sábado, 26 de febrero de 2011

Respuesta a Santiago Alba Rico, acerca de Libia.

En estos días estamos asistiendo a una notable división ideológica entre los izquierdistas de todo el mundo ante la inestabilidad política en diversos países del mundo árabe. Esta división ha alcanzado su punto álgido en el caso de Libia. El filósofo Santiago Alba Rico, que tantos libros y artículos memorables ha publicado y cuya actividad de difusión del pensamiento marxista es de las más notables en este país, ha publicado un artículo en Rebelión dirigido críticamente contra una parte de la izquierda -en la que me siento incluida- a propósito de los acontecimientos en Libia. Quisiera aquí mostrar mis puntos de desacuerdo con ese artículo.

Antes, una cuestión terminológica. En esta exposición voy a utilizar la expresión "transnacionales" para referirme, de modo metonímico, al complejo entramado de poder económico, político y militar cuya función es trabajar para que la lógica expansionista del capital encuentre los menos obstáculos posibles. Puede sustituirse, si se desea, por "Occidente", "imperialismo USA", "OTAN", etc.

Salvando inevitables matices, y centrándonos, para no complicar aun más la cuestión, en Libia, podemos resumir así el punto clave de discrepancia.
-Para unos, las revueltas de Libia tienen origen en los deseos de libertad y prosperidad del pueblo. Estas revueltas se están llevando a cabo sin la participación o apoyo de las transnacionales. Es más, se producen en contra de esos intereses. Cuando los líderes políticos y los medios de comunicación que representan a las transnacionales dicen apoyar a los rebeldes, mienten. Lo que pretenden es engañar a los revolucionarios e intentar volver a encauzar la situación para que las cosas sigan como estaban.
-Para otros, las revueltas de Libia están instigadas y apoyadas por las transnacionales. Los libios que honestamente han participado en la revuelta están siendo utilizados por ellas. Cuando los líderes políticos y los medios de comunicación que representan a las transnacionales dicen apoyar a los rebeldes, están diciendo la verdad. Lo que pretenden es derrocar a un líder y a un sistema político que ya no les interesa.

Santiago Alba Rico y Alma Allende, en su artículo aparecido el 24 de Febrero en Rebelión, sostienen con nitidez el primer punto de vista y critican la ignorancia o ceguera política no ya de quienes sostienen el segundo punto de vista, sino de Fidel Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega. El error de éstos últimos sería, según Alba Rico, mucho más grave tanto por su condición de líderes ideológicos como de mandatarios con capacidad para apoyar al régimen libio.

Semejante acusación exige argumentos. Veamos los que aporta el artículo de referencia.
La mayor parte del mismo está dedicada a describir la trayectoria política de Gaddafi. En ella queda en evidencia que Gaddafi es un criminal y que, además, es aliado de las transnacionales. Pero en realidad esta parte podrían habérsela ahorrado sus autores. Creo que la mayoría, si no la totalidad, de los que hemos adoptado el segundo punto de vista, aceptamos, reconocemos y condenamos tanto los crímenes de Gaddafi como sus pactos con las transnacionales. El punto de disensión no es si el régimen de Gaddafi es malo o no sino quién está intentando derrocarlo y por qué.
Y sobre esto, el artículo apenas aporta argumentos, ni fácticos ni lógicos.
Nosotros, en cambio, aportamos los nuestros.
-Partamos de un punto claro de acuerdo entre nosotros: Gaddafi es un tirano criminal y un fiel servidor de las transnacionales, al menos lo es indubitablemente desde el 2003. Pues bien, si es así, hagámonos preguntas, como el propio Santiago Alba pide en su artículo:
a) ¿Por qué Gaddafi no es apoyado por los gobiernos y los medios que trabajan para esas transnacionales, sino que, al contrario, es denostado y amenazado?
b)¿Por qué han esperado hasta ahora los militares rebeldes para rebelarse contra él?

La respuesta que suele darse a a) es que los líderes políticos, los medios y los hombres de negocios que trabajan para las transnacionales están haciendo como que están en contra de Gaddafi, pero en realidad están a favor.
La respuesta que suele darse a b) es que, ante la magnitud de la revuelta popular, los militares han decidido cambiar de bando.
Alba Rico nos acusa de utilizar "plantillas universales de la lucha antiimperialista, con sus teorías de la conspiración y su paradójica desconfianza hacia los pueblos."
Sin embargo, la respuesta a a) no puede ser más conspiranoica. Los medios dicen que Gaddafi es malo porque en realidad lo quieren apoyar y los gobiernos amenazan y condenan a Gaddafi porque en realidad quieren que siga en el poder es una frase que hasta el más conspiranoico consideraría absurda.
Y la respuesta a b) presupone que, hasta ahora, Febrero de 2011, no ha habido revueltas populares significativas en Libia, pues de lo contrario no se explica que los militares no las hayan apoyado. Eso sí que es una paradójica desconfianza hacia los pueblos, un insulto a los que han sido masacrados por Gaddafi en los últimos años y una notable falta de documentación historica. Ninguna de las masivas revueltas libias, egipcias o argelinas de los últimos 30 años ha recibido apoyo del presidente de los EE.UU. ni del ABC o la CNN. Y, no por casualidad, tampoco ninguna ha ido acompañada de una sublevación del ejército.

Ahora nos toca responder a nosotros a esas preguntas:
a)¿Por qué no es Gaddafi apoyado por los gobiernos y los medios que trabajan para las transnacionales, sino que, al contrario, es denostado y amenazado?
Para contestar adecuadamente la pregunta, es útil reformularla así: ¿por qué no fue apoyado hasta 2003, fue apoyado de nuevo a partir de entonces y hoy vuelve a no ser apoyado? Estos cambios en los apoyos los he resumido aquí. Pero pueden ser resumidos aun más contestando así a la pregunta: Porque en 2003 Gaddafi abrió las puertas a que las transnacionales se apropiaran de buena parte de los recursos naturales del país y en 2009 amenazó con cerrarlas de nuevo, sintomáticamente, tras mantener reuniones y firmar pactos de cooperación con Venezuela.
b) ¿Por qué han esperado hasta ahora los militares rebeldes para rebelarse contra Gaddafi? Sencillamente porque ellos, al contrario que Santiago Alba Rico, saben que ahora van a contar con la ayuda de algo más que unos cuantos miles de libios armados con banderas. Por eso no lo han hecho hasta ahora. Son militares y saben perfectamente que el modo de derrocar a un régimen como el de Gaddafi exige tener más poder militar -disuasorio o efectivo- que él. Ahora o lo tienen o creen que pueden tenerlo.
Eso no es conspiranoia, es triste realismo, que por desgracia tanto suele escasear en los filósofos de izquierda.

Hay otros aspectos del artículo que me parecen criticables. Por ejemplo, su teoría de que "no hay en los levantamientos populares árabes ni asomo de socialismo, pero tampoco de islamismo" solo podría ser en parte aceptable si se refiere a éstos levantamientos populares, a los de 2011. Pero ¿se puede mantener tal cosa de los levantamientos populares de los últimos treinta años en, por ejemplo, Argelia o Egipto? Precisamente el hecho de que los revoltosos de 2011 no tengan que ver con los revoltosos de los últimos 30 años debería ponernos en alerta de que seguramente esos revoltosos no son genuinos revoltosos. Quizá por ello sean los únicos revoltosos bendecidos por la Fox o por Hillary Clinton.

Dice Santiago Alba “Fusil contra fusil” es la canción de la revolución; “misil contra civil” es algo que no podemos aceptar. Pero el poder retórico de tal argumento pierde toda su fuerza por el hecho -quizá menos claro cuando fue redactado el artículo- de que los bombardeos a la población civil a los que tantas veces alude son una mentira y, por cierto, de calibre muy grueso. Que en una situación de golpe de estado, el gobierno amenazado bombardee una ciudad que controla, en vez de una ciudad rebelde es una idea demencial.


Pide Santiago Alba unión a los antiimperialistas. Yo también. Y una buena manera de lograr esa unión es tener un poco de humildad. El filósofo y ensayista no puede pretender desde su despacho saber más de revoluciones populares y golpes de estado que Fidel Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega desde sus trincheras respectivas.


Dios maldiga a los imperialistas.

El 26 de Julio, el presidente de la recién nacida república egipcia, Gamal Abdel Nasser, tomó la decisión de nacionalizar el Canal de Suez, que hasta entonces se encontraba en manos de capitalistas franceses e ingleses, principalmente. Pagar peaje por cruzar el Canal es un negocio redondo, especialmente teniendo en cuenta que éste es el camino que deben utilizar los barcos petroleros de Oriente Medio que quieren llevar su carga a Europa. Para hacernos una idea, baste indicar que el peaje de la reciente e insólita travesía de dos barcos iraníes por el canal ascendió a 200.000 dolares. Es decir, el peaje de dos barcos equivale al salario mensual de 1.000 egipcios. Tan formidable fuente de ingresos había permanecido desde siempre en manos de los accionistas europeos. Cuando Nasser decidió que esa fuente de riquezas debía pertenecer a los egipcios, los gobiernos francés y británico entraron en cólera. Se sentían legitimados a seguir explotando el canal, y argumentaban que fue construído en 1869 con el capital de inversores franceses e ingleses. Nasser respondió que en los cien años que llevaban sacándole dinero, la inversión estaba más que amortizada. Y que, puestos a ver quién había invertido más en la construcción del Canal, las vidas de los 120.000 egipcios que murieron en su construcción daban bastante más derecho a su propiedad que cualquier cantidad económica.
Más justos no podían ser los argumentos, pero el caso es que no convencieron a los capitalistas, que ordenaron a sus marionetas parlamentarias respectivas que declarasen la guerra a Egipto. Israel se unió a los invasores, es de suponer que para dar un paso más hacia el proyecto politico de Ben Gurión, el Gran Israel, ese imperio que debía extenderse "desde el Nilo al Eúfrates.".El débil ejército egipcio no pudo resistir el ataque conjunto de tres superpotencias militares y fue barrido por la alianza anglo-franco-sionista en la península del Sinaí. Pero con lo que no contaron es con que el pueblo egipcio no se iba a dejar dominar tan fácilmente. Tras meses de encarnizada resistencia los invasores no consiguieron controlar ninguno de los territorios que su maquinaria de guerra masacraba. Para colmo, EE.UU., en plena guerra fría, no se atrevió a intervenir por miedo a la URSS.
De modo que, finalmente, el pueblo egipcio consiguió controlar el Canal y los mercenarios tuvieron que abandonar el país.
Durante esta heroica resistencia popular, se puso de moda un himno, cuya música es francamente horrible, pero que tiene una letra muy hermosa. Dice así:

¡Dios es el más grande!
¡Dios es el más grande!
Él está por encima de las asechanzas de los que nos atacan,
Él es el protector de los oprimidos.
Con la fe y con las armas defenderé mi nación
y la luz de la justicia brillará en mi mano.
¡Cantad conmigo!
¡Cantad conmigo!
¡Dios es el más grande!
¡Dios es el más grande!
¡Dios, Dios, Dios es el más grande!
Dios está por encima de los que nos atacan.
¡Oh, mundo, mira y oye!
El ejército del enemigo está a punto de llegar,
quiere destruirnos,
pero con la justicia y con las armas lo repeleremos.
Si he de morir, que antes me lleve a uno de ellos por delante.
¡Cantad conmigo!
¡Dios maldiga a los imperialistas!
Dios está por encima de los tiranos traicioneros.
¡Dios es el más grande!
Alabemos a Dios, compañeros,
agarremos a los tiranos y acabemos con ellos.

Hablo de este himno porque, varios años despues de su creación, en 1969, el hoy tristemente famoso Gaddafi lo eligió como himno nacional de Libia. Algunos de sus versos, resultan estremecedoramente proféticos a la luz de los actuales acontecimientos: "El ejército del enemigo está a punto de llegar, quiere destruirnos, pero con la justicia y con las armas lo repeleremos." Tampoco anda descaminado el himno a la hora de caracterizar al enemigo como imperialista y traicionero, pues ciertamente no es otra la naturaleza ni otro el estilo de las mentiras que las multinacionales están difundiendo para justificar la invasión.
Una vez más quiero aclarar que denunciar las sucias maniobras que se están empleando para acabar con la soberanía de Libia no implica considerar que ni su líder ni su régimen sean maravillosos. Gaddafi ha hecho enfurecer, como Nasser en su tiempo, a los capitalistas europeos por anunciar la nacionalización del petróleo. Pero fue él también quién les abrió las puertas hace ocho años, traicionando los ideales de su Libro Verde. Él apoyó la política criminal de EE.UU de "War on Terror" y permitió a la CIA torturar y asesinar en sus cárceles, como la de Abu Salim.
Pero no hay que perder de vista que los ataques militares dirigidos por la CIA que se están produciendo en Libia y que se nos venden como revuelta popular no tienen por objeto liberar a los libios de Gadafi, sino expoliarlos aun más: robarles lo único que tienen: el gas, el petróleo y el agua, y dejarles la arena del desierto para comer.

jueves, 24 de febrero de 2011

Gaddafi: Repsol no perdona.

Es muy bonito ver al pueblo enfrentándose a un dictador que lleva más de 40 años en el poder. Nuestros hermosos sentimientos están a flor de piel y nos encanta que este tirano Gaddafi tenga justamente el aspecto ridículo que debe tener todo tirano. El cine nos enseña que los tiranos no son personas morigeradas y vestidas de civil, sino fantoches con extrañas manías.
Pero si somos un poco menos sentimentales, debemos comprender que el pueblo libio no se ha podido levantar en armas contra su Coronel sólo por su peculiar gusto en el vestir, ni por su nulo talante democrático. Al fin y al cabo ambas cosas le llevan caracterizando a lo largo de los últimos 40 años. Así que vamos a ver qué cosa ha podido hacer el coronel en los últimos meses para enfadar a la población de este modo. Usemos Google.
Creo que ya lo tenemos. Esta noticia es muy interesante. Aunque es de la Agencia EFE, en su momento (justo el año pasado) apareció sobre todo en la prensa económica. He aquí el titular:


2004: Gadaffi bueno - 2009 Gaddafi malo.
Bueno, ya sabemos que eso de nacionalizar los sectores clave de la economía siempre disgusta mucho a la población. A Chávez le pasó lo mismo. Justo cuando empezó a nacionalizar bancos y empresas petroleras extranjeras -entre ellas, también Repsol- es cuando el pueblo empezó a levantarse contra él -o eso nos dijo El País.
Pero vayamos aun más atrás en el tiempo.
En 2003, tras la invasión de Irak, Gaddafi, que hasta entonces había sido considerado un terrorista por EE.UU., rogó a Bush y a Berlusconi que, por favor, visitasen su país, pues él también poseía armas químicas y de destrucción masiva y estaba deseoso de que ellos mismos las destruyeran, pero "por las buenas", no como en Irak. El pobre Gaddafi no quería verse como Saddam, es evidente. La propuesta fue aceptada y Gaddafi pasó a ser un amigo de Occidente. Ser amigo de Occidente significaba que el bloqueo de tantos años era levantado a Libia, pero, sobre todo, que las empresas extranjeras aterrizaban en el país para adueñarse del petróleo, de las infraestructuras y hasta del agua.
En 2004, comienza el desembarco en Libia de las grandes empresas del mundo libre, portadoras de esa libertad intrínseca a toda privatización.
Aquí comprobamos cómo Tony Blair, en nombre de las petroleras Shell y BP, ofrece su mano a Gaddafi y olvida el pequeño incidente de Lockerbie.
En El País, el periódico de referencia para todo lector serio y de izquierdas, también se congratulaban de las "vías de cooperación" que se iniciaban para las grandes empresas españolas. Y es que, como contaba entusiasmado un miembro de la patronal española: "más allá de la petroquímica y el gas, abren un mundo todavía por descubrir en los campos de la electricidad y las desalinizadoras". Qué bonito, qué ganas tienen nuestros empresarios de cooperar, de darles agua a los sedientos libios.
En 2007, otra vez podemos leer a El País presumiendo del buen rollo que se respira entre Zapatero, S.M. el Rey de España y el exótico líder Libio. Ante las protestas del bueno de Llamazares por un recibimiento tan estupendo, el "experto" pepero de temas islámicos, Gustavo de Arístegui, razonó que Gadafi era mejor que Saddam Hussein, porque el iraquí mató a cientos de miles de personas y el segundo solo a miles. Es curioso escuchar al mismo Arístegui ahora en la COPE, tres años después, hablando de Gaddafi como del mayor criminal de la historia.


Civiles con armas y militares enrollados.
A partir de esta fecha, Gaddafi recibe varias visitas de Hugo Chávez -el presidente que fue capaz de nacionalizar el petróleo de su país- y establecen pactos comerciales. En 2009 ocurre lo que ya hemos mencionado al principio de este post, el líder libio afirma que las empresas petrolíferas van a volver a ser nacionalizadas.
Y hoy ocurre lo que nos dicen los períodicos con apabullante unanimidad, desde Gara a La Razón: Al Jazeera destaca que columnas de civiles armados, dirigidos por abogados y médicos, por "intelectuales", se están adueñando de varias ciudades del país. La cosa es chocante. ¿De dónde han sacado las armas los civiles libios? ¿Quiénes son esos médicos, abogados e intelectuales que han abandonado de pronto el bufete y el fonendoscopio por el fusil y los galones? ¿Cómo es posible que el temible ejército de Gaddafi no sea capaz de acabar rápidamente con esa panda de amateurs? Propongo a cualquiera que imagine a un grupo de civiles, dirigidos por abogados y médicos que protestan por las reformas laborales de Zapatero tomando el control de Barcelona ante la impotencia de los Mossos, de la Policía Nacional y del Ejército. Bueno, lo cierto es que esta noticia tan fantástica queda un tanto explicada cuando, de entre la vorágine de noticias surrealistas y contradictorias, comprobamos que buena parte de los generales del ejército libio se han rebelado.

Cazas Sukhol-22 contra manifestantes.
Por otro lado se nos dice que el ejército libio, en un acto inaudito -y en esto tiene razón el imponderable Arístegui- bombardea Trípoli para acabar con los manifestantes. ¡Utilizar bombardeo aéreo para disolver una protesta! A veces creo que los medios de comunicación toman por idiotas a sus lectores. Y, leyendo lo que leo por ahí, incluso por parte de personas de probada postura crítica, va a ser que tienen razón. Cuando tenga una plaga de hormigas en mi casa, creo que le prenderé fuego -conmigo dentro. La noticia del bombardeo ha sido desmentida por el hijo del dictador, que ha invitado a los medios a que entren en Trípoli y comprueben que tal cosa es falsa. Se dirá que su juicio no es fiable. Pero escuchemos entonces las declaraciones de este tipo, un venezolano antichavista y anti-Gaddafi residente en Libia -es de suponer que por temas de "negocios" que, inocentemente, declara ante los medios que él no ha visto ningún bombardeo. Dejo el link y recomiendo ver el vídeo antes de que en la agencia EFE se den cuenta de la metedura de pata y lo borren. El gazapo está en 0:41. "No hubo bombardeos ni esas cosas"

Castro habla (en vano).
Fidel Castro explicó breve y claramente hace ya tres días lo que ocurre en Libia y alertó sobre lo que seguramente iba a ocurrir. A pesar de ello, la mayoría de los izquierdistas de todo el mundo, sedicentes leninistas, siguen sin enterarse (*). Qué poder tiene la TV.

El nuevo Saddam Hussein.
La izquierda abertzale y el PP, el Rey y el PSOE, Repsol y Amnistía Internacional, la CNN y Al-Jazeera, todos al unísono jalean la espontánea y milagrosa revuelta del pueblo libio, que recibe armas no se sabe cómo y que se rebela justo cuando Gaddafi iba a hacer algo bueno por él, nacionalizar el petróleo. Porque esto no es un golpe de estado, no. Es una revuelta popular. Es verdad que los generales de Gaddafi se han declarado en rebelión y han tomado varias ciudades, pero, no. Esto no es un golpe de estado. Es una revolución colorista y floral, como tantas otras que abren las puertas a Repsol y a la libertad, para crear una nueva Libia, con un Gaddafi ahorcado o linchado por las masas.
En uno de sus últimos patéticos discursos, Gaddafi afirmó que las revueltas en Libia están organizadas por al-Qaeda. No le falta razón al hombre. Al-Qaeda es otra forma de llamar a la CIA.

(*) Al terminar de redactar este artículo compruebo con alegría que algunos blogs amigos como Cuestiónatelo todo o La Imprenta de Far muestran también un punto de vista crítico sobre las supuestas revueltas populares de Libia.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Compota de manzana.

La compota es un postre tradicional de Euskal Herria y muy típico de las Navidades. Ahora está dejando de consumirse en favor de propuestas mucho más sanas y naturales, como el turrón de chocolate y los polvorones industriales. A ver si no terminamos cambiando el besugo por la panga...
Pero la compota "de diario" que propongo hoy es bastante más sencilla y digestiva que las compotas navideñas tradicionales, hechas básicamente de ciruelas y orejones. También es muy refrescante para tomar entre horas.
Puede acompañarse con miel, helado, nata, frutos secos, etc.


Ingredientes:
-Manzanas (mis favoritas son las reinetas)
-Azúcar moreno.
-Canela.



Modo de elaboración:
Como digo, la cosa no puede ser más simple. Pelamos las manzanas, quitándoles el corazón y las cortamos en forma de obleas o monedas finas. Las colocamos en una olla, cubriéndolas apenas de agua.
Añadimos azúcar al gusto y las espolvoreamos de canela en polvo.
Las mantenemos a fuego lento y tapadas hasta que adquieran una consistencia parecida a la mermelada. La casa se llenará de un aroma delicioso. Dejamos que se enfríe y a disfrutar. En la nevera se conserva muy bien y fresquita está muy rica.
Buen provecho.

domingo, 20 de febrero de 2011

Carlos Tena: "Hoy el enemigo del fascismo no es Lenin, sino el profeta Mahoma."

Leyendo el siempre tan divertido y estimulante blog de Carlos Tena me encontré con esta frase suya que, como musulmana y comunista, me impresionó muy gratamente. Luego he estado dándole vueltas porque quería ver si, aparte de una afirmación épatant, podía considerarse como un destello de verdad que pudiera iluminar mejor el peculiar estado de la lucha anticapitalista en el mundo.
La obra teórica de Marx fue fundamental para desmontar el mito de que el capitalismo es el sistema económico natural que se establece entre propietarios libres e iguales. Muy al contrario, dejó en evidencia que el capitalismo solo puede funcionar si la mayor parte de la población es expropiada violentamente de sus medios de producción, de modo que lo único que tengan de valor para vender sea "su propio pellejo", su fuerza de trabajo. El conocimiento y comprensión de qué es y cómo funciona el sistema económico es necesario para poder enfrentarse a él. Pero ¿cómo lograr que la masa de ciudadanos que no tienen nada que vender más que su pellejo adquieran este conocimiento?
Lenin ideó el sistema del partido de vanguardia. Consiste en formar militantes que permanezcan dentro de esa masa de proletarios pero que tengan las capacidades intelectuales y personales necesarias para concienciar al resto de sus compañeros. El partido de vanguardia debía estar sometido a una disciplina férrea para evitar los más que previsibles ataques en forma de infiltrados que intentarían debilitar desde dentro la estructura e ideas del partido. En la Rusia zarista el sistema funcionó bien y también tuvo un éxito similar posteriormente -con alguna que otra variante- en otros países como China, Vietnam o Cuba. En España estuvo a punto de triunfar y solo una larga y costosa intervención militar apoyada por las potencias capitalistas logró evitarlo.
Sin embargo cabe preguntarse por qué ese sistema tan exitoso en algunos países fracasó y sigue fracasando tenazmente en Europa o Norteamérica. Es indudable que casi todos los países de Europa occidental han tenido, antes y después de la 2ª Guerra Mundial, unos magníficos partidos de vanguardia, tanto por la formación intelectual de sus integrantes, como por su honestidad y capacidad de entrega y lucha. Podría responderse que la burbuja artificial del estado de bienestar en la que el sistema capitalista mundial mantuvo a Europa Occidental por miedo a la URSS fue la responsable. En aquellos años de la guerra fría, un proletario británico, francés o alemán podía llegar a ser conscientes de que sólo tenía para vender su fuerza de trabajo. Pero como aquella fuerza de trabajo era pagada artificialmente bien, no veían muchos motivos para iniciar una revolución. Podrían muy bien pensar: "Es verdad que no tengo nada con lo que ganarme la vida, salvo mi trabajo. Y también es verdad que eso, en teoría, podría ser aprovechado por mis jefes para explotarme. Pero en la práctica eso no ocurre: mis jefes son generosos, no abusan demasiado de su posición de poder y el estado además vela porque así sea." Así que ¿para qué iniciar una revolución?
Esta explicación, la implantación del estado del bienestar, sería más que suficiente para justificar el fracaso del sistema de Lenin en el primer mundo durante la Guerra Fría. Pero ¿por qué continúa fracasando en el tercer mundo o incluso en los países de Europa Oriental tras las contrarrevoluciones de 1989-1991?
Para el tercer mundo la respuesta podría muy bien consistir en que las condiciones infernales de absoluta destrucción, de caos, enfermedad y muerte imposibilitan cualquier revolución organizada. La necesidad es verdad que puede contribuir a estrechar las redes sociales. La esperanza o el recuerdo de tiempos mejores pudo permitir que la gente de Stalingrado o de Mauthausen no sucumbiese y perviviesen lazos de solidaridad. Pero el hambre arrastrada de generación en generación, en una población que ni ha conocido ni espera otra cosa, lo destruye todo, a los humanos y a sus redes sociales. Implantar un partido de vanguardia en un país en el que la enfermedad y el hambre no permiten a la mayoría de la población superar los 30 años de vida, es demencial. Es obvio que se necesitan unas mínimas condiciones previas.
Pero ¿cómo explicamos que en países depauperados pero no hambrientos y que han disfrutado no hace mucho de situaciones mucho mejores tampoco funcione el sistema de partido de vanguardia? Las crónicas que nuestro compañero José Luis Forneo nos envía desde Rumanía nos muestran a un país que gozaba hace solo 30 años, bajo la hoz y el martillo, de cosas como vivienda, educación y sanidad gratuítas y que hoy enfila un proceso de imparable empobrecimiento y destrucción de las mínimas garantías sociales. A pesar de ello, a pesar de incluso tener aun muy fresco en la memoria un sistema mejor, denominado oficialmente comunismo, los esfuerzos de la nueva vanguardia comunista rumana apenas pueden movilizar a un puñado de sus compatriotas.
Pero la cosa se hace aun más sorprendente si comprobamos que los países sudamericanos en los que en los últimos años se ha logrado alcanzar un sistema socialista o que avanza hacia el socialismo (Venezuela, Bolivia, Ecuador) el proceso no parece haber tenido nada que ver con lo indicado por Lenin.
De este repaso histórico y geográfico parece que cabe concluir que la concienciación necesaria para la revolución bajo el método explicado por Lenin funcionó en países y tiempos determinados, pero que no ha funcionado ni funciona en otras muchas situaciones. No quiero decir con esto, como se afirma tan alegremente por los anticomunistas, que las teorías marxistas-leninistas ya no funcionen. Marx sigue siendo la herramienta teórica clave para comprender qué es el capitalismo. Y quizá haya aportaciones teóricas de Lenin plenamente válidas hoy. Pero parece claro que su método para concienciar a las masas explotadas, tan exitoso en otras circunstancias, no es un metodo de validez universal.
Podríamos pasar ahora a sugerir dónde está el fallo, por qué el partido de vanguardia ya no funciona como en la Rusia de 1917, en la actual Rumanía, México o la India. Los motivos creo que son aquí netamente ideológico-culturales. Imaginemos la actividad de un miembro de la vanguardia comunista en la Rusia de hace un siglo, o en la España de los años 30. Lo vemos estudiando a Marx y a Lenin, participando en las movilizaciones sindicales como proletario que es, perfectamente al tanto de la teoría general marxista como de la realidad concreta de su fábrica o su latifundio. Lo vemos transmitiendo sus conocimientos de economía y política a sus compañeros, redactando octavillas. Hasta aquí en nada se diferenciaría de lo que intenta hacer un comunista de vanguardia de hoy. Pero imaginemos ahora a los compañeros a los que ese comunista de hace un siglo se dirigía. La mayoría de ellos nunca habrá acudido a una escuela, o lo habrá hecho apenas unos meses. Aunque algunos sepan leer, su nivel económico y sus agotadoras jornadas de trabajo les impiden el acceso a esas diversiones de las que gozan las familias de propietarios: periódicos, revistas, obras de teatro, libros... Una octavilla, un periódico, una charla sobre economía, sobre historia o sobre filosofía, no digamos ya un libro, eran para estos proletarios de hace cien años artículos de lujo. Sus mentes, despiertas y vírgenes, como las de un campo fértil sin explotar, captaban enseguida el contenido de aquellas octavillas, leídas por la noche, a la luz de un candil, con el interés con el que se hacen las cosas nuevas y prohibidas. No solo captaban su contenido intelectualmente, además, se hacían cargo de él, y ésto es lo más importante. Lo que las octavillas o los mítines del camarada decían interpelaban directamente a la conciencia de los obreros, les movían a la acción, porque a esos obreros nunca nadie se había ocupado de explicarles nada, de abrirles los ojos a la historia, a la ciencia, a la idea de la dignidad del hombre. Era como la lluvia cayendo en una tierra sedienta: hasta la última gota de esas ideas fue aprovechada para dar el fruto de una revolución.
Así eran los compañeros a los que se dirigían las vanguardias del partido hace cien años en Rusia o España. Pero ¿son así los compañeros del año 2011 en Rumanía, en México, en Colombia? En absoluto. El sistema capitalista ha aprendido muy bien la lección de la Revolución Rusa y le ha puesto remedio con un invento que ideó la Alemania nazi y que perfeccionó y globalizó EE.UU.: el bombardeo de información a la población depauperada. Un aparato de TV en cada favela, podría ser su lema. Cuando el camarada del partido de vanguardia llega con su octavilla a esa favela, la familia ya ha recibido infinidad de folletos publicitarios a todo color y que prometen cosas mucho más bonitas y divertidas que Marx y su revolución; ya han recibido la visita de varios predicadores evangelistas que les han prometido la felicidad de un modo más cómodo, pacífico y espiritual, ya han recibido la visita de varios candidatos políticos que les han prometido agua corriente y recogida de basuras sin que ellos tengan que preocuparse nada... Y si no han recibido visitas, ya habran visto miles y miles de horas de ideología capitalista en una TV que muestra todo de manera sencilla, colorista y excitante. La labor del partido de vanguardia de Lenin en este contexto está condenada al fracaso.
Pero hay todo un mundo que parece, al menos en su mayor parte, inmune a esta inundación de basura ideológica via mass media: los paises de tradición islámica. En estos países EE.UU. no ha podido operar con la facilidad con que lo ha hecho en el resto de África. El petróleo y el valor geoestratégico de Oriente Medio no han podido expropiarse con la absoluta brutal impunidad con la que se saquean, por ejemplo, las inmensas riquezas de el Congo. Los países islámicos por alguna razón presentan una enorme resistencia a ser tercermundizados. El caso de Somalia es paradigmático. Son países que han llegado al siglo XX en una situación de subdesarrollo tecnológico y de dependencia colonial no distinta a la de los países del África subsahariana, pero a los que no ha sido fácil sumir en el caos. Porque el caos es la situación ideal para el capitalismo, como muestra el libro La doctrina del shock, de Naomi Klein. EE.UU. solo ha podido lograr gobiernos aliados a sus intereses, pero, al fin y al cabo, gobiernos con cierto grado de soberanía. Los países del Magreb, con sus dictaduras y monarquías aliadas de EE.UU., o incluso el reino medieval de Arabia Saudí y sus diversos emiratos despóticos deben ser tratados por EE.UU. como países soberanos y aliados, no como países caóticos en los que se puede entrar a robar impunemente. Precisamente ésto es lo que se está intentando lograr ahora con las revoluciones en Túnez, Egipto, Argelia, Libia, etc. Se intenta mandar de una vez por todas a esos países al grupo del tercer mundo, países sin gobierno, sin ley, sin estado: países caóticos que son el paraíso del capitalismo. Pero la experiencia de Palestina, Afganistán o Irak nos habla de que eso no es tan fácil. Estos países son hoy un caos, sí, pero el capitalismo no acaba de operar con comodidad en ese caos, precisamente porque algo llamado Islam está ahí logrando dos cosas. Primero, resistir sobrehumanamente a años y años de brutal represión. Segundo, mantener unas redes sociales, una organización, una unidad contra las que nada pueden las torturas o las emisiones de TV.
En la República de Irán, el Islam, en su vertiente chií, que acepta el martirio como algo consustancial a la lucha por la justicia social, la rebelión contra el capitalismo ha cristalizado en un gobierno joven y fuerte que se atreve a plantar cara, también militarmente, a la apisonadora bélica capitalista. Sus ciudadanos, a pesar del bombardeo mediático, parecen inmunes a la propaganda occidental. No desean, como la mayoría de los alemanes del este o los rumanos de 1970, vestir, pensar y vivir como los norteamericanos. Alguien podrá decir que los iraníes no desean seguir el American Way of Life porque la censura les impide conocerlo. Pero, supuesto que tal censura existiese, también existía en los países socialistas y de nada servía para impedir que buena parte de los ciudadanos de aquellas repúblicas se creyeran el cuento de que al otro lado del telón de acero todo era lujo y libertad. Lo realmente significativo es que, aunque los palestinos, los afganos, los iraníes o los iraquíes creyesen toda esa propaganda, no por ello desearían cambiar sus ideas, sus valores, sus costumbres. A esta impermeabilidad a la propaganda capitalista es a lo que nuestros medios de comunicación llaman fanatismo.
Si, como reciente conversa al Islam se me preguntase ¿qué tiene entonces el Islam que protege tan eficazmente contra la tentación del American Way of Life, que logra mantener redes sociales en las situaciones más parecidas al infierno, que logra avivar la esperanza allí donde ya nada invita a ella, que permite a sus fieles preferir un pasaje del Corán a un late night show?
Si se me preguntase eso no sabría qué contestar. Lo considero un milagro.






jueves, 17 de febrero de 2011

Judíos en Irán (II)

En la entrada anterior pudimos comprobar cómo la situación de los judíos en Irán contradice con hechos las acusaciones que los medios lanzan contra los líderes revolucionarios, equiparándolos con el régimen nazi. Un vistazo a Google nos confirmará que esta equiparación ha calado en las conciencias de la población occidental: las caricaturas de Ahmadineyad con una esvástica o cualquier otro símbolo parecido son infinitas.
Los hechos, sin embargo, hemos visto ya que contradicen contundentemente tales acusaciones. Con ello debería bastar para desmontarlas, pero también me parece interesante resumir ahora cuáles son las ideas de la revolución iraní acerca del judaísmo en particular y de la pluralidad religiosa en general. Aunque él no es propiamente un ideólogo, me centraré específicamente en las declaraciones del propio Ahmadineyad, para que no haya duda de que este hombre, acusado de odiar a muerte a los judíos y de ser un fanático religioso, también está de acuerdo con lo que tal o cual ayatollah o intelectual iraní opina al respecto.

-En primer lugar, es necesario recordar aquí una de las mentiras más exitosas de la campaña mediática contra Irán -junto con la supuesta lapidación de Sakineh y el ahorcamiento bajo supuesta pena de homosexualidad. Se trata de una campaña previa a la invasión y a los varios intentos de revolución verde, que en estos días vuelve a ser invocada. Pues bien: la otra gran mentira que ha tenido éxito es la famosa frase atribuída a Ahmadineyad "Israel debe ser borrado del mapa." El hecho de que la inmensa mayoría de los telespectadores no tenemos la menor idea de la lengua persa facilita la manipulación. Sin embargo, quien desee comprobar qué es lo que realmente dijo Ahmadineyad, con pruebas y traducción palabra por palabra, puede consultar este magnífico artículo o su traducción al castellano. La traducción correcta sería: “El Imán (se refiere a Jomeini) dijo que este régimen que ocupa Jerusalén debe desaparecer de la página del tiempo”. Es evidente que vaticinar que un régimen terminará por desaparecer no es lo mismo que amenazar con destruir una nación. Lo que desea Ahmadineyah -y Jomeini, y cualquier persona de bien, desde luego- es que el "régimen" sionista que actualmente gobierna Israel sea historia, no que Israel, o los judíos sean "borrados del mapa". Por cierto, que la frasecita "wipe out the map" es lo suficientemente yanki, fascista y hollywodiense como para comprender que nunca la puede haber pronunciado un persa con buen gusto y cierto nivel cultural. Los persas no wipe out nada, los únicos que llevan haciendo eso desde hace tres siglos son los anglosajones.
Esta acusación se basa además en la intencionada confusión que llevamos denunciando todo el rato: se nos hace creer que sionista y judío es lo mismo, o incluso que sionista y semita es lo mismo. Un grupo de asesinos se pretende adueñar no ya de la etnia y la religión judías, sino de todos los semitas del mundo.

-Pero Ahmadineyad, lógicamente, sabe distinguir muy bien entre la política criminal sionista y la religión judía. En este vídeo, por ejemplo, podemos verle recibiendo a un grupo de judíos jaredíes de Nueva York, que le ofrecen sus respetos y que le explican que la religión judía no solo no tiene nada que ver sino que condena explícitamente el sionismo.
Los jaredíes son los que aquí conocemos como judíos ultraortodoxos. Contrariamente a lo que la propaganda nos pretende hacer creer, el sionismo no es el resultado del fanatismo religioso de ciertos grupos de judíos especialmente celosos de su fe. Todo lo contrario: el sionismo es un movimiento esencialmente político-nacionalista, no religioso, y muchos de sus mayores impulsores se han declarado ateos.
Así pues, los judíos realmente religiosos saben que la Torah, como es lógico, prohibe los crímenes horripilantes que los sionistas perpetran a diario. Además, concretamente el Talmud (Ketubot 111a) exige a los judíos no fundar un estado por la fuerza. Para los judíos religiosos, el Reino de Israel solo será instaurado al final de los tiempos y por fuerzas divinas, no humanas.

-Por último, me parece imprescindible escuchar este discurso pronunciado por Mahmud Ahmadineyad en Isfahan. Creo que es una excelente muestra del ideario político-religioso de la revolución iraní, que podríamos resumir así: la revolución islámica iraní es tolerante con las religiones que no son el Islam, las respeta y las valora, cree en sus principios de rectitud y justicia. A quienes combate la revolución iraní es a quienes oprimen a la gente, a los que dicen ser musulmanes, judíos o cristianos pero incumplen las exigencias de justicia que sus respectivas religiones les imponen.


miércoles, 16 de febrero de 2011

Judíos en Irán. ( I )

La República de Irán cuenta con la mayor población judía de Oriente Medio, tras el estado de Israel. Es además una comunidad muy antigua, que data de los tiempos de Ciro de Persia. Teniendo en cuenta que la TV y los periódicos nos dicen que su presidente, Ahmadineyad, es un antisemita que odia a los judíos y que los quiere ver a todos muertos, debe suponerse entonces que esas 30.000 personas lo deben estar pasando muy mal. Por lo menos tan mal como los palestinos en los Territorios Ocupados.
Pero lo cierto es que la Constitución iraní los reconoce y protege como minoría religiosa. El propio ayatollah Jomeini publicó en los comienzos de la Revolución un decreto para que los judíos fueran respetados y protegidos. Sólo en Teherán cuentan con 6 carmicerías kosher, 11 sinagogas y 5 escuelas hebreas. El sistema educativo público iraní proporciona enseñanza religiosa judía para los niños que así lo deseen, en sustitución de la islámica. El hospital benéfico judío Dr. Sapir, en Teherán es uno de los cuatro que existen en todo el mundo. Se mantiene con aportaciones caritativas de los judíos y también con ayudas del gobierno iraní. La comunidad judía cuenta con sus propias bibliotecas, periódicos, cementerios, centros benéficos, etc. Estos datos y otros muchos pueden obtenerse de la descripción que ofrece un líder religioso judío de Teherán.
La Constitución iraní exige que un puesto en el parlamento debe ser siempre ocupado por un judío para representar a su comunidad. En las últimas elecciones legislativas de 2008, esas que según la TV fueron fraudulentas, la mayoría de los judíos iraníes votó a Ahmadineyad.

Todo esto no encaja con lo que nos cuentan sobre el fanatismo religioso de Irán. Ni con el antisemitismo de sus líderes, tan frecuentemente comparados con Hitler. Es fácil leer por ahí que tras la Revolución de 1979 muchos judíos tuvieron que huir de Irán. Esto es cierto, pero lo que no se dice es que no huyeron por ser judíos, sino porque vieron que la justicia social que practicaba la Revolución perjudicaba sus intereses. No huyeron los judíos, huyeron los ricos, de entre los cuales, como es lógico, había algunos que eran judíos. Los judíos humildes se quedaron con el resto de gente humilde en Irán, apoyando la Revolución, y es evidente que no se han arrepentido. Por tanto, no hubo ninguna motivación religiosa en esa huída: fue el mismo tipo de motivación que llevó a Miami a los oligarcas cubanos tras el éxito de Castro. De hecho, esos judíos ricos que tan a gusto estaban con el déspota Reza Pahlevi parece que no le tuvieron en cuenta su pasado nazi: el reinado de Pahlevi padre fue el único momento de la historia de Irán en que los judíos fueron realmente perseguidos.

Cabe hacerse esta pregunta: ¿Quién vive mejor? ¿Un musulmán en Israel o un judío en Irán?
La respuesta nos la puede dar esta noticia. Recientemente, una asociación norteamericana, formada por evangelistas y sionistas ha ofrecido 10.000 dólares a los judíos iraníes si emigran a Israel. Pues bien: prácticamente ninguno ha aceptado la generosa oferta...

Os dejo un pequeño documental sobre este caso de unos judíos que no se creen el cuento del paraíso sionista y que no venden su tranquilidad y su dignidad por dinero.