lunes, 11 de enero de 2010

Munilla Invertido


Había una vez en Palencia un obispo llamado Munilla al que sus fieles tenían en gran estima: era un hombre sabio y valiente que curaba a los invertidos de su enfermedad, azotaba con el látigo a las malas mujeres que mataban a sus retoños e, incluso ocupándose de asuntos que ni siquiera eran propios de su cargo, velaba por la unidad de España con mayor dedicación y amor que la de muchos políticos que se llaman españoles.
Por desgracia, y a pesar de sus oraciones, la degradación del país en el que vivía y de la Iglesia a la que servía avanzaba cada día: desde que Leonardo Boff fuera elegido papa por una curia vaticana infiltrada de marxistas y enemigos de la verdadera Fe, el buen pastor Munilla había sido objeto de permanente censura y persecución, pues era de los pocos que aun se atrevía a predicar el Evangelio. Para colmo, la Conferencia Episcopal Española presidida por el franciscano Joxe Arregi, lo sometia a un intenso espionaje, sin duda siguiendo consignas directas del Gobierno de la República, que la financiaba con fondos públicos. Este gobierno, tras la ilegalización del PP por el juez de la Audiencia Nacional, Íñigo Iruin, estaba formado por la coalición de Batasuna y Partido Comunista de los Pueblos de España que, de esta forma, se habían hecho fraudulentamente con el poder.
Un día, cansado y ya anciano, el buen obispo Munilla, al que día sí día no los medios de comunicación tildaban de nazi, de intolerante y homófobo, debió pasar al retiro con gran pena de la feligresía y los curas palentinos que, como lo conocían, sabían que todo aquello eran calumnias. Entonces un párroco de Oiartzun, antiguo miembro de SEGI, para sorpresa e indignación de los palentinos, fue nombrado directamente por Leonardo Boff, el papa Lenin I, como sucesor en la sede de la diócesis palentina del buen Munilla. Para colmo de males este monseñor Uriarte había sido envíado por Joxe Arregi a la parroquia de San Miguel Arcángel de Aguilar de Campoo, desde la cual desobedecía sistemáticamente las indicaciones pastorales de su obispo y espiaba y enviaba informes a Madrid sobre párrocos considerados por él "peligrosos", especialmente los relacionados con el Opus Dei.
El día de la toma de posesión de Uriarte en la catedral de Palencia fue muy triste para los palentinos, la mayoría de los cuales prefirió no acudir al acto. Muchos de ellos se preguntaron, entristecidos, si merecía la pena acudir a una misa oficiada por un enemigo declarado de la Iglesia y de su nación. Sin embargo, y ante el vacío que preveian, Batasuna, los comunistas, la Conferencia Episcopal y el propio Uriarte se ocuparon en fletar decenas de autobuses desde las Herriko Tabernas de toda Euskadi. También acudieron miles de sarasas y desviadas, comunistas enarbolando sus banderas y, cómo no, toda la caterva de insidiosos enemigos de la Iglesia: allí estaban Jon Sobrino, que voló expresamente desde El Salvador para el acto, Pagola, Castillo, Tamayo... ¡hasta a Puente-Ojea se le vio comulgando! ¡Qué vergüenza!

Solo unos cuantos palentinos, obligados a situarse en un lateral sombrío de la catedral, con las banderas españolas y el himno de cristo Rey, se atrevieron a denunciar la injusticia, ante los insultos de todos aquellos que habían venido de fuera y la vigilancia de los efectivos de la Guardia Revolucionaria, armada hasta los dientes.

El buen Munilla, a pesar de todo, felicitó a Uriarte y le ofreció humildemente su ayuda, si es que la necesitaba.
En una librería situada a la sombra de la catedral palentina, se retiraron del escaparate los libros de aquel buen papa Ratzinger por miedo a las represalias de Uriarte y sus seguidores.
A partir de ese día, los cristianos volvieron a las catacumbas.

Más información, aquí.

5 comentarios:

Maria C dijo...

Espectacular!!sigo sosteniendo que perdes el tiempo deberias escribir .Pero volviendo al tema creo que seria bueno en el fondo que volvieramos a las catacumbas,puede que alli se retome el sentido real de lo que es Cristianismo.Un beso

Dizdira Zalakain dijo...

Muchas gracias,. A veces ver la realidad del revés ayuda a apreciarla mejor..
No estaría mal la idea de las catacumbas, si todavía las hubiera. Ahora el mundo entero es una catacumba.
Un beso.

bLuEs dijo...

A ver en qué acaba todo. Nosotros tuvimos que aguantar al elemento que escribe aquí. No provocó un cisma pero ya se ve que son del mismo palo y, cada uno a su manera, hacen un buen daño.

Si desde que a mediados del siglo pasado la Iglesia católica se ha separado todavía más del sentimiento popular debido al tema de los anticonceptivos, la brecha no parece que vaya en otra dirección que la de agrandarse.

Saludos

Jose Luis Forneo dijo...

si le das la vuelta a la realidad es igual de triste...y seguro que los que no ven los triste que es tampoco lo ven al darla la vuelta.

Dizdira Zalakain dijo...

Blues:

Según lo que dice el obispo jubilado del link, Munilla es como Jesucristo, un mártir del sistema, y los curas guipuzcoanos -se deja entrever- como esos fariseos y saduceos prosistema que andaban todo el día pinchándole hasta que lo mandaron a la cruz.
Vamos, que sin saberlo yo a este señor obispo ya se le había ocurrido la idea de contar las cosas del revés.

José Luis:

Lo de poner las cosas cabeza a abajo para comprenderlas mejor a mí me parece un recurso muy didáctico y muy marxista. De hecho, en tu penúltimo post sobre Víctor Manuel y la SGAE se pone en funcionamiento un recurso parecido: ¿qué pasaría si Teddy Bautista fuese albañil o jardinero en vez de ...mmm.. ejem... "músico"?
El poder de la ideología es tal que no solo los explotados, sino también los explotadores creen que la situación de injusticia es natural y que nada se puede hacer por cambiarla.
Pero sí te doy la razón en que aquí hay que decir como en el Evangelio, "El que tenga oídos que escuche". Hay quienes no necesitan a la ideología para vivir con las orejas tapadas: sencillamente no tienen o no quieren tener oídos para según qué mensajes.

Un saludo a ambos.