minutos antes de retirarlas del fuego) un chorrito de limon y de naranja y un poquito de algunas o todas las especias indicadas.

martes, 13 de septiembre de 2011

Arroz con ternera y frutos secos.

La paella de marisco seguramente supone un modo insuperable de sacar partido a esos pequeños granitos de almidón que constituyen el alimento básico de gran parte de la humanidad. Pero no solo de paella de marisco vamos a vivir, así que hoy proponemos sustituir los sabores marinos de crustáceos y moluscos por sabores dulces y algo picantes.

Ingredientes para 4 personas:
-400 gr de carne de ternera en dados
-300 gr de arroz bomba
-Caldo de carne o verduras
-Un puñado generoso de pasas
-Un puñado de nueces o almendras
-1 cebolla grande
-2 zanahorias grandes
-Aceite de oliva
-Sal
-Ras al-hanut
-Pimentón dulce.

Modo de elaboración:
Debemos asegurarnos de que la carne que compremos sea tierna. La cortamos en dados. La salamos y la condimentamos con ras al-hanut. (El ras al-hanut es una mezcla de muchas especias típica del magreb, bastante fácil de encontrar en los supermercados españoles. Si no se encuentra, puede sustituírse por pimienta y comino molidos.)
Después, colocamos en una sartén ancha o en una paella un buen chorro de aceite. Pelamos y picamos muy finas la cebolla y las zanahorias y las rehogamos hasta que se pochen.
En ese momento, incorporamos la carne. La sofreímos brevemente junto con las verduras y añadimos el arroz.
Mezclamos bien el arroz con el resto de ingredientes porque, a partir de ahora, ya no podremos removerlo. ¡Si se mueve el arroz durante la cocción, nos saldrá cremoso en vez de suelto!
Rociamos la mezcla con pimentón dulce y añadimos el caldo. Tanto si lo hemos elaborado en casa como si lo hemos comprado, debe estar muy caliente y ser el doble de cantidad que el arroz. Lo más práctico es medirlo en vasos y añadir el doble de vasos de caldo que de arroz..
Incorporamos las pasas y dejamos que hierva un par de minutos. Después lo ponemos a fuego medio-bajo sin que deje de hervir.
El arroz debería estar en su punto, es decir, tierno, suelto y sin líquido, en unos 15-20 minutos. Si vemos que se queda sin líquido antes de estar tierno, podemos añadir algo de caldo, siempre caliente y en poca cantidad.
Cuando esté casi hecho, incorporamos las nueces o las almendras. Si tenemos tiempo, las podemos tostar previamente para que estén más crujientes, pero no es preciso.
Una sugerencia es que cuando esté cocinado podemos espolvorearlo con un poco de canela. A mí me encanta pero no es apto para todos los gustos.
Y ya tenemos nuestro original plato para convertir el clásico pero demasiado vulgar domingo con paellita en casa de la suegra en una encantadora y sofisticada velada en casa de la Preysler. En vez del telediario de Piqueras, música de Il Divo. Y de postre, un Ferrero Rocher. Conquistaréis a esos amigos ...realmente!

sábado, 13 de agosto de 2011

Pipirrana

Este es el peculiar nombre de un manjar sano y refrescante típico de Jaén, tan injustamente poco conocido como los paisajes y el resto de la gastronomía de esta provincia, que posee muchas cosas dignas de mención, aparte de aceituneros altivos. Cualquier ignorante -como le ocurrió a servidora- la consideraría una ensalada, pero el giennense que me enseñó a cocinarla me aclaró que se trata de un plato en el sentido pleno del término, por encima de la vulgar ensalada veraniega.
No sé cuál será el origen de su nombre, pero como vasca, me atrevo a barrer para casa y suponer que pipirrana es una graciosa derivación de piperra (pimiento, en euskera) como ocurre con nuestra piperrada.
El caso es que parece que existen tantas variedades como personas que la preparan, pero yo me quedo con ésta, que me pareció, ciertamente, mucho más que una ensalada.

Ingredientes:
-3 tomates grandes muy maduros,
-1 pepino,
-1 pimiento verde italiano
-2 cebolletas,
-200 gramos de atún en conserva,
-3 huevos duros,
-2 dientes de ajo,
-Aceite de oliva,
-Vinagre,
-Sal.

Modo de elaboración:
Pelamos y cortamos los tomates y el pepino en dados pequeños.
Cortamos las cebolletas y el pimiento en aros muy finos.
Desmigamos el atún. Recomiendo, si el presupuesto da para ello, no comprar la típica lata de atún desmigado, que resulta sumamente aceitoso (y que suele llevar un aceite de muy mala calidad, que arruinaría el sabor refrescante de la pipirrana.) Es preferible comprar un trozo, escurrir bien el aceite y desmigarlo a mano.
Una vez cocidos los huevos, separamos las yemas las reservamos, picando las claras y añadiéndolas al resto de la ensalada.
Solo nos queda preparar una especie de vinagreta majando los dientes de ajo y las yemas de los huevos en el aceite. A ello se le añade un chorrito de agua, vinagre y sal. Lo tradicional es majar los ajos y las yemas en el mortero y luego ir añadiendo los líquidos, pero podemos usar una batidora y batir todo de golpe.
Ya que se trata de una receta de Jaén un buen aceite de oliva virgen extra es casi obligatorio (además, para desgracia de los aceituneros que son altivos, sí, pero sometidos hoy por el FMI en vez de por el señorito) su precio está por los suelos de modoque no constituye un lujo disfrutar de un buen aceite de Jaén.
En cuanto al vinagre, usamos un vinagre de cava y, la verdad, estaba muy rico.
Finalmente aliñamos la ensalada con este majado y listo. Si nos gusta fresca, podemos meterla un rato en la nevera.
Buen apetito. Como dirían en Jaén, ¡la vística, nene, esto está exquisito!

domingo, 3 de julio de 2011

Pastel de salmón ahumado.

La tradición de ahumar el salmón es antiquísima. Se practicaba por los inuit y también, desde el neolítico, por los habitantes de las desembocaduras fluviales del Atlántico y Pacífico Norte. El proceso de ahumado exige primero poner el pescado en salmuera. Aunque, evidentemente, ya ninguna gran industria lo hace así, los filetes de salmón se colgaban luego a cierta distancia por encima de pequeñas hogueras que se tapaban con viruta de roble, de modo que no se llegaban a cocinar, ya que de ellas únicamente subía el aromático humo que luego otorga al salmón ese sabor tan característico. El proceso podía durar varios días.
Pero estos son viejos y hermosos cuentos. La inmensa mayoría del salmón que compramos hoy, sea ahumado, fresco o congelado, es tan falso que hasta su intenso color rosado es de mentira. Son producidos en piscifactorías: lugares cerrados en los que el agua se estanca e irremediablemente se convierte en un foco de enfermedades para los peces. Para combatir las infecciones, el agua es "tratada" con productos químicos, antibióticos y demás porquería. Eso por no hablar de que en muchas piscifactorías la acumulación de dioxinas procedentes de pesticidas e incineradoras alcanza límites alarmantes. Para que estén gordos, no se duda en alimentarlos con hormonas y, como hemos dicho, ese color tan aparente se logra dándoles de comer astaxantina, una sustancia que se utiliza para alimentar a todos esos animales que nos gusta que sean rosas: desde los langostinos a los flamencos (esperemos no ver a panteras rosas en breve).

Pero no os preocupéis, que mientras no fuméis o aspiréis el humo de otros fumadores, el Ministerio de Sanidad garantiza vuestra salud. Así que vamos a imaginar que esas bandejas de salmón ahumado (con humo bueno, no de Farias) que suelen presentar una orgullosa bandera Noruega son como las que comían los inuit in illo tempore.

La presentación más habitual del salmón ahumado es en finas lonchas, pero para esta receta, si es posible, es mejor buscar piezas más gruesas. A la hora de calcular las cantidades, debemos tener en cuenta que se trata de un plato muy contundente y que estamos en Julio y a muchos kilómetros al sur del Ártico.

Ingredientes para 3 ó 4 personas:
-4 patatas (más bien grandes)
-400 gr de salmón ahumado,
-200 gr. de queso rallado,
-Aceite de oliva,
-Sal,
-Pimentón,
-Nuez moscada,
-Harina,
-Mantequilla,
-Leche entera.

Modo de elaboración:
Lavamos las patatas sin pelar y las ponemos en agua hirviendo a la que añadiremos un chorrito de leche para que queden más tiernas. Cuando estén cocidas, las pelamos, las cortamos en rodajas y las colocamos sobre una fuente de horno que, previamente, hemos untado con aceite para que no se nos pegue el fondo.
Salamos las patatas y las rociamos con pimentón dulce.
Sobre ellas, colocamos el salmón ahumado cortado en tacos uniformemente distribuídos para crear una segunda capa.
Seguidamente, elaboramos una bechamel ligera, idónea para gratinar, que distribuiremos sobre el salmón, formando una tercera capa.
Y, por último, lo espolvoreamos con abundante queso rallado.
Introducimos la fuente en el horno precalentado, a 180 grados durante 10 minutos con la función de gratinado, y ya tenemos el plato listo.
Es ideal para invitados con niños plastas, zampabollos y maleducados. Mientras comen, están callados y quietos, que ya es algo. Después de comer, es probable que resulten poco móviles.
Buen apetito.

lunes, 6 de junio de 2011

Salmón escabechado.

El escabeche es una invención de la cocina árabe que se convirtió en uno de los métodos más utilizados de conservación de alimentos en una época en que la sal era muy cara y los frigoríficos no existían. Cuando luego se le añadió el pimentón llegado de América adquirió el color rojo tan característico que supongo es el que nos hace utilizar la palabra escabechina para referirnos a hechos sangrientos.
En esta receta no vamos a emplear el escabeche como conservante, porque eso requiere una serie de procesos extra y de medidas de seguridad que solo quien sabe muy bien lo que hace debería atreverse a realizar -y no es mi caso.
Vamos a emplearlo como modo de preparar un plato frío de salmón muy sabroso y muy adecuado para los días de calor. Además es una receta sencillísima.

Ingredientes:
-1 kg de salmón,
-Aceite de oliva,
-Vinagre,
-Sal,
-Pimienta,
-Pimentón dulce,
-Laurel,
-Romero,
-Tomillo,
-Cilantro.


Modo de elaboración:

Debemos trocear el salmón en gruesos tacos, cerciorándonos de que no tenga espinas ni piel. Seguidamente, lo colocamos en una olla muy ancha, de forma que todos los trozos toquen el fondo.
Espolvoreamos los trozos con una cucharada sopera colmada de sal gorda, una cucharadita de pimentón dulce y un pellizco de pimienta molida. Ahora, con las manos, nos preocupamos de que cada trozo quede rebozado con la pimienta, la sal gorda y el pimentón dulce.
Colocamos las hierbas encima. Si no las conseguimos frescas, podemos utilizar los frascos de especias secas que también son muy sabrosas. Las medidas aproximadas son: una cucharadita de romero, otra de tomillo, un ramillete de cilantro y dos hojas de laurel.
El aceite y el vinagre deben ir más o menos en esta proporción: el doble de aceite que de vinagre. La cantidad total será la necesaria para que los trozos de salmón queden cubiertos en la olla.
Ahora colocamos la olla a fuego medio hasta que comience a borbotear. La mantenemos unos 3 minutos así y luego dejamos que se siga cocinando con el fuego ya apagado. Yo recomiendo dejar la olla tapada por lo menos unas 3 horas para que el salmón se impregne bien y luego meterlo en la nevera para comerlo frío.
Este escabeche podemos prepararlo también con pescados como el atún, bonito o verdel. Ya veréis qué sabroso.
Por cierto, el escabeche que nos sobre después de comer el salmón podemos reutilizarlo para hacer más pescado o, pasándolo por la batidora y colándolo, como aliño de ensaladas.

jueves, 26 de mayo de 2011

Pollo crujiente al coco.

Esta receta la escuché en una emisora de radio mientras venía a casa en autobús. Se trataba de un concurso y la ganadora fue una receta muy parecida a la que os dejo aquí. La chica se llevó de premio un libro de cocina. No está mal. Pero, claro, luego a un tontolhaba de éstos de las estrellas Michelin se le ocurre gratinar una sandía y le dan medallas de oro y no sé que más. ¡Y encima la sandía sabe a rayos!
Pero bueno, el caso es que traté de memorizarla porque me pareció original. La falta de algunos ingredientes por un lado y la falta de memoria por otro, han producido ésto. Un nuevo modo de preparar pollo rebozado.

Ingredientes para 4 personas:
-1 kg de pechuga de pollo,
-Salsa de soja,
-Coco rallado,
-Copos de avena,
-2 huevos,
-Aceite de oliva,
-Aceite de sésamo,
-Sal,
-Pimienta,
-2 dientes de ajo.

Modo de elaboración:
Cortamos las pechugas en pedacitos, del tamaño de una nuez, como mucho. Los salpimentamos y los ponemos a macerar en un bol con la salsa de soja y los ajos laminados durante un par de horas.
Después ponemos en una sartén un chorrito de aceite de oliva y, si lo tenemos -no es imprescindible- otro chorrito de aceite de sésamo. Allí ponemos las bolitas de pollo a que se hagan un poco a fuego medio. Se trata de evitar que, al ser un poco gruesas, se queden crudas por dentro cuando luego las rebocemos y echemos a freir. Por ello las haremos a medias.

Después, las rebozamos pasándolas sucesivamente por coco rallado, huevo y copos de avena (esa cosa insípida que algunas personas de espíritu ascético toman para desayunar.)
Finalmente, ponemos aceite abundante en una sartén pequeña y cuando esté bien caliente las freimos.
Una vez doradas, las colocamos sobre papel absorbente para que se desprendan del aceite y listas.
Buen apetito.

domingo, 15 de mayo de 2011

Sopa de espárragos frescos.

"Espárrago". He aquí una de esas palabras lo suficientemente estrafalarias como para que nos preguntemos de dónde procede. Desde luego parece una palabra muy indoeuropea, porque en todos los idiomas de Europa se pronuncia de modo similar. Desde el espargos protugués, al spergill islandés, desde el asparagu maltés, al sparagai lituano... El único idioma europeo que lo llama de otro modo parece ser el euskera, que también es el único no indoeuropeo -algunos piensan que es el único pre. Aquí los llamamos zainzuri (que significa raíz blanca) o puerro francés (frantsesporrua.)
Todo esta introducción en plan Corominas no tiene otro objeto que comentar lo afortunada que me siento por haber nacido en un sitio que procura no ser indoeuropeo, en el día después de Eurovisión, ése horror en el que cientos de europeos hacen el indio.
Por cierto.. ¿por qué se dirá hacer el indio? Yo al único indio que conozco digno de ser el origen de semejante dicho es a Gandhi... Por su culpa, millones de personas en todo el mundo creen que haciendo el indio es como se lucha por los derechos. Por ejemplo haciendo el indio en Twitter se logra echar a Mubarak, al que ni las más violentas protestas habían logrado expulsar durante 30 años. ¿de qué estaba hablando yo...? Ah, si... De la sopa de espárragos.

Pues esta es una de esas sopas frías, dietéticas, diuréticas, refrescantes y que encima poseen un delicado sabor. Además es fácil de preparar.

Ingredientes:
-Un manojo de espárragos blancos. (Se pueden sustituir por espárragos en conserva de buena calidad.)
-Un manojo de espárragos verdes (o de trigueros)
-2 huevos duros,
-Azúcar,
-Sal,
-Mayonesa,
-Eneldo,
-Estragón.

Modo de elaboración:
Limpiamos bien todos los espárragos, quitándoles la capa externa y las hebras. Si queréis ver a un navarrico muy salao dando una explicación científica sobre cómo pelar espárragos, aquí la tenéis.
Ponemos agua a hervir con sal y azúcar. Si los espárragos blancos los hemos comprado frescos, los cocemos durante unos veinte minutos. Después, los retiramos y dejamos que se enfrien. Una vez frios, cortamos la yema, que es la parte más tierna, y la reservamos. Si los espárragos son en conserva nos ahorramos todo este rollo, los lavamos bien bajo el grifo para que se desprendan del sabor de la conserva y cortamos también las puntas, reservándolas.
Ponemos a hervir también los espárragos verdes o trigueros en la misma agua que los anteriores, no más de 7 u 8 minutos porque conviene que queden al dente. Los dejamos enfriar y los cortamos en tiras finas como si fuesen tallarines.
En medio litro del agua de cocción, ya fría, incorporamos la parte que nos quedó de los espárragos blancos, una vez apartadas las yemas, dos cucharadas soperas de mayonesa, un pellizco de eneldo y otro de estragón y lo trituramos con la batidora.
Una vez hecha la sopa, añadimos los espárragos verdes o trigueros, las yemas de los espárragos blancos que habíamos reservado y dos huevos duros desmenuzados. Lo guardamos en la nevera y lo consumimos frío.
Esta es la sopa básica. Si apetece, podemos completarla con verduras en daditos como pepinillo, melón, remolacha, zanahoria, etc.

Buen apetito.

jueves, 21 de abril de 2011

Alubias con rape y langostinos

Además de la patata, el tomate y el pimiento, las alubias, tal como las conocemos hoy, son originarias de América. Las variedades que existían en Europa eran las habas, que no es que estuvieran mal pero no eran lo mismo, la verdad. Dicen que Pitágoras prohibía el consumo de habas. Aparte de esta ilegalización, y la lógica moderación que debe autoimponerse todo aquel que tema a la aerofagia, no sabemos que esta legumbre haya estado ilegalizada nunca más, por lo que llama la atención su continuo cambio de nombre. Solo en España se las denomina de una docena de maneras distintas, sin que tampoco esto sirva de mucho para distinguir las verdes de las secas. En Hispanoamérica conviven denominaciones de origen latino ("frijol" y de origen autóctono "acoyotl" o "caraota.")
En Euskalherria y La Rioja es muy apreciada una variedad llamada potxa, que resulta especialmente tierna. Pero, vamos, que las alubias de Barco de Ávila o las fabes asturianas también tienen justa fama.
Para cocinar las alubias, podemos comprarlas crudas y cocerlas, lo cual requiere tiempo y previsión, o comprarlas ya cocidas. Aunque los cerdos yankis están ya empezando a invadir Centroamérica con judías transgénicas, a España, que yo sepa, no han llegado aun y la mayoría de las marcas que se suelen vender en el súper son de pequeñas empresas. Aprovechad ahora: algún día todos los estantes estarán ocupados por los botes de colorines anunciados en TV con un estúpido nombre anglosajón por fuera y basura comestible por dentro.

En resumen, esta receta admite cualquier tipo de alubia blanca cremosa y de tamaño grande, precocida o cruda. Tambien admite otros pescados además del rape: mero, rodaballo, o perca, por ejemplo.

Ingredientes (para 2-3 personas):
-400 gr de alubias blancas
-1 rodaja grande de rape,
-18 langostinos (orientativo, claro)
-1 puerro,
-2 chalotas,
-1 bandeja de ajos frescos,
-Sal,
-Pimienta negra molida,
-Unas hebras de azafrán,
-Pimentón dulce,
-Cayena molida -si nos gusta el picante,
-Aceite de oliva.

Modo de elaboración:
Si las alubias están crudas:
Las tenemos en remojo durante 24 horas y las ponemos a cocer a fuego lento hasta que estén tiernas y suelten un característico jugo espeso. Las salamos a nuestro gusto hacia el final de la cocción.
Si las hemos comprado cocidas.
Vacíamos el bote y pasamos las alubias por agua fresca, para que se les vaya el sabor a conserva.

Pelamos ahora los langostinos, reservando cabezas y cáscaras para elaborar un fumet ultrarrápido y troceamos la rodaja de rape en pedacitos de bocado.
Salpimentamos los langostinos y el rape y los doramos en poco aceite (si los langostinos los hemos comprado ya cocidos, esto no es necesario). No debemos dejar que se hagan demasiado porque terminaremos de cocinarlos con el guiso.
Reservamos también el pescado y pasamos a elaborar el prometido fumet.

¡El fumet ultrarrápido!

Se trata de una alternativa al caldo tradicional, que, sí, queda muy sabroso pero que consume gas y tiempo que da gusto. Así que aquí va la ultrarrápida explicación del fumet que también es ultrarrápido.
Cubrimos los restos de los langostinos con agua tibia y lo trituramos con la batidora, colándolo después.
Ya está.

Reservamos igualmente el fumet.
Ahora elaboraremos la salsa. Para ello, calentamos un buen chorro de aceite y pochamos el puerro, las chalotas y los ajos tras haberlos pelado y picado muy finos. Cuando estén dorados y tiernos, pasamos las verduras también por la batidora.
Ahora vertemos en un puchero la salsa de verduras y las alubias. Lo mezclamos bien y añadimos el pescado. Cubrimos el guiso con el fumet. Removemos bien. Cuando tengamos todos los elementos mezclados, añadimos el pimentón, el azafrán y la cayena y rectificamos de sal si es preciso. Lo dejamos diez minutillos a fuego lento y removemos de vez en cuando.
Seguro que vuestros amigos, familiares y gorrones os felicitan por el plato. De no ser así, es hora de volver a usar la batidora, con un buen alargador.

¡Buena digestión!

jueves, 7 de abril de 2011

Bolas de patata rebozadas.

Aquí tenemos otro ejemplo de aperitivo que puede servir también de acompañamiento o guarnición, relativamente original y además muy adaptable a los gustos de cada uno. Si hacemos el puré casero es un poco más complicado, pero utilizando puré de patata en polvo el resultado será también muy bueno y la elaboración sencilla y rápida.


Ingredientes:
-Puré de patatas de sobre o casero. (En este último caso, necesitaremos, lógicamente, patatas para su elaboración)
-Leche
-Mantequilla.
-Sal
-Nuez moscada,
-Perejil,
-Pimentón dulce,
-Pimentón picante,
-Pan rallado.
-Aceite de oliva.

Modo de elaboración:
Lo hagamos en casa o de sobre, debemos elaborar un puré de patata más denso de lo habitual, de esos en los que clavas una cuchara y se queda vertical. Esto es para que las bolas que vamos a preparar tengan la suficiente consistencia para ser amasadas y fritas.
Si hacemos el puré de forma tradicional, pelamos las patatas, las salamos y las ponemos a cocer en agua hirviendo, bajando luego el fuego hasta que estén tiernas. Las mezclamos con leche y mantequilla derretida y las pasamos por un chino. Iremos añadiendo la leche poco a poco para calcular que nos quede el punto de densidad que necesitamos.
Podemos dejarnos de complicaciones recurriendo a un puré de sobre y utilizando un 50% más de dosis de puré en polvo de la que se indica en las instrucciones.
En ambos casos, mientras vamos removiendo el puré, añadiremos las especias. Primero corregimos el punto de sal y añadimos un poco de nuez moscada. La nuez moscada es un ingrediente que me parece indispensable para cualquier puré de patata. Luego añadimos perejil muy picado, pimentón dulce y un poquito de pimentón picante (cuidado con el pimentón picante: algunas marcas son muy, muy picantes.) Existe en el mercado una variedad de pimentón semipicante muy rico llamado okal -como el calmante. Si podéis conseguirlo, os lo recomiendo.

Cuando se enfríe un poco amasamos la masa en forma de bolitas no demasiado grandes. Las pasamos por una capa de pan rallado (no hace falta huevo) y las freímos en aceite muy caliente. Como el puré ya está hecho, basta con darles una vuelta y sacarlas en cuanto el pan rallado adquiera color dorado.

Esta receta admite infinidad de variantes. Podemos sustituir el pimentón por orégano. O utilizar un queso rallado de sabor intenso, como el parmesano. O darles un toque exótico empleando curry, Ras el-Hanut, comino, etc.
También pueden presentarse con casi cualquier salsa que se nos ocurra.
¡Buen provecho!

miércoles, 2 de marzo de 2011

Suflé de espinacas y requesón.

Resulta extraño ponerse a cocinar y, peor aún, hablar de cocina con la que está cayendo, pero a mí me sirve de evasión, supongo que como a otros pintar, cuidar sus plantas o echarse una partida de cartas. Además, comer es de esas cosas que hay que hacer quieras o no. Así que, al menos, vamos a disfrutar ahora que todavía podemos.
La palabra suflé (soufflé) significa inflado. Esto que vamos a cocinar hoy no es exactamente un suflé, porque en el suflé se utilizan sólo las claras de los huevos -y eso es lo que hace que se hinche como un globo -y luego, con el tiempo se vaya desinflando, también como un globo. Por eso nuestro suflé tendrá una consistencia ligera y esponjosa, más parecida a la de un flan.

Ingredientes:
-Masa de hojaldre
-300 gr de espinacas.
-150 gr de requeson (o queso fresco de untar)
-150 gr. de nata.
-1 puerro,
-2 chalotas,
-Aceite de oliva,
-Mantequilla,
-100 gr de fiambre de pavo,
-4 huevos,
-Sal,
-Pimienta.

Modo de elaboración:
1. Untamos con mantequilla un molde de horno para que no se nos pegue el hojaldre.
2. Cogemos una lámina de hojaldre de esas precocinadas y cubrimos el fondo y los laterales del molde con ella, pues estamos haciendo una especie de tartaleta gigante. Es posible que la lámina no tenga el tamaño deseado. De ser así, podemos extenderla más si la amasamos con un rodillo -a cambio, claro está, la masa quedará más fina. Recordemos que para amasar hojaldre es preciso enharinar la herramienta con la que lo vayamos a hacer o se nos pegará.
3. Introducimos el hojaldre en el horno precalentado a 200 grados durante 5 minutos, ya que de momento se trata de darle solo un golpe de horno para que el hojaldre se seque.
4. Una vez retirado del horno, cubrimos el fondo con fiambre de pavo hecho pedacitos.
5. Vamos ahora con el relleno. Si las espinacas son congeladas, las descongelamos y las escurrimos al máximo, para que pierdan todo el agua que sea posible. Para ello podemos ponerlas en un escurreverduras y aplastarlas. Si son crudas las usamos tal cual.
6. En una sartén, vertemos un chorro de aceite y ponemos a pochar el puerro y las chalotas bien picados. Cuando estén tiernos y doraditos, añadimos las espinacas y las rehogamos durante cinco minutos.
7. Añadimos el requesón o queso fresco para untar, salpimentamos y removemos para que se mezcle bien.
8. Vertemos el contenido de la sartén en un bol y lo pasamos por la batidora.
9. En el mismo bol, añadimos los 4 huevos y la nata y volvemos a batir la mezcla. Nos quedará una crema verde de lo más vistosa.
10. Vertemos esta crema sobre el hojaldre uniformemente y volvemos a introducirlo en el horno. En esta ocasión a 140 grados durante unos veinte minutos.

Listo. Puede comerse caliente o como aperitivo frío, partiéndolo en pequeñas porciones.
No ha sido a cosa hecha, pero ahora veo que este plato es igualito a la bandera de Libia. ;) Sirva como homenaje a esta nación que, de no suceder un milagro, pasará a ser la próxima víctima de la rapiña capitalista.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Compota de manzana.

La compota es un postre tradicional de Euskal Herria y muy típico de las Navidades. Ahora está dejando de consumirse en favor de propuestas mucho más sanas y naturales, como el turrón de chocolate y los polvorones industriales. A ver si no terminamos cambiando el besugo por la panga...
Pero la compota "de diario" que propongo hoy es bastante más sencilla y digestiva que las compotas navideñas tradicionales, hechas básicamente de ciruelas y orejones. También es muy refrescante para tomar entre horas.
Puede acompañarse con miel, helado, nata, frutos secos, etc.


Ingredientes:
-Manzanas (mis favoritas son las reinetas)
-Azúcar moreno.
-Canela.



Modo de elaboración:
Como digo, la cosa no puede ser más simple. Pelamos las manzanas, quitándoles el corazón y las cortamos en forma de obleas o monedas finas. Las colocamos en una olla, cubriéndolas apenas de agua.
Añadimos azúcar al gusto y las espolvoreamos de canela en polvo.
Las mantenemos a fuego lento y tapadas hasta que adquieran una consistencia parecida a la mermelada. La casa se llenará de un aroma delicioso. Dejamos que se enfríe y a disfrutar. En la nevera se conserva muy bien y fresquita está muy rica.
Buen provecho.

sábado, 12 de febrero de 2011

Algunos trucos para la Salsa Bechamel.

Antes de los trucos hagamos, como es habitual, un poco de historia. Quienes sigan los rollos que a menudo suelto en este blog sobre los orígenes de tal o cual receta, no se sorprenderán si les digo que, una vez más, la salsa Bechamel debió ser introducida en Francia por Catalina de Médicis. El nombre que actualmente posee se lo debemos a una larga serie de falsedades y noticias apócrifas que nos ofrecen una lección acerca de cómo los laureles nunca los otorga la Historia a quien los merece. Podemos decir sin miedo a exagerar que la única perola que justamente ha sido coronada por el laurel es la del estofado.
Las Memorias de la Marquesa de Croquy afirman que el vizconde Béchameil de Nointel reclamaba la autoría de la "salsa blanca" -que es la otra manera de llamarla. Pero hemos de tener en cuenta, por un lado que, tras esta afirmación, la marquesa de Croquy relata este malicioso comentario del duque de Escars:
"¡Es afortunado, este pequeño Béchameil!. ¡Yo, que ya hacía servir las más deliciosas aves a la crema veinte años antes de que él viniera al mundo, nunca he tenido la felicidad de poder dar mi nombre ni a la más modesta de las salsas!."
Para colmo, en la época del absolutismo francés era muy frecuente que los aristócratas se apropiaran de los inventos de sus siervos para ponerles su nombre. Así que, suponiendo que la salsa blanca hubiese sido realmente introducida en Francia por el vizconde de Béchameil, quien realmente la inventó fue su cocinero, del que nada sabemos -salvo que habría hecho muy bien en añadir cianuro a la receta. Las cosas no han cambiado: ahora los grandes accionistas de los oligopolios son los dueños reales de las obras de músicos, escritores, científicos, etc.
Por si esto fuera poco, la obra en que se transmite la noticia, las memorias de la marquesa de Croquy, son probablemente una falsificación del siglo XIX.
En resumen, que llamar a esta salsa Béchamel es como llamar académico a Pérez-Reverte.

Vamos ahora a dar algunos trucos para la elaboración de la salsa.
La bechamel es de esas recetas que nos hacen creer en la magia o, por lo menos, en la emergencia de lo cuántico en el mundo visible. Por más que se midan con precisión cantidades y temperaturas, hay a quienes les salen grumos, mientras que hay también otros que, echando los ingredientes a ojo, siempre consiguen una textura fina. Si estás en el primer grupo, recurre a la batidora. Si el destino hace trampas contigo, estás legitimado a hacerlas tú también.

Comenzaremos distinguiendo entre tres tipos de bechamel en función de su espesor. Cada una es apropiada para un tipo distinto de aplicación:
1. Bechamel ligera, es decir, la idónea para acompañar pasta, verduras, carnes y pescados o para gratinar.
2. Bechamel mediana: la ideal para un relleno.
3. Bechamel espesa, destinada a elaborar croquetas.
El tipo de densidad dependerá de la cantidad de harina y mantequilla que le pongamos, pero hay varios trucos que nos ayudarán a conseguir una bechamel bien ligada.
-Debemos emplear siempre la misma cantidad de mantequilla y de harina.
-Debemos mezclar ambas a fuego lento para que se amalgamen bien y evitar el sabor a engrudo.
-La leche que incorporaremos lentamente debe estar caliente -aunque hay quienes dicen que no, que debe estar fría. Ya he dicho que esto de la bechamel es todo un misterio...
Teniendo esto en cuenta, la manera de cocinar la bechamel es esta: colocamos en una sartén a fuego muy lento mantequilla derretida, añadimos la misma cantidad de harina y mezclamos bien con una varilla o una cuchara de palo. Cuando la mezcla empiece a burbujear y a adquirir un cierto tono tostado, incorporaremos la leche, poco a poco, sin dejar de remover la mezcla. Por último, sazonamos con una pizca de sal y otra de nuez moscada.
Las cantidades adecuadas en función de la bechamel que vayamos a preparar son las siguientes:
1. Para la ligera: 50 gramos de mantequilla y 50 de harina por litro de leche.
2. Para la mediana: 80 gramos de mantequilla y 80 de harina por litro de leche.
3. Para la espesa: 120 gramos de mantequilla y 120 de harina por litro de leche.

Con estos trucos, espero que otengáis una bechamel perfecta y deliciosa. Si no, seguramente no sea culpa mía, sino de alguna variable no controlable. ;)

Finalmente, podemos condimentar nuestra bechamel con especias como pimienta blanca, negra, clavo, etc. También podemos añadirle un toque de mostaza, salsa de tomate, curry o queso y cebolla finamente rallados. Esto en función del plato al que vayamos a destinarla. Además, mezclando con la leche caldo de pescado, verdura o carne, obtendremos una crema deliciosa, denominada velouté, que se puede servir como primer plato.

Para sacarle partido a vuestra salsa, sugiero dos recetas que podéis encontrar en este blog: hojaldre de bacalao y espinacas y croquetas de bacalao.
Buen apetito.

sábado, 5 de febrero de 2011

Sorbete de yogur.

Los sorbetes llegaron de Oriente a Europa a través de los árabes que se asentaron en al-Andalus. éstos a su vez los habían recibido de los persas y éstos de los chinos. Durante la Edad Media se tomaban sorbetes en al-Andalus mezclando nieve con zumos de frutas y hierbas aromáticas. La nieve se conservaba en grutas, prensada y con sal, de modo que incluso en verano podía disponerse de ella. Más tarde, también desde China penetraron en Europa los helados a través de Catalina de Médicis -de la que ya hemos hablado aquí en relación con el Pato a la Naranja.
El sorbete que vamos a proponer es muy refrescante y de sabor delicado, nada dulzón, pensado más bien como aperitivo o para tomarse entre plato y plato que como postre.
El yogur queda muy poco camuflado por los demás ingredientes, por lo que es recomendable que, si podemos, consigamos un yogur natural de buena calidad. Yo tengo la suerte de que en la tienda de la esquina disponen de una marca excelente, artesanal. Como he visto que tienen tienda online, os dejo aquí el link, por si os interesa probar una de las (muchas) exquisiteces de mi tierra.



Ingredientes:

-200 gr de yogur natural.
-1 cucharadita de azúcar.
-1 pizca de sal.
-Un pellizco de canela,
-Menta o hierbabuena fresca,
-Hielo picado.


Modo de elaboración:
Este sorbete no puede ser más sencillo de preparar. solo tenemos que introducir todos los ingredientes en la batidora y darles una vuelta. La única complicación que puede surgir es que no tengáis picahielos en casa, como me ha pasado a mí. Bueno, pues si tenéis un martillo o algo parecido también os vale. Meted los cubitos en una bolsa de plástico, ponedlos todos juntitos en una superficie dura y atizadles unos cuantos golpes... jeje...
Aunque, quizá sea una receta más bien veraniega, como he dicho, es muy refrescante y digestiva.
Así que buen provecho.

sábado, 15 de enero de 2011

Arroz meloso de hongos y txipirones.

La receta de hoy es más larga de preparar de lo habitual en este blog, pero tiene la ventaja de que podemos dejar cocinados el fumet de pescado y la salsa el día anterior. En realidad este ha sido también mi caso: la salsa me había sobrado de un plato del día anterior. Sea como sea, os va a valer la pena el tiempo invertido porque os va a quedar un plato delicioso.

Ingredientes para 4 personas:

1. Para el caldo de pescado:
-Restos del pescado elegido, (en este caso, bonito)
-1 cebolla,
-1 puerro,
-4 dientes de ajo.

2. Para la salsa:
-1 puerro,
-Una bandeja de ajos frescos
-1 chalota,
-150 gr de hongos,
-1 lata de cangrejo,
-Nata,
-Cacao,
-Mantequilla,
-Aceite de oliva.

3. Para el arroz:
-1 vaso de arroz bomba.
-200 gr de chipirones frescos,
-200 gr de gambas peladas,
-Una rodaja de bonito,
-2 dientes de ajo,
-Perejil,
-Pimentón,
-Aceite de oliva.

Modo de elaboración:
1. Vamos a comenzar preparando el fumet de pescado. Para ello, colocamos en una olla todos los restos del bonito y las gambas que no vayamos a utilizar: cabezas, espinas, pellejo... Añadimos la cebolla, el puerro y los ajos sin pelar. Los cubrimos con agua y dejamos cocer a fuego lento unos 40 minutos, hasta que tome color y aroma. Cuando esté listo, colamos con un escurridor y reservamos el caldo.
2. En segundo lugar, prepararemos la salsa. Para ello, en una sartén derretimos un trozo de mantequilla junto con un chorro de aceite de oliva. Mientras, pelamos y picamos muy finas todas las verduras: puerro, chalota y ajos frescos. Cuando estén pochadas, añadimos los boletus y el cangrejo. Lo dejamos a fuego lento unos diez minutos y, finalmente, incorporamos la nata y el cacao y lo mezclamos bien. Pasamos la mezcla por la batidora y si nos queda demasiado espesa la aligeramos con un poco de fumet hasta que adquiera el espesor de una bechamel. Cuando tengamos lista la salsa, la reservamos también.
Tanto el fumet como la salsa los podemos preparar de víspera y guardarlos en la nevera para ir adelantando trabajo.

3. Finalmente, preparamos el arroz. Para ello, troceamos el bonito en dados y los chipirones en aros. Tendremos cuidado de limpiar éstos muy bien para que no tengan arena.
Luego majamos con un mortero los dientes de ajo y el perejil y los ponemos a sofreír en un chorro de aceite de oliva. Añadimos después las gambas, el bonito y los chipirones y los rehogamos durante un par de minutos con cuidado de que no se queme el ajo.
Salamos a nuestro gusto y le ponemos un toque de pimentón. En este caso, hemos utilizado mezcla de pimentón dulce y picante que se llama okal (sí, como el calmante.)
Llega el momento de incorporar el arroz. Lo sofreimos un minuto mientras lo removemos y luego añadimos el fumet (unos tres vasos). Debemos dejar que hierva mientras lo removemos con una cuchara de palo. esto es imprescindible para que el arroz nos salga cremoso. Esta es precisamente la diferencia entre un arroz cremoso y uno normal. El normal no debe removerse nunca, pero el truco para que salga cremoso es removerlo con frecuencia.
Cuando el arroz ya no tenga líquido y esté tierno, añadimos la salsa poco a poco sin dejar de remover y manteniendo el fuego bajo. Una vez todo bien mezclado podemos servirlo y comprobar lo melosos que se ponen nuestros invitados para pedir más.

domingo, 9 de enero de 2011

Albóndigas en salsa de cola.

Algún día dedicaré una entrada al apasionante mundo de la Coca-Cola, el emblema del capitalismo criminal norteamericano. De momento, los interesados pueden repasar aquí algunas de las travesuras de esta simpática y chispeante marca de refrescos, especialmente las perpetradas en Colombia, "uno de los países, en términos globales, más exitosos de América Latina”, según declaró hace poco nuestro querido Felipe González.
Hoy solo quiero publicar una receta que use refresco de cola como ingrediente, pero como esto pretende ser un blog de cocina ética, invito a los que quieran prepararla en casa a que adquieran cualquier otra marca que no sea ni Coca-Cola ni su gemela criminal Pepsi-Cola. Es llamativo que las marcas alternativas a Coca-Cola que han ido apareciendo, sobre todo en el mundo árabe, sean imposibles de comprar en España. Un ejemplo de cómo se las gastan con la competencia lo podemos ver en el hecho de que la compañía Mecca-Cola haya sido condenada en Francia por diversos supuestos delitos de tipo económico y obligada a cerrar su sucursal en Marruecos por "opacidad de cuentas". ¡Una empresa obligada a cerrar por opacidad de cuentas! ¡Y en Marruecos! Y mientras tanto Coca-Cola asesinando con absoluta impunidad... También podemos ver qué les puede pasar a quienes se atrevan a comercializar Mecca-Cola en España. Manuel Tapial se atrevió, pero otro atrevimiento fue el que le hizo famoso: era uno de los miembros de la Flotilla de la Libertad y estuvo secuestrado -impunemente, por supuesto- por el ejército de Israel. Observemos las lindezas que un blogger sionista le dedica aquí.
Las empresas iraníes ZamZam-Cola o Parsi-Cola evidentemente tampoco pueden ser vendidas en España, ni en la UE.
Así que la única alternativa son los refrescos de cola de las marcas blancas de las grandes cadenas de supermercados. No es que sean el colmo de la compra ética, pero algo es algo.

Ingredientes:
-500 gr. de carne de ternera picada.
-Pan rallado
-Aceite de oliva
-Mantequilla
-Sal
-Pimienta
-Una cebolla
-Vinagre
-Mostaza
-Pastilla de caldo
-100 ml. de refresco de cola.

Modo de elaboración:
Salpimentamos la carne picada y amasamos bolas con ella. Las rebozamos en pan rallado y las doramos un poco en aceite de oliva. Las dejamos en papel de cocina, para que queden menos aceitosas.
Ahora prepararemos la salsa. Picamos la cebolla muy fina y la pochamos en una sartén con una cucharada sopera de mantequilla y un chorro de aceite. Una vez pochada desmenuzamos una pastilla de caldo, añadimos una pizca de mostaza y removemos bien hasta que se disuelvan. Después añadimos la cola, y un chorrito de vinagre. Dejamos que vaya reduciendo y cuando tenga una consistencia espesa, ponemos a cocer un par de minutos las albóndigas en la salsa.
Las servimos inmediatamente.
Buen provecho.

No quiero despedirme sin ofrecer antes un consejo de salud. Si alguna vez necesitáis un vomitivo y la farmacia está cerrada, probad a leer atentamente estos consejos para ser feliz. Os los ofrece gratuitamente una maravillosa ONG en la que colaboran altruistamente hombres sabios y honestos donde los haya: el Instituto de la Felicidad.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Bacalao al ajoarriero

Poco más se sabe sobre el origen de esta receta aparte de lo obvio: que debió tener algo que ver con los arrieros. Tampoco está muy claro su lugar de procedencia. ...Así que diremos que procede de Euskadi. ;)
Como hay muchas maneras de preparar este plato tradicional, yo voy a dejar aquí la que más me ha gustado.

Ingredientes, para 4 personas:
-750 gr. de bacalao desalado,
-4 dientes de ajo,
-1 cebolla grande,
-4 pimientos choriceros o ñoras,
-1 pimiento verde grande,
-1 cucharada de tomate frito,
-1 puerro
-Aceite de oliva,
-Cayena molida.

Modo de elaboración:
Usaremos, como siempre, un bacalao ya desmigado, que sale más barato y que se desala más rápidamente. (Debe estar a remojo entre 12 y 24 horas, en función del tamaño de los trozos y de las veces que cambiemos el agua)
En una sartén a fuego lento ponemos a pochar las cebollas, el puerro, los pimientos y los ajos en este orden, cortados en tiras o láminas finas.
Cuando están doraditos y tiernos, añadimos el tomate que, por cierto, algunos piensan que es opcional o que, directamente no debe añadirse. Una polémica así de tonta y de poco apasionante se ha generado en torno a la salsa vizcaina. Lo que hace la gente por no discutir de política...
Previamente, hemos sumergido en agua tibia las ñoras hasta que se queden blandas. Les quitamos la carne raspando con una cucharita, como si rebañáramos una tarrina de helado y la añadimos también al guiso.
En ese momento, añadimos el bacalao y la cayena a nuestro gusto, teniendo en cuenta que pica bastante. Lo dejamos a fuego lento unos diez minutos removiendo de vez en cuando y ya tenemos nuestro delicioso bacalao.
Puede comerse directamente en un plato o untado en una tostadita recién hecha.
A disfrutar.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Magret de pato a la naranja

El pato a la naranja se ha popularizado en nuestro entorno gracias a los restaurantes chinos, lo cual, junto a eso de que las naranjas vienen de la China, puede llevar a algunos a pensar que el origen de este plato es oriental. Es verdad que no cabe descartar un origen asiático remoto, ya que la naranja, aunque conocida en Europa durante el mundo antiguo, no fue cultivada y consumida regularmente hasta la Edad Moderna. En algún lugar se ha leído que su origen es francés, pero se trata de un error. El Pato a la Naranja fue exportado desde la refinada Toscana a Francia por Catalina de Médicis, cuando ésta se casó con el rey francés Enrique II. Las comilonas y los modales en la corte francesa a la que llegó Catalina eran todavía como los que vemos en las películas de la Edad Media: toneladas de animales asados acumulados sobre la mesa, vino peleón en gruesas copas de metales preciosos y pedrería, todo el mundo comiendo con las manos, grasa chorreando por doquier, eructos como salvas de artillería y separación por sexos. La dama toscana introdujo en la corte de su marido todo eso que luego fue identificado como refinamiento francés en la cocina: uso del tenedor de tres puntas, uso de la servilleta -instrumento que Leonardo da Vinci consideraba imprescindible, y no es de extrañar, si recordamos la larga barba que luce en sus autorretratos-, mesas mixtas, para damas y caballeros, vajillas de porcelana, copas de cristal y, sobre todo, un montón de nuevos elementos culinarios, como el azafrán, la pasta o los helados y de nuevas recetas, como la nuestra de hoy, el pato a la naranja.
Así que la cocina francesa debe a Catalina de Médicis toda la fama de la que ahora goza. Su marido se lo pagó poniéndole desde el principio los cuernos con Diana de Poitiers, una señora veinte años mayor que él. No quedó su ingratitud sin venganza: siendo aun joven, el muy capullo participó, con motivo de la boda de su hija con el rey de España, en un torneo en el que el Conde de Montgomery le dió -suponemos que sin querer- un lanzazo en todo el ojo. Tras muchos padecimientos, murió de la herida.
Una vez aclarados estos temas, imprescindibles para ponerse a cocinar sin que ello parezca una vulgar rutina, pasemos a la, en realidad, sencilla receta:

Ingredientes:
-Magret de pato.
-Mantequilla.
-Vinagre.
-Azúcar
-Naranjas (o zumo de naranja.)
-Pastilla de caldo
-Sal
-Pimienta.

Modo de preparación:
Una de las caras del magret presenta una gruesa capa de grasa. Con un cuchillo, vamos practicando surcos en forma de cuadrícula sobre esa capa de grasa. Salpimentamos el magret por las dos caras y lo ponemos a fuego medio en una sartén con el lado de la grasa boca abajo, para que ésta se derrita con el calor. Cuando esté medio derretida, le damos la vuelta para que se haga por el otro lado un minuto. Sacamos el magret de la sartén -aun estará algo crudo por dentro- lo cortamos en rodajas y lo reservamos.
En otra sartén, ponemos una cucharada sopera de mantequilla, otra de azúcar y 50 ml. de vinagre. La ponemos a fuego lento y vamos removiendo para que se caramelice. Después añadimos un vaso de zumo de naranja y una pastilla de caldo desmenuzada. Cambiamos a fuego alto y dejamos que hierva un rato removiendo de vez en cuando. Si hemos usado naranjas, podemos añadir a la mezcla parte de las peladuras. Esto le dará a esta salsa dulce un toque amargo muy adecuado. Por supuesto, al servir la salsa, las sacamos, porque habrán quedado feas. En su lugar pondremos una rodajita de naranja para decorar.
Cuando la salsa esté con el espesor y sabor adecuados, añadimos las rodajitas de pato y dejamos que se terminen de hacer en la salsa durante un par de minutos.
Pues ya está. Buen apetito y no os olvidéis de usar el tenedor. Ah, y nada de eructos, o doña Catalina se enfadará.